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Luces de NY
Por Juan Alberto Vázquez
Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Broo... Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Brooklyn, donde cocina y cuida de sus hijos mientras su mujer trabaja. Sus vecinos lo llaman Mister mom. (Leer más)
El juicio del Chapo: hablemos de testigos
El Chapo Guzmán siempre fue muy temerario y lo vino a demostrar a los Estados Unidos, declarándose inocente y aceptando pelear contra la justicia norteamericana en su cancha y bajo sus propias reglas. Las apuestas se inclinan a que a estas alturas está completamente perdido sin posibilidad alguna de obtener otra sentencia que no sea la de cadena perpetua.
Por Juan Alberto Vázquez
25 de enero, 2019
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La tarde del jueves 24 de enero terminó el desfile de testigos protegidos que vinieron a declarar en contra de Joaquín Guzmán Loera, narcotraficante mexicano que es juzgado en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York. El Chapo es acusado de al menos diez delitos entre los que se hallan conspiración para introducir toneladas de droga a los Estados Unidos, el de liderar una organización criminal o la utilización de armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas, entre otros. En la siguiente sesión conoceremos a los testigos que presentará la defensa para intentar mantener a flote el barco del acusado a punto del naufragio.

Aunque aun faltan por testificar dos empleados del gobierno, hasta el momento se han presentado 54 testigos en 34 sesiones a lo largo de 10 semanas. Entre los declarantes hemos tenido agentes de la DEA y del FBI, expertos en lavado de dinero, agentes antidrogas de Ecuador, México y Estados Unidos, incluso expertos en espionaje y caligrafía. Del poco más de medio centenar, trece son criminales confesos purgando penas en alguna cárcel en los Estados Unidos y que, en su calidad de “protegidos”, han decidido colaborar con la justicia de este país en busca de abrir una rendija que acaso beneficie sus complicados procesos judiciales.

El Chapo Guzmán siempre fue muy temerario y lo vino a demostrar a los Estados Unidos, declarándose inocente y aceptando pelear contra la justicia norteamericana en su cancha y bajo sus propias reglas. Las apuestas se inclinan a que a estas alturas está completamente perdido sin posibilidad alguna de obtener otra sentencia que no sea la de cadena perpetua.

La fiscalía usó las pruebas y los testimonio de los testigos para ir tejiendo una red en la que, hasta el momento, está atrapado el famoso evasor que necesitará de un verdadero acto de escapismo tipo Las Vegas para salir de ésta. Y aunque muchos testimonios se antojaban inverosímiles y en algunos casos los testigos se evidenciaron como grandes mitómanos, poco importa a los empleados del gobierno que han fortalecido muy bien sus principales acusaciones.

La número uno es la de conspirar para trasladar toneladas de droga a los Estados Unidos. Para dicho señalamiento las pruebas han sido abrumadoras: fotos de cargamentos decomisados, videos de los túneles en las plazas fronterizas que gobernaba el Chapo, audios del acusado negociando envíos de cocaína desde Colombia o Ecuador, mensajes de texto en donde ordena la compra de toneladas de mariguana, imputaciones directas de otros narcotraficantes que en los recientes seis lustros han conspirado para comprar o vender droga del acusado, o explicaciones de cómo triangular los recursos ilícitos producto de la venta de estupefacientes. Han sido tantas las pruebas que se puede decir que éste es el eje del caso y la madre de todas las acusaciones.

Quizás la acusación, sobre todo mediática y no tanto judicial, que más se le ha desinflado a la fiscalía es la de que el Chapo Guzmán es el “mayor narcotraficante de todos los tiempos a nivel mundial”, como líder sempiterno y súperpoderoso del Cártel de Sinaloa. En algunos relatos hemos conocido a un Chapo sin los millonarios recursos que la Revista Forbes le achaca, pidiendo fiado para comprar mariguana o con faltantes para completar su abultada nómina. En otros alegatos lo vemos con un personaje siempre a salto de mata, huyendo de las autoridades, agazapado en sus escondites ya sea en el triángulo dorado, o en alguna ciudad sinaloense, sin que los supuestos sobornos millonarios sobre presidentes de la República, gobernadores, alcaldes, jefes de la policía, militares y procuradores de justicia surtan afecto para que ya por fin lo dejaran en paz.

Y no es que debamos dudar de los millones de dólares que en las más recientes décadas el Chapo, el Mayo y el Rey Zambada, Juan José Esparragoza Moreno, y demás líderes históricos del narco surgidos en Sinaloa, han repartido entre las más altas autoridades de este país a cambio de recibir protección y dejar que, sobre todo ese cártel, fuera el que más haya influido en el crecimiento de la delincuencia en el país y el continente. Empero, también cuenta el hecho que otros grupos criminales que se sentían desfavorecidos por esa protección dada al Cártel de Sinaloa igualmente pagaban cochupos a sus propios contactos en el gobierno para que corretearan al Chapo. Hay otra teoría que apunta a que la gran amistad con su compadre, Ismaél Zambada García, obedece más a que éste siempre vio al Chapo como un as bajo la manga al cual podría “entregar” en cualquier momento a las autoridades, a cambio de él seguir navegando en la impunidad.

