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Luces de NY
Por Juan Alberto Vázquez
Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Broo... Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Brooklyn, donde cocina y cuida de sus hijos mientras su mujer trabaja. Sus vecinos lo llaman Mister mom. (Leer más)
El loco Raniere: lo que he visto en Brooklyn
Es probable que los socios mexicanos de Raniere no sean involucrados penalmente en nada, pero moralmente ya están tatuados de por vida con sus iniciales.
Por Juan Alberto Vázquez
25 de mayo, 2019
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Desde el pasado martes 7 de mayo del 2019 he ocupado un asiento en la fila de los visitantes en la sala del juez Nicholas Garaufis, en el piso cuatro de la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York. Asisto al juicio U.S.A. vs Keith Raniere, acusado de delitos como crimen organizado, trabajo forzoso, explotación sexual de un menor de edad, fraude electrónico y violaciones a las leyes federales de extorsión.

He conocido de cerca el perfil de un sujeto inescrupuloso, el neoyorquino Raniere, dotado de una inteligencia por encima del promedio, dirigiendo una empresa cuyo objetivo es brindar cursos de coaching, de autoayuda y empoderamiento femenino, encriptando ideas bajo la utópica y siempre conmovedora misión de “salvar al mundo”. Mister Keith patentó una fórmula que, según sus “cálculos matemáticos” revelaba que al planeta le quedaban si acaso 15 años de vida, por lo que era urgente embarcarse en la causa en la cual él sería el guía y redentor.

En tres semanas que lleva el proceso, comprobé que con esa flaca idea muy bien embozada, y él ya con un encantador disfraz de mesías, Raniere y su círculo cercano salieron a buscar mercados y muy pronto hallaron en Canadá y México incautos dispuestos a alimentar su quimera. Como salvar al mundo no debe ser una tarea sencilla, mucho menos austera, Raniere se rodeó primero de mujeres económicamente poderosas que, si tenían conflictos existenciales que las hicieran altamente manipulables, pues definitivamente cumplían con el perfil exigido por la gerencia. Nancy Salzman fue la primera con su hija Laureen acudiendo al llamado semanas después. Ya luego integraron a la rica heredera de la empresa Seagram’s, Claire Bronfman, quien fue la encargada de financiar las más alucinantes ocurrencias del líder. Ellas tres ya se declararon culpables, por cierto, dejando solo al cacique en el intento de probar su inocencia.

Me he dado cuenta de que Nexium pudo crear poderosos vínculos con México pues el falso gurú vendió la idea a gente de los altos círculos políticos y empresariales, como el tal Edgar Boom, quien atracó con la estafa en la Ciudad México y después la llevó a Monterrey, donde Emiliano Salinas Occeli, Cecilia Salinas Occeli y Alex Betancourt vieron en el proyecto de empaquetar humo y venderlo a los ricos de Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México, como una excelente oportunidad de negocio.

Me he dado cuenta que gracias al malinchismo que se respira en amplios sectores de la sociedad mexicana —que suelen reír y despreciar ideas similares incluso más sólidas venidas de chamanes en pueblos originarios de su país—, los retruécanos apocalípticos de Raniere, deslumbraron y encajaron entre cientos de ciudadanos que corrieron a enrolarse en los cursos dados por el dueto Raniere-Salzman a partir del 2008. “Lo mirábamos como un místico, la persona más inteligente del mundo que venía a invitarnos a una misión humanitaria a la cual se apuntaban las mejores familias, ¿Qué podía salir mal?”, dijo esta semana en Brooklyn la testigo mexicana Daniela, quien abandonó el barco de una prometedora existencia con una beca ya ganada en Suiza, para embarcarse en un internado con Nexium en Albany, Nueva York, que convirtió su vida en un infierno.

Ya sin la máscara del Jesucristo Superestrella región 4, he visto cómo las sentencias humanitarias de Keith Raniere en realidad maquillaban los torcidos deseos de un depredador sexual que, en cuanto pudo, comenzó a coleccionar amantes, a celarlas, a formarlas en círculos, a ponerlas a dieta y obligarlas a traer a más esclavas sexuales para su consumo exclusivo, orillándolas primero a entregarle “colaterales” (fotos o videos desnudas) para dejarlas entrar y luego usando eso mismo para evitar que lo abandonaran o acusaran, bajo la amenaza de que haría pública su intimidad.

He comprobado que la flaqueza de carácter y nula autoestima empujan a los individuos a abrazar la idea de liarse con sujetos perniciosos, falsos y muy listos como Raniere, que con la fórmula lavado de cerebro- humillaciones-presiones-chantaje, logró someter a gente del perfil de la actriz Allison Mack, India, hija de la actriz Catherine Oxenberg, y ni hablar de las mexicanas que formaron su círculo cercano, Daniela Padilla, Rosa Laura Junco, Loreta Garza, entre otras.

Con pena y algo de rabia, comprobé que las fantasías de empoderamiento femenino, coaching y autoayuda creadas por el falso gurú Raniere resultaron proféticas para personajes como los hijos del expresidente Carlos Salinas, Emiliano y Cecilia, que decidieron traerse las franquicias del mesías neoyorquino para ellos, a su vez, vender esos mantras sanadores del ego, bajo el título ESP (Executive Success Programas) que puestos en un manual y dichos en el salón de un hotel de cuatro estrellas, llegaban a costar 60 mil pesos en promedio, tarifa que muy pocos en México se pueden dar el lujo de costear.

Supe, abrumado por el asombro, que ni en México ni en ningún otro lado vender ideas huecas como originales es pecado o algún acto ilegal. Lo han hecho decenas de pregoneros a lo largo de la historia de la humanidad, pero en el caso de Nexium los aprendizajes resultaban tan básico que ante los manuales de Raniere, Mariano Osorio y Toño Esquinca parecen científicos de la NASA.

Y he mirado que, hasta el momento, ninguno de los apellidos de prosapia que en México se treparon al viaje del couching, han estado involucrados, hasta el momento, en alguno de los hechos por los que se acusa al líder, cuyo club de esclavas sexuales a las que marcaba sus iniciales en la cadera con una pluma eléctrica, era para su consumo interno y exclusivo. Tampoco significa que nada vaya a suceder. Por lo pronto el magnífico juez Garaufis ya dio entrada a unos correos donde supuestamente Emiliano Salinas presiona o chantajea a los rivales de Raniere, que insistieron en denunciarlo ante la indolencia del FBI y los jueces que conocieron el caso. De no ser por el New York Times que lo destapó en agosto del 2017, seguramente Raniere siguiera con sus prácticas y sus socios mexicanos dándose a la tarea de engañar más inocentes con dinero dispuestos a acercarse a Dios. Es probable que los socios mexicanos de Raniere no sean involucrados penalmente en nada, pero moralmente ya están tatuados de por vida con sus iniciales.

Ahora tenemos una bola de nieve bajando por la montaña y no sabemos hasta donde se va a detener. Junto a la corresponsal de Televisa y a una columnista de MILENIO, únicos testigos mexicanos siguiendo este asunto, ahí seguiré consumiendo el horrendo café del restaurante de la corte esperando que sea la hora de volver a entrar a las trágicas, pero no menos divertidas audiencias.

Compermisito.

@juansinatra

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