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Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
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Tras las paradojas de la democracia
Si observamos que por un lado los votantes están rechazando el desempeño de sus representantes, pero por el otro continúan votando a favor de éstos, ¿cómo podemos interpretar los avances y los retrocesos de cada una de las dimensiones de la representación democrática y la pluralidad?
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
5 de junio, 2015
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Por: Jonathan Furszyfer 

De acuerdo con varias casas encuestadoras, es posible que el Partido de la Revolución Institucional (PRI), pese a ser el partido político que más rechazo propicia entre los votantes, consiga la hazaña de ser el primer partido en mantener la mayoría en el Congreso de la Unión en una elección intermedia desde el año de 1997. Otra cuestión interesante recae en el desempeño de los viejos y nuevos partidos en los comicios estatales y, aún más, en los municipales, dada la posibilidad de reelección de éstos últimos a partir de la aprobación de la Reforma Político-Electoral. Entonces, si observamos que por un lado los votantes están rechazando el desempeño de sus representantes, pero por el otro continúan votando a favor de éstos, ¿cómo podemos interpretar los avances y los retrocesos de cada una de las dimensiones de la representación democrática y la pluralidad?

En los comicios electorales del 2015, el 41.5% de los alcaldes municipales del país (incluyendo a los jefes delegacionales del Distrito Federal) serán renovados por el voto ciudadano. Debido a los alcances políticos y sociales de las elecciones de este año, buscamos evaluar el poder del voto y la evolución democrática municipal mediante la construcción de un índice de competencia electoral (ICE), ya que en este nivel se encuentra la mayor variabilidad de demandas (preferencias ciudadanas) y ofertas políticas (propuestas partidistas).

De acuerdo con el politólogo Robert Dahl, la democracia “es un régimen en el que los gobernantes han sido seleccionados a través de elecciones competitivas”. Siguiendo esta definición, Adam Przeworski y otros teóricos de la democracia sugieren que “la competencia electoral ocurre cuando la oposición tiene una probabilidad de ganar a consecuencia de las elecciones”. Por consiguiente, las elecciones deben tener un elemento de incertidumbre (ex-ante), deben ser irreversibles (ex-post) y deben repetirse periódicamente.

La creciente competencia electoral es una faceta más de la transición democrática en México. Una mayor competitividad entre partidos sugiere que el electorado está ejerciendo su derecho a elegir los candidatos con base en las propuestas más sólidas y a premiar o castigar, a través de su voto, el desempeño de gobiernos salientes.

El ICE es una herramienta analítica e histórica que nos permite medir qué tan intensa ha sido la contienda electoral partidista en cada uno de los municipios de Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y Sonora. El ICE está compuesto por seis variables (alternancia histórica del municipio, alternancia acumulada del municipio y alternancia del estado en que se encuentra el municipio, número efectivo de partidos, margen de victoria y representación no-hegemónica) y oscila entre un rango de 0 a 6 puntos. Así pues, los municipios con una competencia electoral más intensa obtendrán una calificación de 6, mientras que aquellos con un valor cercano a 0 muestran una tendencia partidista de carácter hegemónico.

El ICE ofrece, entonces, una medida global e histórica que permite a la ciudadanía evaluar la trayectoria política y electoral de sus municipios. ¿Qué encontramos en nuestro análisis?

En primer lugar, el promedio del ICE en los 419 municipios que analizamos resultó en 4.08 puntos. En otras palabras, la gran mayoría de los municipios obtuvo cuatro de los seis posibles puntos de nuestro índice. Como podemos observar en la Figura 1, el promedio de los municipios michoacanos obtuvo la puntuación más alta (4.6), en Nuevo León obtuvieron una calificación media-baja (3.3) y en los municipios de Campeche (2.5) encontramos la calificación promedio más baja de las nueve entidades. Adicionalmente, se puede observar muy bien la distribución de las calificaciones de cada municipio geográficamente. En general, los municipios más competitivos se ubican en las capitales estatales –a excepción de Campeche y Colima– y en las zonas urbanas de cada entidad federativa.

