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Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la op... México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la operación gubernamental a través de la elaboración de estudios especializados y el desarrollo de indicadores que sirvan para transparentar, evaluar y comparar acciones de gobierno. En México Evalúa tenemos vocación por la incidencia. Buscamos proveer a la sociedad mexicana de parámetros para evaluar al gobierno; y nos interesa ofrecer al Congreso y a los tomadores de decisión ideas y propuestas para mejorar su función en la elaboración de mejores políticas públicas. (Leer más)
¿Por qué sientes que tu ciudad es insegura?
Por medio de los datos que obtenemos con las encuestas de victimización es factible identificar los factores que tienen más peso en nuestra valoración de riesgo, y esto puede ser un valioso recurso para construir contextos más seguros para la población.
Por David Ramírez de Garay y Maximilian Holst
21 de febrero, 2020
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La percepción de inseguridad que mide el INEGI suele ser material explosivo en el centro de una sociedad altamente polarizada y acosada por la violencia. Sin embargo, es subutilizada como instrumento de política pública. ¿Cuál es su potencial? Empecemos por entender cómo opera.

La forma en que percibimos la inseguridad en nuestra vida diaria influye en nuestro día a día. Si supiste de un asalto ocurrido en un bajopuente camino a tu casa, evitarás pasar por allí. Si te han robado en el transporte público, seguramente viajarás con lo mínimo indispensable o incluso comprarás un celular falso para entregárselo a los asaltantes. Todos tenemos una idea de qué tan seguros son los espacios donde nos movemos y modificamos nuestro comportamiento para evitar convertirnos en víctimas.

La percepción importa y hemos encontrado formas de cuantificarla y darle seguimiento. El Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) ha desarrollado las principales fuentes sobre el tema: la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) y la Encuesta Nacional de Victimización de Empresas (ENVE).

Estos recursos nos permiten evaluar el trabajo del gobierno en turno. Medios y ciudadanía usamos la incidencia delictiva y la percepción de inseguridad como indicadores del éxito o del fracaso de las políticas que están llevando a cabo los representantes que elegimos por medio del voto.

Los indicadores de percepción también tendrían que ser de gran utilidad para los gobiernos, pero la realidad es que los emplean más como una medición de popularidad que como un recurso para diseñar políticas públicas con mayor impacto.

¿Cómo se mide una sensación?

Eso que llamamos “inseguridad” es una moneda de dos caras: una objetiva y otra subjetiva. La cara objetiva es la que se alimenta de datos como el número de carpetas de investigación que abren las fiscalías o las procuradurías, el número de muertes con presunción de homicidio o el registro de lesiones por arma blanca; es decir, registros que nos informan si ocurren más o menos eventos –que pueden constituir un delito– en un tiempo determinado. Cuando ese número aumenta, inferimos que hay más inseguridad.

La cara subjetiva es aquella que construimos individual y colectivamente a partir de la percepción que tenemos de la inseguridad en nuestro entorno y de los eventos (delictivos) que nos hacen sentir más o menos vulnerables. Ésta es una diferencia importante, porque es nuestra lectura del “hecho” –un asalto– la que afecta nuestra sensación de seguridad. Un ejemplo: tener conocimiento de que ocurren continuamente asaltos en la esquina de nuestra casa nos hace sentir más inseguros que enterarnos por el periódico sobre el incremento anual de los asaltos en el país. De ahí que la percepción de inseguridad dependa no sólo de cambios en los indicadores (objetivos), sino de la valoración subjetiva que les damos, a partir de su cercanía con nuestro entorno.

Específicamente, el indicador de percepción de inseguridad captura la cara subjetiva. Esta faceta es relevante porque implica percepción de riesgo. Es decir, nos sentimos inseguros porque estimamos que estamos en riesgo de ser victimizados. ¿Qué hace que cambiemos nuestra valoración de riesgo?

Dos son las principales formas en que nuestro cálculo de riesgo puede cambiar. En primer lugar está la experiencia directa de victimización. Es decir, identificarás más riesgo de sufrir un delito si ya has sido víctima. En segundo lugar tenemos la experiencia indirecta, donde el riesgo depende de la información que tengas sobre un evento criminal; ésta se alimenta por la información que obtienes de los medios de comunicación y por otras fuentes como, amigos, colegas, familiares, etc. Mientras más “reportes” te lleguen sobre un delito, lo sentirás más cercano y tu valoración de riesgo se incrementará.

Hasta aquí nos queda claro que sentirnos inseguros es percibir riesgo, y éste se define por medio de nuestra experiencia directa y/o indirecta de victimización. Entonces ¿de qué nos sirve esto para mejorar la política pública? Por medio de los datos que obtenemos con las encuestas de victimización es factible identificar los factores que tienen más peso en nuestra valoración de riesgo, y esto puede ser un valioso recurso para construir contextos más seguros para la población.