Pero volviendo a los testigos contra el Chapo Guzmán, me atrevería a dividirlos en cuatro grupos: los enemigos, los aliados, los menores y los que han venido a noquearlo.

En el primer caso incluiría a los hermanos colombianos Jorge y Alex Cifuentes y a su compatriota Juan Carlos Ramirez “Chupeta”, quienes no parecen haber acabado en buenos términos con el Chapo y cuyo rencor salía a relucir cada que lo intentaban incriminar. Es el mismo caso de uno de sus primeros aliados, el mexicano Miguel Ángel Martínez y Martínez, alias el Gordo, y curiosamente también de Jesús “El Rey” Zambada, quien no parecía compartir la pleitesía por el Chapo que le profesaba su hermano “El Mayo”. Pues bien, a todos ellos se les notaba la prisa por incluir a Guzmán Loera en toda clase de delitos, pero a la defensa le bastó revisar las decenas de entrevistas previas que estos personajes tuvieron con la fiscalía desde que fueron extraditados a los Estados Unidos, para confrontarlos una y otra vez: “¿y por qué en sus declaraciones previas al gobierno de Estados Unidos (pudo haber sido el año 2004 o 2008 o 20012 o 2014, dependiendo del testigo), usted no mencionó al señor Guzmán como culpable de este crimen?”, escuchamos más de una vez en la corte de Brooklyn. Las respuestas de los personajes los evidenciaban: “No me acuerdo”, “entendió usted mal”, “quizás la fiscalía me malinterpretó en ese momento”. Por eso me atrevo a apostar que estas voces no tendrán mucho peso en la decisión del jurado.

Caso muy distinto es el de los amigos del Chapo quienes, muy a su pesar, han tenido que soltar la sopa, enfrentados al dilema de tener que decidir “o tu caso o el mío”. Vicente Zambada Niebla “El Vicentillo”, compadre de Joaquín; Lucero Guadalupe Sánchez, quien fue su amante del 2010 al 2015, pero sobre todo Dámaso López Nuñez “El Licenciado, su brazo derecho entre 2005 y 2015, quien testificó esta misma semana. Todos ellos, junto a la presentación de cartas, audios o videos, han mostrado una versión mucho más creíble del talante criminal del Chapo, atrapado en una violenta vorágine de enfrentar a rivales y autoridades con la fuerza de las armas y los sobornos. Es así como se ha generado esta imagen de que son sus propios exaliados quienes le están poniendo clavos al ataúd y echando paletadas de tierra a la tumba judicial en la que ya reposa el acusado.

Pero ningún argumento ha sido tan poderoso como el de dos personajes “claves” en la historia. El primero es el agente de la DEA, Víctor Vásquez, quien según su testimonio estuvo al frente del comando de la Marina Armada de México en un largo operativo en febrero del 2014, que inició en Baja California, pasó por Culiacán, y culminó en Mazatlán donde el Chapo fue detenido. Junto a sus respuestas, Víctor presentó videos de las casas de seguridad del Chapo con todo y túneles, intervenciones telefónicas y mensajes de texto que le ayudaron a compactar un relato completamente verosímil, coronado con su teatralidad y claridad de ideas al expresarse.

El otro testigo armado de un impecable razonamiento fue Christian Rodríguez, informático colombiano que instaló diversos sistemas de telecomunicación para El Chapo y sus aliados, pero que al ser capturado por la DEA comenzó a espiar y recabar información sobre decenas de criminales sin que ellos lo supieran. Fuero tan abrumadoras las pruebas, llamadas intervenidas, mensajes de texto copiados en los que el chapo habla de trasiego de drogas y ordena secuestros o asesinatos, que durante la participación de Cristian, acusado y defensores permanecieron mudos e inmóviles con poco que hacer ante lo devastador de las acusaciones.

Ya sin contar con el cierre magisterial de la fiscalía que decidió traer como último testigo al exmilitar Isaías Valdez Ríos, “Memín”, quien en su calidad de piloto y gatillero confesó haber presenciado cómo Joaquín Guzmán Loera asesinó él mismo a tres miembros de bandas rivales, los cuales ya habían sido brutalmente torturados por los sicarios del señor, ordenando quemar en una pila a dos de ellos y echando tierra sobre la tumba de otro que aún no emitía su último aliento.

Esa imagen de un Chapo salvaje, sanguinario e inhumano es la que tendrán los 18 miembros del jurado en el momento en que inicie la participación de los testigos de la defensa el lunes 28 en cuanto acaben sus declaraciones los dos empleados restantes.

A ver si ellos pueden hacer algo para reconstruir los pedazos de éste que ya parece un caso resuelto.

 

@juansinatra

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