En segundo lugar, prácticamente todos los municipios de nuestra muestra han experimentado al menos una alternancia. Incluso, 4 de cada 5 municipalidades han tenido tres o más transiciones partidistas desde 1988. A excepción de Colima y Campeche, el electorado de los seis estados restantes le ha otorgado a partidos políticos distintos al PRI la oportunidad de conducir los asuntos públicos de su entidad.

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En tercer lugar, encontramos que, en promedio, dos o más partidos políticos efectivos compiten por el control del gobierno municipal. Es decir, además del PRI, el Partido Acción Nacional (PAN) y/o el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y/o otros partidos han logrado insertarse efectivamente en la contienda electoral local. Asimismo, tanto el promedio histórico de margen de victoria como la presencia de partidos hegemónicos han disminuido desde el año 1988. Esto es, si bien hay partidos con una gran predominancia en varios municipios, la competencia entre los dos partidos más fuertes se ha ido incrementando con el paso de los años. En consecuencia, los votantes han comenzado a evaluar de manera más consistente no sólo las promesas de campaña de cada partido político, sino el desempeño de su gobierno.

En suma, las implicaciones democráticas derivadas de la alternancia y la competencia electoral sugieren que ningún partido político tiene garantizado su liderazgo a nivel municipal. Este hallazgo, sin lugar a dudas, implica que México ha transitado hacia la pluralidad. Sin embargo, a pesar de que el voto es un intercambio de información entre partidos políticos y ciudadanos, no queda claro de qué manera la competencia electoral incentiva a los gobiernos locales a desarrollar más bienestar y bienes públicos, en especial entre aquellos municipios donde la pobreza, la inseguridad y la escasez de servicios es notable.

Por ejemplo, en los últimos años, Guerrero y Michoacán han sido de las entidades federativas más profundamente lastimadas por la presencia y operación de organizaciones criminales que combaten entre sí y contra las fuerzas de seguridad locales y federales. En términos de homicidios, las dos entidades están por encima del promedio nacional y tienen un índice de marginación muy alto y alto, respectivamente (CONAPO, 2010). Ambos estados son vecinos, comparten la costa del Océano Pacífico y, hoy en día, están siendo dirigidos por gobernadores interinos, designados luego de la renuncia de sus predecesores.

No obstante, tanto Guerrero como Michoacán son dos de las nueve entidades federativas analizadas con el ICE más alto. Este hallazgo, dadas las condiciones mencionadas con anterioridad, implican una paradoja democrática: si bien la competencia electoral es feroz en ambas entidades, la corresponsabilidad entre gobernantes y ciudadanos es débil. En un sistema político ideal, los votantes eligen a sus gobernantes valorando su desempeño histórico, si su gestión tuvo un impacto positivo en el bienestar de los ciudadanos y si cumplieron sus promesas. En este sentido, en una arena política competitiva, los partidos que mejor realizaron su trabajo tendrán mayores probabilidades de ganar elecciones subsecuentes. En el caso de Guerrero y Michoacán, el electorado ha probado en varias ocasiones tanto partidos políticos sustitutos como promesas electorales diversas, sin observar cambios profundos en su bienestar –y, en los últimos meses, éstos han experimentado episodios de violencia y fragilidad institucional preocupantes.

En contraste, el estado de Nuevo León tiene altos niveles de desarrollo económico, un nivel de infraestructura elevado en comparación a otros estados, pero una calificación relativamente baja en términos de competencia electoral. A pesar de que dicha entidad experimentó niveles altos de alternancia partidista a mediados de la primera década del siglo XX, el electorado neolonés, después de probar la efectividad política entre el PAN y el PRI, ha conducido a sus representantes políticos a mejorar la situación política, económica y social de su entidad en los últimos años.

