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Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
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México y EE.UU: entre el estado obeso y el mercado despiadado
Las elecciones presidenciales que tuvieron lugar en México y Estados Unidos este año, implicaron no sólo la elección de un candidato de algún partido u otro, sino la apuesta de los ciudadanos por el cambio (en el caso de México) y la continuidad (en el caso de EE.UU.) de una forma de gobernar y de manejar al país.
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
9 de noviembre, 2012
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Por: Mariana García

 

Las elecciones presidenciales que tuvieron lugar en México y  Estados Unidos este año, implicaron no sólo la elección de un candidato de algún partido u otro, sino la apuesta de los ciudadanos por el cambio (en el caso de México) y la continuidad (en el caso de EE.UU.) de una forma de gobernar y de manejar al país. Quizás en nuestro país el tema de la estrategia de seguridad fue clave al momento de decidir por otra opción política, quizás para los estadounidenses el asegurarse vivir en un país de libertades y derechos para todos fue una variable de peso para refrendar el mandato del Presidente.

En ambos países, el otorgamiento de beneficios sociales para paliar los efectos de la crisis económica y el aseguramiento de una mejor calidad de vida fueron elementos clave al momento de hacer campaña política y a la hora de decidir el voto, sobre todo en dos sociedades que se caracterizan por su, cada vez más acentuada, desigualdad económica. En el reporte Divided We Stand: Why Inequality Keeps Rising (2011), México y Estados Unidos son los dos países de la OCDE con mayores incrementos en la desigualdad del ingreso de 1980 a la primer década de 2000 (medido a través del Coeficiente de Gini).

En México, las promesas de campaña ligadas a la ampliación de programas sociales, el otorgamiento de beneficios y la creación de nuevos sistemas de apoyo a la población fueron, en gran parte, los detonadores del voto hacia alguna opción política. El estudio La geografía electoral de 2012, elaborado en una iniciativa conjunta México Evalúa-UCSD-Stanford, demuestra que, contrario a lo esperado, los más pobres del país prefirieron votar por el PAN antes que por el PRI o el PRD (salvo en los estados donde el gobierna PRI), refrendando los beneficios de programas sociales que han tenido algún efecto sobre su bienestar como Oportunidades y Seguro Popular.

Asimismo, muchas de las promesas de campaña del presidente electo estuvieron ligadas a la implementación de nuevas políticas públicas, la continuidad a los programas exitosos de las administraciones panistas y la extensión de beneficios a sectores vulnerables tales como: incrementar en 50% el presupuesto de Oportunidades, creación del Seguro de Vida para jefas de familia, Seguro de Desempleo Temporal, vales de medicinas para garantizar el abasto de medicamentos en IMSS, ISSSTE y Seguro Popular, entre otros. En este análisis, México Evalúa estimó el costo presupuestal de cada compromiso adquirido por Enrique Peña Nieto cuando estuvo en campaña.

Si bien México ha recorrido un largo camino desde aquellos programas de superación de la pobreza discrecionales ligados a preferencias partidistas como Pronasol, existe todavía un reto importante en mejorar la focalización de los programas sociales a la población que más los necesita. En un estudio de México Evalúa sobre el Gasto en Equidad, afirma que 60% del gasto destinado a combatir la desigualdad se concentra en los grupos de mayores ingresos. Algunos subsidios como el del empleo o el de las gasolinas, son más regresivos (favorecen a los más ricos) que la distribución del ingreso privado.

Gráfica. Coeficientes de concentración del gasto destinado a combatir la desigualdad en México

En el caso de las elecciones de Estados Unidos, uno de los temas más divisivos en el voto fue enfatizar los beneficios de la reforma al sistema de salud aprobada en 2010 por el gobierno de Barack Obama y de un gobierno que ha defendido a la clase media por encima de los grandes intereses corporativos por parte de los demócratas. Y por el lado de los republicanos, el discurso de Mitt Romney al respecto se centró en señalar los riesgos de un país cada vez más dependiente del gobierno y de los subsidios, alejándose cada vez más del modelo emblemático del “self-made-man” estadounidense (un emprendedor, un hombre que se hace a sí mismo) que toma las responsabilidad sobre su propia vida y trabaja para conseguirlo.

El Índice de Dependencia en el Gobierno de la Fundación Heritage señala que 70.5% del gasto federal se destina a programas de dependencia (vivienda, salud, bienestar social, retiro, educación y programas agrícolas y rurales). El Índice da un salto importante entre 2008-2010 producto de los programas destinados a paliar los efectos de la recesión económica. La principal preocupación derivada de este análisis es -además del incremento en el costo fiscal que esto implica para años futuros cuando los baby-boomers comiencen a retirarse- la generalización de una cultura donde los ciudadanos se sientan con “derecho” a recibir beneficios del gobierno (entitlemet) sin que ello implique la obligación de pagar o contribuir para el goce de los mismos.

Gráfica. El Índice de Dependencia en el Gobierno en EE.UU. dio un salto de 8.1 % en un solo año (2009 a 2010)

Los gobiernos del mundo tienen entre sus principales misiones asegurar que los ciudadanos tengan acceso a bienes y servicios públicos básicos así como a satisfactores mínimos de calidad de vida. En economías donde el mercado busca la eficiencia, es labor de los gobiernos asegurar la equidad. El Estado no puede obviar su misión compensadora entre población y entre regiones. Sin embargo, la única forma de sostener estados de bienestar cada vez más generosos es a través del cobro de impuestos o por medio de endeudamiento.

En este sentido, es importante que los Presidentes electos en México y Estados Unidos, hagan explícito a la población la forma en qué piensan financiar la universalización de derechos sociales, la creación de nuevos programas de apoyo y el sostenimiento de un estado de bienestar más dadivoso. Después de la experiencia de los estados benefactores europeos, vale la pena preguntarse hasta dónde esos modelos son sostenibles y viables en el largo plazo, sin reformas fiscales y presupuestarias de gran envergadura.

Es cierto que queremos sociedades más equitativas, pero también ciudadanos más responsables de su destino con herramientas para salir de las condiciones de vulnerabilidad por su propia cuenta. Los estados-nación alrededor del mundo están buscando un equilibrio entre el Estado obeso y el mercado despiadado. Ni México, ni Estados Unidos quedarán al margen de este debate de política económica en los próximos años.

*Mariana García, investigadora de México Evalúa.

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