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Lecciones de desperdicio de tenencia: caso Ciudad de México
Calculamos que si el cobro de la tenencia se generalizara y consolidara con racionalidad y bajo principios de justicia fiscal, se podrían ‘lograr’ 79 mil millones de pesos adicionales, que aliviarían las finanzas de los estados.
Por Mariana Campos y Jorge Cano
30 de diciembre, 2021
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La falta de independencia fiscal es uno de los factores que mejor explican la debilidad financiera de las entidades federativas. En promedio, por sí mismos sólo obtienen el 10.6% de sus ingresos totales, que incluyen las transferencias de recursos que les hace la Federación. Desde México Evalúa acabamos de publicar un estudio que es un llamado a recuperar la capacidad recaudatoria de los estados, a través de un impuesto con gran potencial: la tenencia. Calculamos que si su cobro se generalizara y consolidara con racionalidad y bajo principios de justicia fiscal, se podrían ‘lograr’ 79 mil millones de pesos adicionales, que aliviarían las finanzas de los estados.

En el estudio revisamos el ‘estatus’ de la tenencia en cada uno de los estados. Y algo llamó poderosamente nuestra atención en Ciudad de México.

Es innegable que muchos automovilistas prefieren emplacar sus autos en el Estado de México o Morelos para evitar el pago de la tenencia en CDMX. No obstante, la culpa por la menor recaudación de este impuesto también recae en las autoridades capitalinas, las cuales han reducido sus esfuerzos por cobrar por los autos que ahí tienen registrados. La CDMX debe dejar los pretextos a un lado y ponerse a trabajar. Aquí explicamos por qué.

Anteriormente el parque vehicular de la capital era el más grande del país. Entre 1995 y 2011 –cuando la Federación se encargaba de cobrar la tenencia– promedió 2.9 millones de autos, pero entre los años 2012 y 2019 –cuando la tenencia pasó a manos de los estados– promedió 5.2 millones, un aumento de 79% o 2.3 millones más.

Por su parte, en el mismo lapso de tiempo el Estado de México pasó de tener el tercer mayor parque vehicular, con 1.6 millones, a tener la mayor cantidad de autos en el país, con 6.2 millones, un aumento de 265% o 4.5 millones de vehículos. Morelos no se quedó atrás: su incremento fue de 133% –porcentaje superior al de CDMX– o 360 mil autos más.

En otros estados conurbados como Puebla, el parque vehicular creció 95% o 693 mil autos; en Hidalgo crecieron 60% o 322 mil unidades, y en Tlaxcala el aumento fue de 233% o 306 mil vehículos. En los tres estados está vigente la tenencia, pero hay esquemas de subsidios o condonaciones.

En efecto, el parque vehicular de varios estados, como el Estado de México, Morelos, Tlaxcala y aledaños ha crecido más que el de Ciudad de México en porcentaje, lo que es un indicio de que algunos capitalinos se van a esas entidades a emplacar. Sin embargo, ¿basta esto para explicar la menor recaudación de impuestos vehiculares de la capital?, ¿pueden las autoridades echar toda la culpa de la pérdida de ingresos a sus vecinos? La respuesta es NO. Ciudad de México no puede quedarse cruzada de brazos, tiene que repensar su régimen de tenencia. Demasiadas necesidades hay en la capital como para dejarla pasar; allí está, por ejemplo, la urgencia de dar mantenimiento al Sistema de Transporte Colectivo Metro.

Qué tan grande es el desaprovechamiento

Para empezar, el total de ingresos vehiculares –tenencia, refrendo y otros derechos– cayeron en 1% u 88 millones de pesos en Ciudad de México en los periodos ya mencionados, a pesar de que su parque vehicular aumentó casi 80% o la no despreciable cantidad de 2.3 millones, el segundo mayor incremento en monto registrado a nivel nacional, después del Estado de México. Es decir, pudo aumentar más si su base recaudatoria no se hubiera erosionado, pero de todos modos creció bastante.