¿Qué podemos concluir de esta observación? Aunque los alcances de este análisis no permiten ahondar en las posibles hipótesis que resuelvan esta paradoja, podría asumirse que la transición democrática en Michoacán y Guerrero –caracterizada por la alternancia y la competencia electoral– ha aumentado los niveles de violencia, tras romperse las antiguas redes de patronazgo entre grupos organizados y gobiernos, al debilitarse el control social y al presentarse un gobierno sin experiencia política suficiente (Villarreal, 2002). En cambio, en el estado de Nuevo León, tras haber sufrido episodios de violencia extrema durante el sexenio 2006-2012, la criminalidad y los homicidios dolosos se han reducido notablemente a la vez que el desarrollo económico y social se han mantenido constantes.

Si bien el poder del voto es indispensable para mantener a la democracia, en ciertos casos éste realmente tiene un impacto positivo al vincular efectivamente las preferencias ciudadanas con el desempeño de sus gobiernos, mientras que en otras entidades la competencia electoral no ha podido encontrar un punto satisfactorio entre las demandas civiles y las ofertas de política pública por parte de las autoridades. Por consiguiente, la democracia no debe definirse únicamente a través de votos, sino en acciones concretas, plurales y representativas que le permitan desarrollarse bajo el respaldo de los votantes y, en consecuencia, de sus gobiernos.

Sin lugar a dudas, la transición democrática en México ha sido uno de los mayores logros que han conseguido los mexicanos. En este escenario, nuestra tarea es encontrar herramientas sólidas y con diagnósticos certeros que nos permitan evaluar el proceso de consolidación de la democracia, con la finalidad de descifrar sus logros, obstáculos y trayectorias.

En general, los resultados indican que, en promedio, la gran mayoría de los municipios de nuestra muestra cumplen con varios atributos de democracia, ya que han experimentado alternancia partidista y presentan una constante y reñida competencia electoral. Sin embargo, como hemos observado en Guerrero y Michoacán, la acción de ir a las urnas y la contienda electoral entre dos o más partidos no necesariamente se traducen en un sistema democrático sólido –debido a que la competencia electoral es una condición necesaria, pero no suficiente de la democracia.

A pesar de que el poder del voto es vital para mantener nuestra democracia, es fundamental que los partidos políticos cierren el intercambio de votos por un buen gobierno –entendido como aquél que lleve a cabo acciones sistemáticas para mejorar el bienestar de sus representados y con la capacidad de mantener el funcionamiento de las instituciones políticas locales. Pero como ya se ha comprobado en repetidas ocasiones, es improbable que éstos lo hagan por su propia voluntad. La única manera de obtener un cambio por parte de los partidos políticos es que nosotros, los votantes, nos volvamos ciudadanos. En otras palabras, nuestro deber no se termina en las urnas: tenemos que exigir a nuestros representantes rendición de cuentas, como también deberíamos de hacerlo en torno a la reciente decisión de la Secretaría de Educación Pública de cancelar la evaluación docente. Si los partidos políticos guían a los ciudadanos para ganar en las urnas, deberíamos usar la amenaza de las casillas electorales para exigir a los partidos. Solamente así podrá fortalecerse la corresponsabilidad política entre gobernantes y ciudadanos.

 

* Jonathan Furszyfer es investigador del Programa de Seguridad y Justicia de México Evalúa. El autor agradece los comentarios de Laurence Pantin y las gráficas y figuras de Miguel Cedillo.

 

 

Bibliografía

Dahl, Robert. 1956. A Preface to Democratic Theory. New Haven: Yale University Press.

Gandhi, Jennifer y Ellen Dust-Okar. 2009. “Elections Under Authoritanism.” Annual Review of Political Science 12:403-22.

Laakso, Markku y Rein Taagepera. 1979. “Effective Number of Parties: A Meassure With Application to West Europe.” Comparative Political Studies 12:3-27.

