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Pemex, en las antípodas de la transición energética
En su Plan de Negocios para 2021-2025, Pemex admite que procesar el crudo en sus refinerías durante los primeros dos años del gobierno actual la ha convertido en una empresa más contaminante. Esto es, reconoce que contaminó 19.43% más que en los dos últimos años del gobierno anterior; en específico, que ha emitido más óxidos de azufre, que son gases que provocan enfermedades respiratorias como bronquitis o reacciones asmáticas.
Por María Fernanda Ballesteros y Ana Lilia Moreno
15 de abril, 2021
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De cara a la emergencia por el calentamiento global, el mundo se encuentra en una transición tecnológica, económica y política hacia un futuro con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, los principales causantes de dicho calentamiento. Las empresas petroleras son actores clave en esta transición, y deberán planear estratégicamente cuál será su futuro.

En las últimas semanas ha trascendido que varias de las principales empresas petroleras han comenzado a planear y ejecutar cambios para adaptarse a una transición energética. Las primeras en anunciar medidas fueron las gigantes internacionales (International Oil Companies, o IOC). Ya desde antes de que estallara la pandemia –que no ha hecho otra cosa que acelerar estos proceso de cambio– las IOC reconocían que los retos que enfrentarían por la transición energética serían un tema prioritario, e incluso empresas como Shell ya se empezaban a diversificar hacia el sector de las renovables, con la adquisición de proyectos eólicos y solares en 2019. El desafío: transitar hacia un modelo de negocios energético, y ya no meramente petrolero.

De acuerdo con la calificadora Fitch, las empresas de hidrocarburos que ya llevan tiempo adaptando sus modelos comerciales a las exigencias planteadas por la transición enfrentarán menos desafíos a largo plazo; estos incluyen la presión de los mercados financieros para condicionar los términos de capitalización o de deuda a la adopción de estándares de sostenibilidad cada vez más claros y homologados.

Shell, Eni y Repsol se encuentran entre las IOC que se han comprometido a alcanzar emisiones netas cero para 2050. Otra muy relevante, BP, difundió que después de uno de los peores periodos en su historia a causa de la covid-19, le queda más clara que nunca la urgencia de prepararse para una era de energías limpias. La nueva estrategia de la empresa incluye un aumento en su inversión en tecnologías bajas en carbón, impulsar la generación de energías renovables y reducir su producción de petróleo y gas en 40% para la próxima década.

Las empresas estatales o NOC (National Oil Companies) tardaron un poco más en reaccionar. Existía escepticismo en torno a las de los países árabes, pero incluso los gobiernos en esa región han reconocido la necesidad de adaptarse y la importancia de poner atención en el gobierno y transparencia corporativos, a efecto de clarificar las expectativas de los roles políticos y económicos que jugarán en un contexto mundial diferente.

Otra de las empresas estatales que ha dado la nota en Latinoamérica es Ecopetrol, la petrolera estatal más grande de Colombia, que parece alejarse de su operación principal de hidrocarburos, pues recientemente presentó una oferta de 4 mil millones de dólares para adquirir Grupo Isa, la compañía de transmisión de electricidad más grande de América Latina.

Sin embargo, no todas las empresas están actuando conforme a esta realidad. Por desgracia, Pemex es un ejemplo. La política energética del presidente López Obrador ha llevado a nuestra empresa petrolera al lado opuesto. El Plan de negocios de Petróleos Mexicanos (Pemex), publicado recientemente, parece que responde a tiempos distintos de los que marcan la pauta para el resto del mundo.

Pemex y el fantasma de la sustentabilidad

En el Plan de Negocios de Pemex para 2021-2025 no se vislumbra una estrategia clara en materia de cambio climático, que incluya una ruta hacia una transición energética. Por el contrario, el tema se encuentra abandonado, y la estrategia se alinea más bien con los esfuerzos de la actual administración federal para reducir al mínimo las importaciones de combustibles líquidos, y con el impulso a la producción de combustible en refinerías que no cuentan con tecnología adecuada para capturar los gases y partículas contaminantes que emiten.

