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Luces de NY
Por Juan Alberto Vázquez
Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Broo... Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Brooklyn, donde cocina y cuida de sus hijos mientras su mujer trabaja. Sus vecinos lo llaman Mister mom. (Leer más)
García Luna sueña con la propuesta de AMLO de extraditarlo a México
“García Luna debe ser juzgado en México por actos de corrupción”, dijo hace unos días el presidente de México, lo mejor que le podría pasar al exfuncionario.
Por Juan Alberto Vázquez
31 de julio, 2020
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Seguro fue solamente una más de las muchas ocurrencias que suelta cada día en la conferencia mañanera, ese soporífero monólogo que tantas pasiones enciende y con el que busca, de paso, ganar la agenda y cebar los intento de golpear su proyecto.

“García Luna debe ser juzgado en México por actos de corrupción”, dijo hace unos días el presidente de México, recordando como el otrora poderoso secretario de Seguridad Pública durante el sexenio de Felipe Calderón (quien de tenerlo de mano derecha prácticamente lo ignoró en sus memorias de reciente aparición), ordenaba comprar a sobreprecio y con dinero público, equipo de alta tecnología para espiar. Dice el presidente que luego esos fierros pasaban a manos de empresas privadas (obvio, con la bendición de García Luna), que a su vez los volvían a rentar a su verdadero dueño: el gobierno mexicano que siempre ha sido un maravilloso negocio para los que se pasan de listos.

Aunque probablemente no era la intención de AMLO, seguramente su declaración hizo que el corazón de Genaro García Luna —preso en una celda del Centro de Detección Metropolitana de Brooklyn—, vibrara de emoción. Agobiado por un grupo de fiscales de una corte neoyorquina, volver a México es lo mejor que le puede suceder en el corto plazo al exdirector de la AFI: un regreso negociado para venir a decir que él hizo lo que hizo por órdenes superiores, sin importarle aportar los clavos para crucificar a esos que lo encumbraron. Una tanda de declaraciones hechas desde la cómoda habitación de un hospital de lujo, donde le darían algunas semanas para recuperarse de la ingrata existencia a que lo sometieron alguaciles yanquis, en una celda de dos por tres metros donde estuvo alejado de los lujos acostumbrados y destinados a los de su estirpe.

Por lo pronto a García Luna le acaban de reemplazar la acusación que tiene en Nueva York por otra donde lo señalan de participar en una “empresa criminal continua” y que además de sumar los cargos que ya tenía en la primera, le agregaron como coacusados a dos de sus colaboradores más cercanos: Luis Cárdenas Palomino y Ramón Pequeño García, de ese grupo compacto que formaban desde los tiempos de la AFI en el sexenio de Vicente Fox. Ellos tres (y muchos otros más) fueron entrenados por la DEA para, presuntamente, combatir el tráfico de drogas entre México y Estados Unidos.

López Obrador es un tanto cruel pues la idea de ser devuelto a su país seguro provocará que la cabeza de míster García Luna se llene de ilusiones y que en las calurosas noches del verano brooklyniano no deje de susurrar el “Cielito Lindo” o “México Lindo y Querido”, imaginando el trato de criminal VIP que puede negociar con el fiscal Alejandro Gertz Manero, tan solo prometiéndole las joyas de la corona de la mafia del poder. Esos documentos y grabaciones a funcionarios corruptos que por cientos debe tener celosamente guardados en caso de que llegara el catastrófico momento de tener que usarlos para salvar su pellejo (de que lloren en mi casa…) y finalmente alcanzar la gracia de ser vinculado a proceso en bendita libertad condicional. Un mal menor que ronda el destino de todo aquel que, entre sus cálculos de riesgo, se halle el de caer en manos de esa justicia mexicana que, ya se sabe, permite a los corruptos reinvertir en su defensa lo extraído ilegalmente del presupuesto, mientras condena por meses o años a sujetos que se robaron un pan o que fueron sorprendidos tratando de vender cien gramos de mota.

