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Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la op... México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la operación gubernamental a través de la elaboración de estudios especializados y el desarrollo de indicadores que sirvan para transparentar, evaluar y comparar acciones de gobierno. En México Evalúa tenemos vocación por la incidencia. Buscamos proveer a la sociedad mexicana de parámetros para evaluar al gobierno; y nos interesa ofrecer al Congreso y a los tomadores de decisión ideas y propuestas para mejorar su función en la elaboración de mejores políticas públicas. (Leer más)
Reforma policial: cuando el enemigo está adentro
Asumir la responsabilidad de la debilidad institucional y dejar de atribuir la culpa a las circunstancias es un paso indispensable que pueden dar nuestros mandatarios hacia una reforma policial exitosa.
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
21 de mayo, 2015
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Por: Layda Negrete (@LaydaNegrete) y Leslie Solís (@Leslie_fs)

Muchos creen que las principales presiones que imposibilitan fortalecer la capacidad policial en México residen en factores fuera de las fronteras institucionales de las propias policías. En particular, el propio presidente Enrique Peña Nieto ha defendido la idea de que la existencia de corrupción, como forma de obtener beneficios personales a través del servicio público, responde a factores culturales difíciles de alterar. De forma similar, se considera que la violencia extrema de los delitos en algunos municipios o la capacidad que tiene la delincuencia organizada para cooptar a policías en activo hacen imposible reformar a la policía. Esta visión fatalista es la que, en parte, inspiró la investigación oficial sobre el caso Ayotzinapa, la cual parecía decir, al referirse a las fuerzas de seguridad: “Eran nuestros niños buenos, pero los perdimos a las fuerzas obscuras del narco. No había nada que hacer, la responsabilidad no era del Estado”.

Nada más equivocado. Los principales problemas de las instituciones de seguridad no son exógenos. Al contrario, los principales obstáculos a la mejora en el servicio apuntan a cuestiones de diseño organizacional. Así las cosas, antes de echarle la culpa a alguien o a algo fuera de las policías, nos parece mucho más importante atender a la forma en que se reclutan, capacitan, premian y castigan a los elementos de la policía, así como consideramos esencial monitorear con qué sensatez se administran los recursos materiales en seguridad pública. En otras palabras, el enemigo está en casa: son las propias cabezas de estas instituciones y, más aún los gobernantes que los designaron, quienes han sido incapaces, en la mayoría de los casos, de entablar una reforma de gestión a la altura del contexto que demanda el país. Asumir la responsabilidad de la debilidad institucional y dejar de atribuir la culpa a las circunstancias es un paso indispensable que pueden dar nuestros mandatarios hacia una reforma policial exitosa.

A principios del mes de mayo de 2015 facilitamos una sesión en el Diplomado sobre Derechos Humanos y el Uso de la Fuerza en la Actuación de los Cuerpos de Seguridad, organizado por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF). La mayoría de los asistentes eran miembros de diferentes cuerpos policiales y de seguridad pública: policía federal, policía de la Secretaría de Seguridad Pública del DF, policía de investigación (PGJDF), personal del sistema penitenciario, así como personal de la propia CDHDF. La discusión que se suscitó en la sesión de cuatro horas nos animó a escribir este texto.

[contextly_sidebar id=”Ju7k46K9zVtv0Wybyr0yXNZpS7h1KqTK”]La información vertida en este artículo proviene de una encuesta que los cerca de 70 asistentes llenaron a petición nuestra y de manera anónima, así como de dinámicas llamadas “departamento de quejas” y “fábrica de soluciones”. En dichas actividades pudimos constatar que, de acuerdo con los participantes, algunos de los principales obstáculos para desempeñar su tarea de forma adecuada es la falta de claridad sobre los pasos a seguir para lograr un ascenso, un horario laboral muy demandante sin la adecuada remuneración económica, además de falta de reconocimiento o apoyo psicológico, jurídico e incluso médico. De igual manera, especificaron que los protocolos de actuación no son suficientes en casos en los que las personas detenidas opongan resistencia y recurran a la violencia física, por lo que es necesario e importante delimitar las actividades de todos los que intervienen en el proceso. Quienes integran las fuerzas de seguridad también se enfrentan a carencias básicas como la falta de equipo —tanto de protección como tecnológico. Finalmente, otro problema común se refiere a la corrupción dentro de las instituciones, entre lo que se incluye la existencia de mandos o tomadores de decisiones sin la capacitación adecuada puesto que llegaron a su puesto meramente por “dedazo”[1].

A continuación profundizaremos sobre algunas de estas cuestiones.

Horarios de trabajo: el agotamiento de la fuerza policial

Los horarios de trabajo de un policía están diseñados para garantizar su agotamiento. En la encuesta, los asistentes al curso reportaron sus horarios de labores. Entre la variedad de asistentes, sólo el 13% de ellos contestó tener un horario de ocho horas. El tipo de turno más frecuente entre el resto de los que llenaron la encuesta es un horario que exige 24 horas de trabajo continuo sin descanso y sin lugar donde dormir. Uno de nuestros encuestados reportó, incluso, trabajar 72 horas seguidas con descansos de 48.