El Plan, en materia de desarrollo sostenible, narra buenas intenciones pero publica magros resultados. Pemex afirma sumarse al compromiso de contribuir al cumplimiento de metas en materia ambiental asumidas en la Agenda 2030, y presenta como el mayor logro ambiental de los años recientes el haber reducido el uso de agua de primer uso en un 14.8%. Es decir, Pemex afirma que ha logrado reemplazar el suministro de agua de fuentes naturales por agua reutilizada, en ese porcentaje. Sin embargo, en su segmento de negocios de refinación podemos observar para el periodo 2015-2020 apenas un ligero aumento de 4% en el reúso de agua en sus refinerías (de aquí en adelante mostraremos los datos graficados tal cual publicó Pemex en su Plan).

Fuente: Pemex (2021) Plan de Negocios 2021-2025. Pág. 79.

 

En ese mismo documento Pemex admite que procesar el crudo en sus refinerías durante los primeros dos años de gobierno actual la ha convertido en una empresa más contaminante. Esto es, reconoce que contaminó 19.43% más que en los dos últimos años del gobierno anterior; en específico, que ha emitido más óxidos de azufre, que son gases que provocan enfermedades respiratorias como bronquitis o reacciones asmáticas.

Fuente: Pemex (2021) Plan de Negocios 2021-2025. Pág. 83.

De paso, Pemex jnforma de un aumento en sus ‘pasivos ambientales’ –es decir, sitios o lugares en donde opera que exhiben una posible afectación ambiental– equivalente a 11.6%, entre 2018 y 2019. Y aunque Pemex afirma que dicho incremento se debe a aumentos en la producción, la Auditoría Superior de la Federación, en su revisión de la Cuenta Pública 2018, señaló que las fallas operacionales, los eventos meteorológicos, las tomas clandestinas y los actos vandálicos constituyen las principales causas de afectación de sitios contaminados, en los cuales Pemex tiene la obligación de realizar actividades que subsanen o remedien los daños al medio ambiente y a las comunidades.

Fuente: Pemex (2021) Plan de Negocios 2021-2025. Pág. 84.

Todos estos datos Pemex los presenta al tiempo que afirma estar comprometido con los programas y objetivos para combatir el cambio climático. Claramente las cifras nos dicen que el tema está muy ausente de su planeación estratégica. Con base en una solicitud de información, pudimos confirmar que la ocasión más reciente en que el Consejo de Administración dedicó tiempo al cambio climático fue en 2017, durante la sesión 916 ordinaria, cuando autorizó incluir un indicador de impacto ambiental en las Políticas y Lineamientos para la Gestión de la Licencia Social para Operar1.

De acuerdo con los informes de sustentabilidad de la empresa para el periodo 2014-2017, desde 2014 ya había avanzado en el diseño y la puesta en marcha de un Plan de Acción Climática. Los documentos confirman que Pemex reconocía la importancia de la cooperación y participación activa y coordinada del sector petróleo y gas para cumplir con la meta de limitar el aumento de la temperatura promedio global en 2°C, uno de los acuerdos suscritos en la Conferencia de las Partes (COP21) en diciembre de 2015. En 2016 presentó su Estrategia Ambiental 2016-2020, que consolidaba las principales directrices y líneas de acción a través de proyectos, tecnologías y el uso de instrumentos financieros.

Sin embargo, las exigencias que el cambio climático plantea ahora ponen en evidencia que Pemex no sólo va rezagada, sino que camina en el sentido contrario. En 2016, por ejemplo, Pemex estableció una meta de reducción de emisiones de CO2eq para 2021 cercana a las 15 millones de toneladas. Para el 2020, Pemex reportó emisiones por 63.7 millones de toneladas de estos gases2 en sus refinerías, o sea, 4.2 veces mayor a la meta planteada cinco años atrás.

Fuente: Pemex (2021) Plan de Negocios 2021-2025. Pág. 82.

Y todo ¿para qué?

