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Lo que México Evalúa
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la op... México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la operación gubernamental a través de la elaboración de estudios especializados y el desarrollo de indicadores que sirvan para transparentar, evaluar y comparar acciones de gobierno. En México Evalúa tenemos vocación por la incidencia. Buscamos proveer a la sociedad mexicana de parámetros para evaluar al gobierno; y nos interesa ofrecer al Congreso y a los tomadores de decisión ideas y propuestas para mejorar su función en la elaboración de mejores políticas públicas. (Leer más)
Los delitos desapercibidos
Entre 2003 y 2013, la tasa de averiguaciones previas por robos sin violencia ha crecido en 23%, de manera similar al 24% de aumento que se registró en las averiguaciones previas por homicidio doloso. En el mismo periodo, si consideramos en conjunto las modalidades con y sin violencia, las averiguaciones previas por robos a casa habitación, a negocio y de vehículos han aumentado más del 10%.
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
18 de agosto, 2014
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Por: Leonel Fernández Novelo (@leoxnv)

Desde hace años, los reflectores se han volcado en el problema de la alta tasa de homicidios que padece México, como fue el caso hace unos días, cuando el INEGI publicó las últimas estadísticas sobre muertes por homicidio. Mientras tanto, otros delitos, calificados de “menor” impacto, parecen pasar desapercibidos.

Sin embargo, en los últimos 10 años, la tasa de incidencia del total de los robos ha aumentado en 13.87% y parece que no nos dimos cuenta. De hecho la incidencia de estos delitos en su modalidad sin violencia se ha comportado de manera muy similar a la de los homicidios dolosos: entre 2003 y 2013, la tasa de averiguaciones previas por robos sin violencia ha crecido en 23%, de manera similar al 24% de aumento que se registró en las averiguaciones previas por homicidio doloso. En el mismo periodo, si consideramos en conjunto las modalidades con y sin violencia, las averiguaciones previas por robos a casa habitación, a negocio y de vehículos han aumentado más del 10% (Cuadro 1).

cuadro 1

Por supuesto, el impacto, el miedo y el daño que generan homicidios y robos no son comparables. Pero mientras el crecimiento de los primeros captó la atención, incluso a nivel internacional, y obligó al Estado mexicano a tomar cartas en el asunto, delitos como el robo a casa habitación, a transeúnte, a negocios, o de vehículos no han merecido una reflexión de envergadura ni mucho menos la implementación de una estrategia focalizada.

Si bien en México Evalúa estamos de acuerdo en que la prioridad del gobierno mexicano debe ser intentar prevenir y resolver los delitos que violentan la vida, la integridad humana y la libertad, también creemos que no se deben desatender los delitos que atacan otra parte fundamental de la vida de las personas: su propiedad y su economía. La importancia de su oportuna atención radica en que el costo por las pérdidas de este tipo de delitos es muy alto, como lo demuestra la Encuesta de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) del INEGI de 2013.

De acuerdo a esta encuesta, el costo total de las pérdidas a consecuencia del delito en 2012 ascendió a $160 mil 2 millones de pesos. De este monto, el 95.2% corresponde a perdidas directas, mientras el resto a gastos a consecuencia de daños a la salud. Como lo podemos apreciar en la gráfica 1, el robo total de vehículo es el delito que mayor costo económico genera en la población mexicana al representar el 19% de esas pérdidas. Le siguen el secuestro y los delitos sexuales en conjunto con el 18%, el robo en la calle o transporte público con 14%, así como el robo en casa habitación y el fraude con 13% cada uno. De hecho, en su conjunto, los robos representan el 55% del costo total del delito, es decir unos $88 mil millones de pesos, equivalentes al 0.7% del PIB de 2012.

grafico 1

Precisamente por el gran daño económico que generan los robos, se deben diseñar políticas públicas y acciones que sean eficaces para prevenirlos y reducirlos. Para lograrlo es muy importante que los ciudadanos y las autoridades entendamos que no existe tal cosa como “la inseguridad” en general, sino que cada delito se comporta de manera distinta, responde a factores criminológicos de acuerdo al contexto local y genera efectos muy diferentes en la vida, la economía y la tranquilidad de las personas.

De hecho, el primer paso es entender las diferencias fundamentales que existen entre conceptos clave como el tipo de robo que se comete —a transeúnte, en casa habitación, de vehículos— y la forma de ejecución, es decir, si el robo se realizó con o sin violencia.

La importancia de entender la distinción entre cada tipo de robo radica en que no es lo mismo ser víctima de un robo de cartera en el metro que experimentar un robo a casa habitación, independientemente del nivel de violencia que se utilice. El robo a casa habitación no sólo puede generar pérdidas más significativas en términos económicos, sino que puede provocar mayores sensación de vulnerabilidad y percepción de inseguridad al resultar violentado uno de los espacios más íntimos de las personas.