HorariosDelosPolicías

Un tipo de horario muy cuestionable es uno usado en algunas procuradurías de justicia para administrar el trabajo de los policías ministeriales o de investigación; este horario obliga al personal a trabajar 24 horas, descansar las siguientes 24 y trabajar el tercer día 12 horas, para después volver a empezar el ciclo. A esta estructura de horario la conocen internamente por sus etapas como: la guardia, la franca y la imaginaria. El horario no sólo es desquiciante para quien quiere conservar una vida familiar, tener presencia materna por ejemplo, sino que además entorpece enormemente el trabajo de investigación mismo.

Creemos que los esquemas de horarios antes descritos son una receta para fracasar en el combate a la delincuencia. ¿Cómo es que se permiten horarios de trabajo extenuantes que en muchas ocasiones operan en contra de la propia eficiencia del servicio que les da razón de existir? ¿Cómo podemos esperar que el personal de las instituciones de seguridad pública pueda desempeñar un trabajo que demanda claridad de juicio si a toda hora está agotado? 

Falta de entrenamiento físico: una fuerza policial guanga

Tenemos una fuerza policial que no se ejercita físicamente. Nos alarmaron las anécdotas sobre el sedentarismo involuntario al que son sometidos nuestros policías. Por ejemplo, quedaba claro que sus horarios y dinámicas de trabajo hacen prácticamente imposible ejercitarse. Quien encabeza las instituciones policiales no parece concebir el ejercicio físico como algo que debe insertarse en horas de trabajo y por tanto no está de ninguna forma contemplado en su rutina diaria. Más aún, no tenemos evidencia de que existan gimnasios que sean accesibles en todos los sectores, como tampoco en las coordinaciones territoriales o en las oficinas de las instituciones. Como sugiere la perspectiva de los policías, las autoridades esperan que se ejerciten en sus “ratos libres”. ¿Ratos libres? “Estamos todos con diabetes, hipertensión, estresados, estamos llenos de cosas por nuestro trabajo y hasta creen que es una actividad recreativa hacer ejercicio”, expresó un policía en activo.

A la guerra sin fusil: el tema de la ausencia de capacitación policial

Curiosamente, por encima de preocupaciones sobre sueldo y prestaciones laborales, incluso por encima de quejas sobre falta de armas, cartuchos y otros recursos físicos, los policías asistentes al curso expresaron que la falta de capacitación era uno de los más graves problemas que encaran para realizar su trabajo. En las discusiones se estructuró una queja específica: les falta información y les falta formación de habilidades. Declararon necesitar capacitación sobre el aspecto práctico de cómo hacer su trabajo sin violentar los derechos humanos. También se quejaron de la ausencia de capacitación sobre las nuevas funciones que habrán de desempeñar en el contexto de la reforma del sistema de justicia penal de corte acusatorio —lo que le llaman juicios orales. Algunos de ellos, en el DF, reportaron haber recibido una capacitación de sólo una hora, a pesar de que los nuevos juicios ya operan para delitos menores, que son los delitos más frecuentes que atiende el sistema.

Se quejaron también de que la capacitación que reciben suele ser teórica y de poca aplicabilidad. Por la forma en que estaba planteado, el mismo curso donde esta discusión se estaba dando pecaba de ello. Hablamos de las estadísticas sobre maltrato policial a las personas detenidas, mostramos nuestros grandes números, pero poco había en nuestro discurso que fuese a ser utilizado directamente al día siguiente por alguno de ellos. Tal como lo expresó uno de los asistentes: “Me quedaron dudas sobre cómo usar la fuerza en la actuación de los integrantes de la policía cuando un detenido está en galeras y se pone violento”.

Finalmente, y para hacer eco al problema de los horarios extenuantes, los asistentes comentaron que “un entrenamiento debe de ser en un estado mental descansado”, o que se debe “mejorar los horarios para poder estar fresco para una capacitación”. Esto es lógico. Si llevas más de 40 horas cubriendo un turno, es poco realista esperar que estés completamente concentrado para asistir a un diplomado.

Conclusión

Atender el tema de horarios de trabajo, espacios y tiempo para ejercicio, capacitación, entre otros aspectos puramente administrativos, parece una tarea indispensable antes de ceder a la tentación de emprender labor legislativa de golpe de timón. Un ejemplo de esta labor legislativa de grandes dimensiones es la que propuso el Presidente tras la tragedia de Ayotzinapa y que llama a barrer a la totalidad de cuerpos de policías municipales en el país. Una política pública de este tipo parece ser una medida de último recurso y no se justifica si no existe un esfuerzo sistematizado para entender los retos más operativos que hoy enfrenta la policía.

 

* Layda Negrete es Coordinadora del Proyecto de Calidad de Justicia de México Evalúa, y Leslie Solís es Investigadora del Programa de Seguridad y Justicia.

 

 

[1] Como ha señalado la Dra. Elena Azaola en el documento Las debilidades de la fuerza pública de la Ciudad de México, es claro que existe una insatisfacción muy amplia entre la sociedad mexicana hacia los policías. Sin embargo, aunque es menos conocido o difundido, “entre los policías [también] existe una insatisfacción amplia y profunda respecto de su función”.

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