Los delitos que más afectan nuestra percepción

Con el objetivo de entender mejor qué nos hace sentir en situación de mayor o menor riesgo, vamos a desmenuzar la ENSU, encuesta trimestral que incluye indicadores sobre percepción de inseguridad. Lo que nos interesa responder es simple: ¿qué delitos o conductas antisociales afectan nuestra percepción de riesgo? y ¿hay delitos que afectan nuestra percepción más que otros?

A partir de estas preguntas extrajimos los datos sobre percepción de inseguridad desde 2016 a 2019 para 76 ciudades1 del país (las más pobladas de cada estado), y con técnicas estadísticas analizamos qué factores pesan más en nuestra percepción.

El primer aspecto a considerar son los delitos y conductas antisociales que se incluyen en la ENSU: a los habitantes se les pregunta si han escuchado o han visto en los alrededores de sus viviendas actos de vandalismo, consumo de alcohol, robos o asaltos, pandillerismo, venta o consumo de drogas y disparos.

El análisis de estos comportamientos a lo largo de 16 ediciones de la encuesta sugiere que los factores que afectan considerablemente nuestra percepción de inseguridad son los robos o asaltos, los disparos frecuentes con armas de fuego y el consumo de alcohol en las calles.

Algunas de estas conductas se asocian naturalmente con delitos. Por ejemplo, cuando escuchas disparos con armas de fuego, lo sueles asociar con un tiroteo entre criminales y la policía –o entre bandas criminales–, lo cual te genera sentimientos de inseguridad y miedo. En el caso de consumo de alcohol en las calles, es posible que temas a que un sujeto intoxicado quiera abusar de ti –sobre todo si eres mujer– o que quieran iniciar en una riña que desemboque en una lesión o incluso un homicidio.

Por otro lado, también resulta interesante analizar cuáles delitos –denunciados y que, tras diversos filtros burocráticos, terminan convirtiéndose en una carpeta de investigación– afectan más la percepción de inseguridad de los ciudadanos.

Para esta parte del análisis consideramos un amplio abanico de delitos, y se fueron excluyendo aquéllos que no mostraban efecto alguno sobre la percepción. Los resultados muestran que los delitos de homicidio doloso, los feminicidios y el robo de vehículos tienen efectos significativos sobre la percepción de inseguridad en las ciudades.

Más allá de sorprendernos que estos tres delitos afecten de manera importante nuestra percepción de la inseguridad, el hallazgo más llamativo de este análisis es que la percepción de inseguridad se ve afectada hasta cuatro veces más por un feminicidio que por un homicidio doloso.

Y bueno, ¿qué hacemos con esta información?

Detectar qué factores hacen que los ciudadanos nos sintamos inseguros al percibir un mayor riesgo de ser victimizados es clave para la política de seguridad.

Escuchar disparos en la cercanía de nuestro domicilio no implica victimización, pero sí implica proximidad con eventos que representan riesgos importantes y que generan temor entre los ciudadanos. Los contextos urbanos donde se dan estos eventos no se imponen de la noche a la mañana. Factores como el consumo de alcohol, los robos o asaltos los disparos son factores de riesgo que se asocian con la inseguridad. Los gobiernos locales tienen que intervenir y ofrecer mecanismos de mediación de conflictos, instaurar esquemas de justicia cívica y a tender a jóvenes con mayores probabilidades de estar involucrados en conductas violentas.

Por otro lado, los homicidios y feminicidios tienen efectos sobre la percepción de inseguridad porque vienen acompañados de historias de impunidad. Las omisiones de nuestro sistema de justicia nos hacen sentir muy vulnerables. Muchas voces se han expresado a favor de mejorar la implementación y la procuración de justicia a través de procesos estratégicos, transparentes y bien ejecutados. Nuestros gobernantes harían bien en atender esas demandas y no en seguir defendiendo el incremento de las penas como una forma de garantizar justicia.

Cuando nos sentimos en riesgo cambiamos nuestras conductas. Nos adaptamos al cambio y seguimos adelante, pero con un costo. Creemos que si ajustamos la perspectiva e identificamos los delitos que nos hacen sentir más vulnerables y comenzamos a atenderlos desde la mirada de los ciudadanos, podremos crear comunidades más libres y cohesionadas. Solidarias. Sanas. Democráticas. Ojalá que los tomadores de decisiones pronto se den cuenta de esta posibilidad.

 

 

1 La ENSU reporta estadísticas y datos a nivel ciudad. Sin embargo, en zonas metropolitanas particulares, como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, se incluye información de los distintos municipios que componen las zonas metropolitanas. Para la Ciudad de México, el desglose por alcaldía ocurre a partir de 2019 y por ello se emplearon las 4 regiones de la ciudad definidas como en las versiones anteriores de la ENSU.

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