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Lovahólicos Anónimos
Por Mayra Zepeda
Reportera y editora. ¿Los amores de su vida? La música y la literatura. Navega con agnosticismo... Reportera y editora. ¿Los amores de su vida? La música y la literatura. Navega con agnosticismo en cuestión de amores y asegura que “nada tiene por qué ser”. Romántica, sí, amargadita, también, pero sólo un poco. En Twitter la conocen como @marjirevontuli. Live and learn, como dicen los Cardigans. (Leer más)
La poligamia: El amor entre Sartre y Simone de Beauvoir
Por Mayra Zepeda
8 de octubre, 2011
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Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir.

Se conocieron en París en 1929. Ella tenía 21 años y él 24.

Simone de Beauvoir fue una niña solitaria, apegada a su padre, quien le enseñó el amor por los libros y el conocimiento; fue una chica que siempre sintió que tenía un cerebro de hombre en el cuerpo de una mujer.

Jean Paul Sartre siempre vivió como un niño consentido y ególatra hasta que se dio cuenta que el mundo de los adultos estaba lleno de pura farsa. Por una especie de complejo de inferioridad, este hombre buscó refugio en las mujeres, el alcohol, las drogas y la filosofía.

Así, con esas almas, la solitaria y el ególatra se convirtieron en una de las parejas más polémicas del siglo XX. El filósofo español Manuel Cruz explica el porqué: este par mitificó “su relación como paradigma de libertad y modelo de ruptura con las formas de vida burguesas tradicionales. Se trataron de usted durante más de 50 años, nunca vivieron juntos, se negaron a contraer matrimonio y tener hijos, y es conocida la liberalidad con la que ambos aceptaban que el otro miembro de la pareja mantuviera relaciones con terceras personas.”

Sí, esta pareja de filósofos franceses practicó la poligamia, es decir, mantuvieron relaciones sexuales con varias parejas mientras estaban juntos.

A más de 50 años de la polémica que desató la relación amorosa entre Sartre y Simone de Beauvoir, el tema de la poligamia sigue siendo espinoso.

Actualmente, uno de los defensores de la poligamia es el psicólogo Christopher Ryan, quien asegura que los seres humanos estamos “bioprogramados” para la poligamia, “para recibir y responder a estímulos sexuales de múltiples parejas”.

Sí, evolucionamos, pero “seguimos siendo primates y el polideseo nos mueve”, dice Ryan.

“Los humanos parecen ser los más sexuales de los primates, con penes y testículos más grandes que cualquiera de los otros primates y con estos últimos fuera del cuerpo, donde temperaturas más frías ayudan a preservar el esperma para poder tener múltiples eyaculaciones. La capacidad multiorgásmica de las mujeres y la llamada vocalización copulatoria femenina también sugieren que estamos hechos para la poligamia”, sostiene el psicólogo estadounidense.

Además, Ryan justifica la poligamia al argumentar que dos de las especies primates más cercanas a los humanos confirman esta idea: “Las chimpancés hembras en ovulación copulan docenas de veces al día con todos los machos posibles. Los bonobos –chimpancés pigmeos-, famosamente promiscuos, disfrutan comúnmente de sexo grupal, el cual sirve para limar asperezas en el tejido social”.

Sin embargo, la sociedad actual –occidental, al menos- no funciona de esta manera. De este lado del mundo se practica la monogamia, #dicen,  aunque Ryan opine que “los recién casados serían inteligentes si recordaran que aunque hayan escogido ser vegetarianos, es totalmente natural desear una hamburguesa con queso y tocino ocasionalmente”.

Suena sencillo, pero no lo es tanto. Regreso a la relación Sartre-Simone de Beauvoir.

Sartre y Simone.

Simone mantenía relaciones con hombres y mujeres. Sartre sólo con mujeres, y los dos, por ser profesores de instituto, se involucraban con [email protected] Pero ahí no está el problema.

¿Cómo le hacían estos franceses para sostener este tipo de vida? Sartre, por su parte, mantenía a muchas mujeres y hasta distribuía de manera perfecta el tiempo que pasaba con cada una. Por supuesto, ninguna sabía de la existencia de las demás, sólo su “Castor” (así le decía de cariño a Simone, por la semejanza de su apellido, Beauvoir, con la palabra beaver, castor en inglés).

En realidad, Sartre tenía un código: “viajes, poligamia, transparencia”. En su obra Carnéts, el filósofo francés explica que le dijo a Simone que “existían dos tipos de sexualidad: el amor necesario y los amores contingentes. Y Castor aceptó”. Simone era su amor necesario, las demás – Michelle, Arlette, Evelyne y Wanda-, eran los contingentes.

No obstante el acuerdo que los dos tenían (el de poder tener relaciones con las parejas que quisieran), nada fue tan fácil.

En La ceremonia de los adioses, Simone de Beauvoir describe los últimos años con Sartre, ese hombre con los ojos casi muertos, con una adicción terrible al alcohol, a las drogas…y a las mujeres.

Aunque esta pareja fue el símbolo del “amor libre” y la liberación sexual en los años sesenta y setenta, Simone de Beauvoir sí se sintió traicionada por Sartre, y más cuando éste “adoptó” a Arlette y la convirtió en la heredera universal de sus derechos literarios.

Sí, somos primates, pero somos primates que no están exentos de sentirse heridos y conflictuados con y por una relación polígama, a diferencia de los chimpancés y bonobos. Tal vez por ello la monogamia es más cómoda.

Ryan explica que la sociedad y la cultura –terapeutas y sacerdotes incluidos- han reprimido “nuestra energía libidinal”.

“En el fondo, la monogamia es una manifestación del autoritarismo posesivo, más que el resultado de un romanticismo idealista que apela a las necesidades emocionales, monogámicas, de las mujeres que buscan entregar su dote sexual a un hombre único, capaz de proveer para sus hijos, y por eso dicen NO a otros, porque sólo así obtienen la seguridad y los bienes materiales de este hombre”, dice el psicólogo.

La explicación de Ryan suena materialista porque relaciona el nacimiento de la monogamia con el nacimiento de las sociedades agrícolas, es decir, el auge de la propiedad privada. “Mis tierras, mis hijos, mi mujer”. Aquí es cuando la mujer “fue relegada a un rol secundario, a una posesión más dentro de la acumulación de bienes”, explica Ryan.

Simone de Beauvoir le confesó a uno de sus amantes, al estadounidense Nelson Algren, que su relación con Jean Paul Sartre “más que amor era una amistad íntima”.

¿Se puede ser verdaderamente polígamos sin sufrir raspones? Actualmente, no lo creo, pero ese es sólo mi punto de vista. Bienvenidos los suyos.

Hace un par de años, El Universal publicó este video sobre la poligamia y el poliamor:

Al verlo, descubrí el blog “La casa de los mil cuartos”, el proyecto que estos sujetos poliamorosos tienen: “Hablemos del amor con todas sus posibilidades; platiquemos del amor y el deseo con música, poesía y erotismo; construyamos un espacio donde se viva, conviva y sobreviva el poliamor. Somos locos y subversivos. Resignifiquemos al amor.”

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