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Luces de NY
Por Juan Alberto Vázquez
Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Broo... Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Brooklyn, donde cocina y cuida de sus hijos mientras su mujer trabaja. Sus vecinos lo llaman Mister mom. (Leer más)
El Mayo
Algo de lo que está segura la defensa de Joaquín Guzmán Loera es que el Chapo le sirvió siempre al Mayo Zambada como un alfil al cual, de ser necesario, siempre se le podía sacrificar para él seguir operando.
Por Juan Alberto Vázquez
4 de febrero, 2019
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En la versión final de la acusación presentada el 23 de enero del 2019 por el fiscal Richard P. Donoghue al honorable juez Brian Cogan, en el caso United States versus Joaquín Archibaldo Guzmán Loera, se incluyen dos acusados: el ya mencionado e Ismael Zambada García.

En el desarrollo se explica cómo desde inicios de los ochenta Guzmán y Zambada pertenecieron al sindicato criminal conocido como La Federación, pero que a inicios de los dosmiles el Chapo y el Mayo formaron una asociación para transformar esa Federación en el Cártel de Sinaloa, que se convirtió “en la mayor organización de tráfico de drogas en el mundo”.

Joaquín e Ismael son socios, amigos y compadres y sus historias se han cruzado constantemente a lo largo de casi 40 años. Los unen muchas cosas aunque también los separa un alud de diferencias.

La más notoria es que a partir del supuesto inicio de actividades criminales comprobables, que la fiscalía estadounidense fecha en 1989 poco antes de que fuera detenido Miguel Ángel Félix Gallardo, hasta el 2014 cuando detuvieron por segunda ocasión al Chapo, éste ha permanecido preso por lo menos 10 años y hoy enfrenta un juicio cuyo sentencia apunta a que morirá en una cárcel de alta seguridad en Norteamérica.

El Mayo Zambada, pese a su condición de líder supremo de la organización, no ha pisado ni un segundo cárcel alguna. Lo anterior se puede explicar desde varios ángulos.

Es un hecho que, como el más digno representante de la vieja guardia, el Mayo se ajustó a las formas más tradicionales que debiera guardar un capo de su envergadura. Partidario de la paz y la negociación con otros líderes del narco, no parece dado a los reflectores y los lujos; tampoco se le conocen historias de mujeres en cada plaza, grandes francachelas o balaceras en las que haya tomado parte. A diferencia de su compa Chapo, el Mayo opera en la más sensata y apagada de las clandestinidades.

“Preferimos la forma de trabajar de usted”, le dijo el general Humberto Eduardo Antimo Miranda cuando fue a ofrecerle sus servicios al Mayo al saber que los hermanos Beltrán Leyva, los Carrillo Fuentes y una facción de los Zetas andaban tras de sus huesos, según relató su hijo Vicente Zambada Niebla, El Vicentillo, cuando se presentó a testificar a inicios de este año. Y permitiéndonos especular un poco, de haber triunfado el credo del Mayo en el cártel de Sinaloa, no se habrían desatado las sangrientas guerras fraternales entre ellos en contra de los Arellano Félix en los noventa, y los Carrillo Fuentes, los Beltrán Leyva y los Zetas a partir del 2005 y hasta la fecha. Al Mayo se le puede achacar muy poco de todo ese reguero de violencia y sangre, aunque dado el momento tuvo que elegir aliarse con el Chapo Guzmán Loera.

Otra explicación para su longeva impunidad es que a sus 68 años sigue vigente su legendario poder para corromper autoridades, hecho que aquí en la Corte Federal del distrito este de Nueva York vinieron a corroborar no el Chapo y sus abogados, sino sus propios familiares: su hijo Vicente Zambada Niebla y su hermano Jesús Reynaldo Zambada García. “Mi papa gastaba millones al mes en sobornos”, dijo como si nada el Vicentillo.

Lo que no termina por entenderse es por qué siendo líder de una facción criminal dedicada al trasiego de droga, y sin tener ninguna necesidad notoria, el Mayo Zambada decidió reconstruir los restos de lo que quedaba de su amigo Joaquín Guzmán cada que este salía de prisión y lo volvía a colocar a la derecha de su trono. Por qué se alineó con él y no con los Beltrán Leyva o los Carrillo Fuentes, también socios y amigos en algún momento de la historia.

Esas dudas le otorgan mucho sentido a la tesis principal de la defensa del acusado, que desde el primer día sugirieron que toda la trama de la detención y consignaciones del Chapo, la publicidad y el trato de leyenda que se le dio al personaje fue diseñada por los gobiernos de México y Estados Unidos en contubernio con el Mayo Zambada.

¿El motivo? Pues algo de lo que están seguros Eduardo Balarezo, William Purpura y Jeffrey Litchman es que el Chapo le sirvió siempre al Mayo Zambada como un alfil al cual, de ser necesario, siempre se le podía sacrificar para él seguir operando. Una especie de chivo expiatorio transexenal que calmara las turbulentas aguas de la opinión pública, pero sobre todo las presiones de Washington desde donde envían cientos de millones de dólares a México para la supuesta lucha contra el narcotráfico. En ese sentido, la supuesta ayuda institucional recibida por el Chapo para escapar un par de veces en prisión recibe una cascada de luz. Dejémoslo salir para luego volverlo a atrapar, parece ser una sensata consigna.

Por eso en sus argumentos finales ante el jurado, presentados la tarde del jueves 31 de enero, un teatral Jefrrey Litchman mencionó casi media centena de ocasiones al Mayo Zambada. Sugirió que los 100 millones de dólares del supuesto soborno dado en octubre del 2012 al presidente electo Enrique Peña Nieto, fueron cortesía del Mayo Zambada y no del Chapo Guzmán, en ese momento con problemas para pagar incluso su propia nómina, según testificó Lucero Sánchez, la chapodiputada, quien fue su amante y trabajó para él del 2011 al 2015.

“¿Quién resultó beneficiado del soborno?”, preguntó Litchman, “esta persona que están a punto de condenar o la que sigue libre en México y continúa traficando cocaína hacia nuestro país”, dijo refiriéndose al Mayo. El abogado insistió en que los gobiernos de México y Estados Unidos han conocido las coordenadas de las guaridas donde puede estar escondido el Mayo, pero que nunca han hecho un esfuerzo verdadero por atraparlo. “Este juicio es una farsa”, dijo a punto de las lágrimas.

Coincidentemente, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo en conferencia de prensa la mañana del miércoles 29 de enero que “la guerra había terminado”, a pregunta de si intentaría perseguir a los grandes capos del narcotráfico libres en México.

Por todo lo que se ha dicho de él en la corte federal de Brooklyn, tras esa declaración de AMLO seguro que Ismael Zambada García, El Mayo, pudo respirar más tranquilo.

 

@juansinatra

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