Así como los efectos de cada tipo de robo son distintos, las estrategias para prevenir y combatirlos también deben serlo. Una estrategia para reducir “el robo” en general puede resultar insuficientemente específica, y por lo tanto ineficaz, ya que cada tipo de robo tiene una prevalencia distinta. Por ejemplo, estrategias como aumentar la iluminación en las calles aledañas a las paradas de transporte público pueden tener distintos efectos en cada tipo de robo. Es muy probable que este tipo de acciones contribuya a reducir el índice de robos a transeúnte, pero no será muy efectivo para disminuir los robos a casa habitación. En cambio, una estrategia de policía comunitaria con vecinos vigilantes podrá ayudar a reducir en primer lugar los robos a casa habitación y en menor medida los robos de vehículos o a transeúntes en la zona.

Por otro lado, cada caso de robo puede haberse cometido con o sin violencia. Aunque esta distinción es válida para entender el tipo de inseguridad de una comunidad, no parece tan útil para el diseño de políticas públicas, ya que el robo con violencia engloba todos los robos cometidos con algún grado de violencia, aunque sean muy distintos entre sí, como el robo de una cartera o el robo en una casa habitación.

Por lo tanto, las estrategias que tienen como objetivo disminuir el robo con violencia sin especificar a qué tipo de robo se refieren pueden ser ineficaces y sus resultados muy difíciles de medir. Un ejemplo de ello es la afirmación hecha por el alcalde de Torreón, Miguel Riquelme, de que en su municipio ya trabajan para disminuir el robo con violencia. De hecho, cuando se propone como meta disminuir sólo los robos violentos en lugar de atacar el problema por el tipo de delito, se puede estar atacando parte del problema y no su raíz.

De hecho, creer que la existencia de violencia medida a partir de tasas altas de homicidios en los estados equivale a decir que existe inseguridad en general es un error.

Como lo demuestra la gráfica 2, los estados en los que existen tasas altas de homicidio suelen tener tasas relativamente bajas de otros robos. De la misma forma, aquéllos que tienen tasas altas de robos, no se encuentran dentro de los primeros lugares por homicidio. Incluso, el uso de la violencia en los robos no parece ser determinante en la relación que existe entre estos delitos y los homicidios: la incidencia de robos con violencia y sin violencia es similar en la mayoría de los Estados, independientemente de la cantidad de homicidios que éstos registran.

grafico 2

Lo anterior refuerza el argumento según el cual las estrategias de combate a los robos deben ser diseñadas, con base en el análisis de la prevalencia de cada tipo de estos delitos y no por su uso de violencia. Las autoridades estatales y locales deben identificar cuál es el tipo de delito que causa mayor problema en su comunidad y diseñar políticas específicas para atacarlo.

Si bien es lógico que a nivel nacional el problema del homicidio haya sido objeto de una estrategia federal, llama la atención que algunos estados parezcan haber desatendido la prevención y el combate a los robos. Por ejemplo, Baja California Sur tiene una tasa de 1,368 robos sin violencia por 100 mil habitantes y es el segundo lugar nacional por este delito, mientras que ocupa el lugar 25 por homicidios dolosos con una tasa de 7.9 por 100 mil habitantes. Por su parte, Tabasco es el segundo lugar nacional por robo con violencia con una tasa de 405 por 100 mil habitantes y ocupa el lugar 28 por homicidio doloso al reportar 5.9 casos de este delito por cada 100 mil habitantes. Tales tasas de incidencia merecerían atención especial. Si nuestras autoridades locales no reaccionan, es tiempo de exigirles que hagan un diagnóstico serio de la prevalencia de robos y propongan políticas públicas eficaces para reducirla.

 

 

* Leonel Fernández Novelo es investigador del programa de Seguridad y Justicia de México Evalúa. El autor agradece los valiosos comentarios y aportaciones de Laurence Patin, Coordinadora de Comunicación y Desarrollo Institucional para el desarrollo de este texto.

 

 

 

La ENVIPE no incluye el delito de homicidio en el cálculo de los costos.

Debido al bajo reporte de estos delitos, el diseño muestral de la ENVIPE no permite estimar sus costos por separado.

De acuerdo a la Norma Técnica para la Clasificación Nacional de Delitos del Fuero Común para Fines Estadísticos del INEGI, existen dos atributos para clasificar la información sobre delitos del fuero común: el bien jurídico, que se divide en dos componentes, el bien jurídico afectado y el tipo de delito, y las características del delito que también se dividen en dos componentes, la forma de ejecución y la geografía.

Todos los robos afectan el bien jurídico del patrimonio (a diferencia, por ejemplo, del bien jurídico de la vida y la integridad corporal), pero difieren en el tipo de delito al que se refieren. Algunos de estos tipos son robo a casa habitación, a transeúnte en vía pública o en espacio abierto, en transporte público individual o colectivo, de vehículo, a negocio.

Dentro de la forma de ejecución, los delitos se clasifican por la forma de comisión, forma de acción, la modalidad y los elementos para la comisión. La forma de comisión se refiere a la intención, es decir, si el delito fue doloso o culposo; la forma de acción clasifica a los delitos de acuerdo al empleo de violencia o no; la modalidad se refiere a las circunstancias que acompañaron al delito, es decir, si fue simple, atenuado, calificado; finalmente dentro de los elementos para la comisión se define el tipo de arma que fue utilizada. Dado que el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública no reporta más que la forma de acción, nos centramos en esta variable.

 

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