En cambio, el Estado de México aumentó su recaudación en 175% o 5.8 mil millones de pesos. ¡Ojo! Esta tasa es menor a la tasa de crecimiento de su parque vehicular. Aun así, aprovechó bastante bien la mayor cantidad de autos para recaudar más. En el caso de Morelos, que dejó de cobrar tenencia, su recaudación, como era de esperarse, cayó en 22%, lo que equivale a 95 millones menos.

Ahora, si analizamos la recaudación por vehículo la historia es más clara: Ciudad de México ha reducido sus esfuerzos por fiscalizar los autos que tiene registrados. De 1995 a 2011 se cobraban en promedio 3,308 pesos de impuestos por auto, pero el periodo 2012 a 2019 –cuando la tenencia ha estado en manos de los estados– el promedio pasó a 1,780 pesos: una caída de 46% o 1,528 pesos.

La evidencia es muy clara: la capital ha recortado sus esfuerzos de cobrar impuestos vehiculares casi a la mitad. ¿Es legítimo entonces que culpe a sus vecinos de su menor recaudación?

El Estado de México tampoco destaca por su esfuerzo en fiscalizar, pero lo ha hecho tan mal como la capital. En el mismo periodo, su recaudación por vehículo pasó de 2,187 pesos a 1,487 pesos, una reducción de 32% o 700 pesos menos.

En el caso de Morelos es casi nulo el esfuerzo: su recaudación por auto cayó 68% o 1,080 pesos. También resalta Tlaxcala, que a pesar de tener un buen aumento de su parque vehicular, redujo su cobro de impuestos por auto en 73.5% o 985 pesos. Hidalgo no lo hizo tan mal, sólo perdió 15% o 101 pesos por auto, mientras que Puebla ha sido de los pocos estados ganadores, con un crecimiento de 1.9% o 35 pesos, aunque eso a causa de un mayor cobro de refrendo.

En nuestro estudio, que llamamos Ingresos vehiculares y tenencia: hacia el fortalecimiento de la independencia fiscal local, estimamos que si CDMX cobrase la tenencia a los niveles por vehículo previos a 2012, tendría 12.6 mil millones más que en 2019, incluso con autos que no se emplacan en la entidad. Pero creemos que la recaudación para la capital podría ser incluso mayor, si su Gobierno pone manos a la obra. Un par de ideas:

  • Consensuar esquemas coordinados a nivel metropolitano con el Estado de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala e Hidalgo, para el cobro de impuestos vehiculares y evitar la evasión mediante el emplacamiento en otras entidades. A cambio, recomendamos establecer proyectos de inversión en conjunto, donde los estados se beneficien como mejoras en infraestructura, seguridad pública, medio ambiente, suministro de agua, entre muchos otros.
  • En el peor de los casos, CDMX tiene la autoridad para establecer que los carros no emplacados en la entidad paguen en la entidad el costo que implica su circulación –policías, vías, semáforos y el uso del espacio tan escaso en las calles de la gran metrópoli–.

El estancamiento de ingresos de los estados y las mayores necesidades de la población ya no permiten que las entidades compitan entre ellas para ver quien cobra menos impuestos. Es necesario dejar atrás las rencillas políticas entre gobiernos de los estados y dar un giro completo hacia una coordinación fiscal, para mejorar el cobro y gasto de los recursos públicos.

Sufrimos servicios públicos insuficientes y de mala calidad, mientras las autoridades no hacen el trabajo –el más incómodo, ni hablar–, de cobrar impuestos, hacer rendir el dinero transformándolo en bienestar ciudadano y, finalmente, rendir cuentas de lo cobrado.

¿Pero acaso ser Gobierno no se trata de eso?

* Mariana Campos es coordinadora del programa de Gasto Público en México Evalúa y Jorge Cano es investigador en dicho programa.

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