Y si, por ejemplo, el que vive ahora Emilio Lozoya es el sueño de todo corrupto caído en desgracia, la verdadera pesadilla es la que acuñaron en letras de oro Los Extraditables de Pablo Escobar: “Mejor una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos”, que hasta en canción se convirtió. Ese mal viaje es el que agobia actualmente a un García Luna sofocado por un voluminoso expediente de más de 60 mil fojas que lo tiene de hinojos ante el gobierno norteamericano al cual, por cierto, le ha de haber provocado mucha gracia la propuesta del presidente mexicano de regresar a México al que, según la acusación de la fiscalía comandada por Richard Donahue, protegió a grandes capos del Cártel de Sinaloa.

El problema tampoco es la inequidad que reclamó el propio López Obrador en la misma mañanera, cuando dijo que México extradita muchos criminales en comparación a los pocos que devuelve el vecino del norte. Pues la clave para que los hayan enviado a juzgar acá se debe más que nada a las endebles condiciones de las prisiones y la justicia mexicana, corroídas por la lluvia de billetes que alcanza desde el custodio más básico pasando por el flamante director y salpicando a los mismos jueces a los que no basta ser los funcionarios mejor pagados de la nación para, en ocasiones, sucumbir o a la tentación o la otra máxima, la del “plata o plomo”. ¿Cambiaron las condiciones de la injusta justicia mexicana con la llegada de la 4T?

El ejemplo cumbre de lo anterior es el de Joaquín Guzmán Loera, quien al menos las dos primeras veces que cayó preso gestionó de manera novelesca sus fugas. Pero mientras eso sucedía, no la pasaba tan mal con las concesiones que, bajo amenaza o cochupo, lograba obtener de staff carcelario. El Chapo comenzó a pagar penitencia hasta el momento en que fue entregado en Nueva York a la DEA y mientras era juzgado, estuvo dos años y medio en una cárcel del bajo Manhattan de cuyas condiciones se quejó cada que pudo. Y ahora cumple su cadena perpetua en un penal de máxima seguridad en Colorado, donde si desea salir de su celda lo debe hacer esposado de pies y manos.

Así que el estar en manos de la justicia norteamericana debe tener muy asustado al muy bragado García Luna, cuya situación actual es poco prometedora. La semana anterior lo acaban de relacionar a tres decomisos de cocaína hechos por la justicia norteamericana, uno en mayo del 2002 en Nueva York, otro en marzo del 2007 en altamar y el tercero en julio del 2009 en Nueva Jersey. Esas conexiones se agregan a depósitos bancarios, grabaciones telefónicas, mensajes de texto o correos y, por supuesto, testimonios de narco-testigos protegidos. Hasta el momento, ni él ni su abogado han dicho (a los fiscales, por supuesto, no en filtraciones a la opinión pública como suele hacer Baltazar Garzón) cómo piensan tumbar las acusaciones enumeradas en los 4 cargos descritos en su dictamen.

Siguiendo las audiencias en la Corte Federal del este neoyorquino, además de ver el semblante atormentado del mexicano, he podido escuchar con atención las estrategias de cada bando. Y puedo apostar que la fiscalía busca obligarlo a que se declare culpable y colabore con ellos a cambio de una pena corta (calculo al menos 10 años). No parecen claras las intenciones del gobierno de ir a un juicio que les implique gastos excesivos en estos momentos de crisis generalizada. En esos esfuerzos se enmarca la nueva acusación levantada contra el expolicía Iván Reyes Arzate, a quien buscan convertir en poderoso testigo que termine de ahorcar las posibilidades de su exjefe.

Por el otro, el exfuncionario mexicano ha estado capoteando ese deseo del gobierno y a través de su abogado Cesar de Castro ha reiterado más de una ocasión que “no piensa declararse culpable”. Pero ellos saben, o deben saberlo, que esa es una estrategia momentánea pues en caso de ir a juicio al gobierno norteamericano no le temblará la mano y sacará el arsenal de pruebas y testigos para convencer a un jurado ciudadano de que ese ser torvo y malencarado es un criminal de altos vuelos. Y condenarlo en consecuencia.

Por eso, la ocurrencia (¿promesa?) de AMLO surge ahora como la una única posibilidad para García Luna de no acabar con sus huesos en una cárcel de máxima seguridad sumida a mitad de la nada en algún lugar de la extensa geografía norteamericana.

@juansinatra

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