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Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
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Una reforma policial basada en evidencia
Hasta el momento, la evidencia presentada para recomendar el establecimiento de mandos únicos estatales no es suficiente. Hasta que no haya un análisis más profundo y debate previo con expertos, organizaciones sociales y ciudadanos sobre las virtudes o defectos de la iniciativa, prefiero quedarme con esos pobres cuerpos policiales municipales, con su enorme complejidad, diversidad y presunta debilidad.
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
18 de diciembre, 2014
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Por: Alberto Díaz Cayeros (@diazcayeros)

La iniciativa de reforma de los cuerpos policiales del país presentada por el presidente Enrique Peña Nieto al Senado de la República fue diseñada al vapor, para responder a la crisis de confianza y legitimad que enfrenta el gobierno federal. Dicha iniciativa supone que el problema de fondo que atraviesa el país en torno a la inseguridad, la incapacidad y la infiltración policial radica en los cuerpos municipales. Sin embargo, no presenta ni una mínima dosis de evidencia que demuestre que las problemáticas que éstos enfrentan puedan ser mejor atendidas por fuerzas federales o estatales.

Otra deficiencia de esta visión, que ha venido asociándose desde el sexenio pasado con varias propuestas de “mando único”, es que no ofrece un diagnóstico diferenciado sobre la diversidad de experiencias que se están viviendo en los estados y municipios del país. No existe tampoco registro del porqué crecieron los cuerpos de policía municipal de manera tan acelerada y diversificada durante los noventa y en años recientes. Y peor aún, hasta hace muy poco no sabíamos cuántos policías operaban en el país.

En su iniciativa de reforma Constitucional, el presidente presenta solamente dos datos: a) que la ciudadanía confía menos en las policías municipales (39.2%) que en la Policía Federal (55%), la Marina y el Ejército, aunque convenientemente omite las cifras de confianza en policías estatales, y 2) que el avance de la certificación de policías es lento y dispar. En la presente nota se examina la evidencia existente, pero hasta ahora poco analizada, de estos dos planteamientos.

[contextly_sidebar id=”8EtePvZfb3wsuStPUTQj2u2fRKnkONzs”]En lo que concierne a la confianza ciudadana, la Encuesta Nacional de Victimización (ENVIPE) 2013, citada en la iniciativa de reforma, permite tener información estadísticamente significativa a nivel estatal y hacer comparativos de confianza entre corporaciones policiales. La métrica que se presenta en la gráfica 1 es el porcentaje neto de ciudadanos que confía (mucho y algo) en su policía, restándole el porcentaje que desconfía (mucho y algo). Si el número es positivo, nos permite saber que una mayoría confía en su policía. En el eje horizontal se presenta el grado de confianza ciudadana con respecto a los policías municipales y en el eje vertical, la confianza hacia los policías estatales. El tamaño de cada círculo refleja la gravedad del problema de inseguridad de cada estado, al dibujarse proporcionalmente a su tasa de homicidio doloso, según los datos de las procuradurías de cada entidad reportados hasta octubre 2014 en la base de datos del Secretariado Técnico del Sistema Nacional de Seguridad Pública[1].

gráfica 1

En la mayoría de estados, los ciudadanos desconfían tanto de sus policías municipales como de las estatales, salvo la honrosa excepción de Colima y otras entidades, donde las apreciaciones ciudadanas están divididas por mitad. Aunque los niveles de confianza en los cuerpos municipales son menores que los estatales, la diferencia no es muy grande. El hecho más notable de la gráfica 1 es la alineación de percepciones ciudadanas en una diagonal, lo cual indica que hay más diferencias de confianza neta en policías entre estados que entre cuerpos policiales al interior de cada entidad. En términos estadísticos, existe una alta correlación en la confianza ciudadana entre policías municipales y estatales. Esto implica que sustituir a policías municipales en Guerrero por un mando único estatal permitiría pasar de una desconfianza neta de 35 a una desconfianza neta de 10. Por lo tanto, el gran reto parece ser cómo conseguir policías más confiables, independientemente del nivel de gobierno que las controla.