Magaloni, Beatriz. 2006. Voting for Autocracy: Hegemonic Party Survival and its Demise in Mexico. New York: Cambridge University Press.

México Evalúa. 2012. Indicadores de víctimas visibles e invisibles de homicidio. DF: México Evalúa | Centro de Análisis de Políticas Públicas.

Dell, Melissa. 2011. “Trafficking Networks and the Mexican Drug War.” American Economic Review (próximamente).

Przeworski, Adam. 2010. “Introduction.” En Adam Przeworski (ed.), Democracy and the Limits of Self-Government. New York: Cambridge University Press.

Villarreal, Andrés. 2002. “Political Competition and Violence in México: Hierarchical Social Control in Patronage Structures.” American Sociological Review 67(4): 477-98.

 

Nuestro estudio está restringido únicamente a las entidades federativas que tendrán elecciones para gobernador en el año 2015.

La alternancia es un elemento clave para la democracia (Przeworski et al., 2010), al mostrar cómo los votantes evalúan retrospectivamente los gobiernos anteriores y permiten a nuevos partidos conducir los asuntos políticos, sociales y económicos de su entorno. Consideramos que hubo “alternancia histórica” cuando un municipio dado transitó de un gobierno municipal priísta a uno de oposición.

La “alternancia acumulada” toma lugar cuando un municipio ha tenido tres o más cambios de poder durante el periodo de estudio (1988-2012), independientemente del partido político previo.

Consideramos que se dio una “alternancia estatal” en el momento en que una entidad federativa transitó de un gobierno estatal priísta a uno de oposición.

Para que haya competencia partidista, se deben tener, al menos, dos partidos políticos contendiendo por el voto de la ciudadanía (Ibid). El número efectivo de partidos (Laakso y Taagepera, 1979) identifica el número real de partidos en una elección determinada. Por ejemplo, si en una contienda participan ocho partidos políticos, pero uno sólo obtiene el 100% de los votos, entonces el resto de los partidos poco influyen en las preferencias del electorado. Por lo tanto, en este caso, consideramos la presencia de un partido único y se descarta la influencia y efectividad de los siete partidos adicionales.

El margen de victoria entre el primero y segundo lugar en una contienda debe constar de una diferencia menor al 10% de los votos, con la finalidad de asegurar que la elección no sólo es competitiva, sino que existen factores idiosincráticos en la selección de dichos partidos (Dell, 2011). En otras palabras, si el primer lugar obtuvo el 40% del total de los votos, mientras que el segundo lugar obtuvo el 35% (cuya diferencia es igual al 5%), consideramos que la contienda no sólo es competitiva, sino que las propuestas de los candidatos son distintivas.

Si el partido político que ganó un municipio determinado obtuvo más del 50% de los votos, entonces su presencia es hegemónica y con tintes monopólicos (Gandhi y Lust-Okar, 2009). En este sentido, una elección es no-hegemónica y por ende competitiva cuando el primer lugar obtuvo un porcentaje menor al 50% de la votación.

Cada una de estas variables es dicotómica (es decir, puede tomar únicamente valores iguales a 0 y 1). El ICE se obtiene al sumar el valor de cada una de las variables. Para mayor información sobre la metodología, puede consultar el Anexo metodológico en línea.

Inclusive, en coincidencia con el argumento anterior, encontramos que los gobiernos de coalición entre dos o más partidos a nivel municipal han crecido notablemente a partir del año 2000. En este sentido, los gobiernos de coalición son una estrategia para obtener un mayor número de votos ante la creciente competencia electoral.

Para Michoacán, ver esta infografía, y para Guerrero, aquí.

Si bien hasta ahora no hay reelección de alcaldes municipales en México, es posible suponer que el intercambio de batutas entre un gobierno local y el siguiente cuando son del mismo partido mantiene cierta continuidad.

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