Parece que la ansiada autarquía nacional en combustibles saldrá muy cara a los mexicanos. En términos financieros, al cierre de 2020 Pemex Transformación Industrial (Pemex TRI), la subsidiaria responsable de las seis refinerías del país, generó pérdidas a nivel bruto equivalentes a 24% de sus ventas; y en términos ambientales, todo indica que se dispararán los daños al medio ambiente y a la salud de la población, causados por los importantes incrementos en emisiones y partículas contaminantes, lo mismo que las cifras de muertes prematuras por dichas causas.

Con todo y estos resultados el gobierno sigue apostando por el mismo camino ignorando los riesgos que implica seguir invirtiendo en actividades petroleras, sin considerar la forma en que Pemex debe adaptarse a la transición. Por ello, más grave de esta falta de adaptación a un entorno de transición energética es que ninguna de las entidades que representan al Estado como dueño de Pemex parecen llamarlo a cuentas. Es decir, no hay vigilante que le indique un cambio de rumbo; por el contrario, el gobierno parece estar haciendo un esfuerzo vigoroso por sabotear los compromisos ya adquiridos por el Estado mexicano, relacionados con la transición energética, y por tratar de revivir al Pemex de hace 50 años.

Algunos ejemplos de decisiones recientes que muestran la falta de brújula en la estrategia energética de este gobierno son el incremento del presupuesto de la empresa productiva y la propuesta de reformas a la Ley de Hidrocarburos, las cuales cierran la puerta a la competencia y encarecen aún más el bajo potencial de la actividad petrolera. (Sobre el asunto presupuestal, resulta elocuente que el Congreso le haya aprobado a Pemex un billón de pesos para gasto total en 2021, pero sólo 2.6 mil millones, o el 0.26% del gasto total, se disponen para la partida llamada “entorno ecológico”. ¿Otra comparación? Esa partida representa el 5.7% de la refinería de Dos Bocas.)

La defensa de nuestros derechos

Para las empresas de petróleo y gas, contar con estrategias y líneas de acción para la protección ambiental es no sólo un imperativo ético, sino también una buena decisión de negocios. Desde que inició esta administración, que se ha centrado en apoyar y querer fortalecer a Pemex, en México Evalúa hemos insistido en que se le debe dar una genuina nueva cara a nuestra empresa productiva. A Pemex se le puede y debe fortalecer con mejores prácticas de gobierno corporativo, y con una estrategia hacia la transición energética.

El Consejo de Administración de Pemex debería considerar seriamente incluir la agenda climática en sus actividades rutinarias, y presentar un diagnóstico que mida los costos y beneficios para la empresa productiva de continuar contribuyendo a una política energética fundamentada en los hidrocarburos.

En términos de generación valor, la adopción de estrategias responsables con el medio ambiente sería favorable a ojos de los inversionistas en los mercados financieros, que cada vez premian más con su confianza a iniciativas sustentables. Ante la falta de contrapesos en la gobernanza de Pemex, otra vía posible es que los diferentes actores interesados (stakeholders) alcen la voz y se organicen en favor de la defensa de sus derechos. En México, todos –consumidores, ciudadanos, contratistas, inversionistas, socios comerciales, comunidades, asociaciones civiles, universidades– estamos a un grado de distancia de Pemex, tan sólo porque consumimos sus productos o porque respiramos sus emisiones contaminantes. Por ello, tenemos interés y debemos exigir a Pemex una mayor rendición de cuentas hacia la transición energética. Nosotros, los ciudadanos, somos los dueños últimos de Pemex, exijamos a la petrolera más responsabilidad.

* María Fernanda Ballesteros es coordinadora del programa de Competencia económica de México Evalúa. Ana Lilia Moreno es investigadora de dicho programa.

 

 

1 Solicitud de información vía transparencia con folio 1857200321620.

2 El CO2 absorbe la radiación y evita que el calor escape de la atmósfera; su exceso es lo que produce el calentamiento global. Además, el vapor de agua, el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O), los clorofluorocarbonos (CFC) y el ozono troposférico (O3) son gases que provocan este efecto. Todos juntos conforman los conocidos gases de efecto invernadero. Para calcular la huella de carbono, utilizamos el CO2 equivalente (tCO2eq), una unidad de medida en toneladas que calcula la emisión de dichos gases.

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