Una objeción a esta línea de argumentación sería afirmar que los ciudadanos en realidad no saben qué tan confiable es su policía, sino que la gente juzga a su policía dependiendo de sus experiencias con la inseguridad, o más coloquialmente, de “cómo le va en la feria”. Pero es importante resaltar que los niveles de confianza no tienen una relación obvia con las tasas de homicidio doloso. Por ejemplo, los habitantes de Tabasco no confían en sus policías a pesar de tener bajos niveles de homicidio, semejantes a los de Querétaro. Sospecho que a partir de sus experiencias cotidianas con los cuerpos policiales de su entidad, los ciudadanos evalúan el nivel de protección y seguridad que éstos les ofrecen y esto determina el grado de confianza que les inspiran. Pero concedamos por un momento que el gobierno tuviera una forma más precisa y objetiva de medir la confianza que “deberían” inspirar los cuerpos policiales, también basada en evidencia. Un candidato natural es nada menos que el proceso de evaluación de control de confianza, que fue declarado terminado al 100% el pasado 7 de noviembre.

De acuerdo con la evidencia mostrada en la gráfica 2, si los policías reprueban los controles de confianza a nivel municipal también lo hacen a nivel estatal. Éstos indicadores de índole administrativo, sancionados por el propio gobierno federal, presentan mayores diferencias entre estados que entre cuerpos policiales de una entidad federativa. Como puede apreciarse, hay una bajísima aprobación del control de confianza en estados como Baja California Sur, Sinaloa y Veracruz. Y en otros casos, como Campeche, casi el 100 por ciento de los policías fueron aprobados.

gráfica 2

Como se aprecia en la gráfica 3, no parece existir una correlación obvia entre control administrativo de confianza y confianza ciudadana. Por un lado, hay lugares donde se presenta un alto grado de acuerdo entre ciudadanos y los administradores: por ejemplo, en Guerrero o Veracruz los dos indicadores coinciden en desconfiar de los cuerpos municipales, mientras que en Colima ambos indicadores sugieren que existe una policía que protege y sirve a los ciudadanos. Y por el otro, hay discrepancias enormes entre ambas mediciones, en casos como Baja California Sur con una aprobación ciudadana dividida (neto cercano a cero) pero muy bajo control de confianza; o el Estado de México, donde parece que los policías pasan su control de confianza pero los ciudadanos desconfían intensamente de ellos.

gráfica 3

Los riesgos de que surja una policía estatal o federal corrupta y tan penetrada por las mafias criminales como la de Iguala son reales. Es por ello que la carga de la prueba de las bondades de una policía con mando único le corresponde ofrecerla al gobierno federal. Como hemos visto en los datos analizados de la ENVIPE, y aunque haga falta todavía profundizar mucha más la investigación, los retos enfrentados por las policías municipales y su aparente desempeño son muy diferentes en cada entidad. Hasta el momento, la evidencia presentada para recomendar el establecimiento de mandos únicos estatales no es suficiente. Hasta que no haya un análisis más profundo y debate previo con expertos, organizaciones sociales y ciudadanos sobre las virtudes o defectos de la iniciativa, prefiero quedarme con esos pobres cuerpos municipales, con su enorme complejidad, diversidad y presunta debilidad. Mientras tanto, el Senado debería rechazar la propuesta, o en su caso, ofrecer enmiendas a la iniciativa presidencial, debidamente estudiadas, justificadas y debatidas en su seno.

 

* Alberto Díaz Cayeros es Investigador invitado de México Evalúa y Senior Fellow en el centro de desarrollo, democracia y estado de derecho en la universidad de Stanford. Se agradecen los comentarios y edición a esta nota por parte de Lorenzo Gómez-Morin Escalante y Laurence Pantin.

 

 

[1] Esto es el caso también en las gráficas 2 y 3.

 

 

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