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Luces de NY
Por Juan Alberto Vázquez
Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Broo... Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Brooklyn, donde cocina y cuida de sus hijos mientras su mujer trabaja. Sus vecinos lo llaman Mister mom. (Leer más)
Sacar a la policía de la narconómina
Uno que es un amargado no aceptará las bondades de ningún nuevo modelo de policía nacional, hasta que sus creadores no expliquen cómo le piensan hacer para disolver el estrecho vínculo entre las fuerzas del orden y el crimen organizado.
Por Juan Alberto Vázquez
26 de febrero, 2019
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Por vez primera en el régimen que inició el 1 de diciembre del 2018, una reforma provocó aplausos desde la zona VIP hasta gayola en el ruidosa auditorio de la opinión pública. El acuerdo con el cual se aprobó la creación de la Guardia Nacional, pero -sobre todo- el consenso para que sea dirigida por un mando civil y no uno militar, provocó que los actores políticos se pusieran tan sentimentales como si acabaran de ganar un Oscar.

Pero uno que es un amargado no aceptará las bondades de ningún nuevo modelo de policía nacional, hasta que sus creadores no expliquen cómo le piensan hacer para disolver el estrecho vínculo entre las fuerzas del orden y el crimen organizado. Y que de paso nos cuenten cuál será la estrategia para rescatar y empoderar a los honorables y valiosos miembros que desde las fuerzas armadas y policiacas han cumplido con su altísima encomienda de enfrentar al crimen y abstenerse de algo aún más complicado que es aceptar sobornos.

En las semanas recientes expertos en el tema y organizaciones de la sociedad civil externaron su preocupación por las “inminentes” violaciones a los derechos humanos en caso de que fuera un militar, y no un civil, el que estuviera a cargo del proyecto, como era el deseo del presidente de la República, Andrés Manuel López  Obrador.

Entiendo el trauma colectivo que arrastramos como sociedad desde el 2 de octubre de 1968, y cómo la pesadilla ha crecido con eventos como el de la sangrienta jornada en Tlatlaya, donde se probó la participación de militares en la ejecución de presuntos criminales. Empero, tampoco se entiende la preferencia por los mandos “civiles” que del mismo modo han mostrado de lo que son capaces en eventos como en Tanhuato, Michoacán, o la masacre de Aguas Blancas en Guerrero, por mencionar sólo un par. No hay, verdaderamente, ni a cuál irle.

Aunque si de violar derechos humanos se trata, nadie en México lo hace de manera más sistemática e inhumana que los sicarios adscritos a bandas del crimen organizado dedicados al robo, el secuestro, la trata de personas, y demás industrias cuyos clientes son indefensos ciudadanos. Ese catálogo de fechorías son celebradas con el consentimiento de las autoridades policiacas que suelen voltear para otro lado mientras todo esto sucede. ¿A la cuenta de quién cargamos el rosario de atrocidades de los Chapos, Mayos y Menchos que se sienten dueño de las libertades y derechos de los demás sólo porque ya pagaron su mensualidad?

En décadas recientes muchos militares han sido denunciados por aceptar sobornos por parte de narcolíderes manchando de esa forma a la institución. Pero quienes sin duda han institucionalizado dicha práctica son los policías “civiles”, que a cambio de los inefables portafolios repletos de dólares han permitido el crecimiento del crimen, vendido plazas, colocado a directores policiacos locales a modo y hasta peleado las guerras de los cárteles de la droga. ¿En esos si debemos confiar?

Ahora, cuando el dictamen de la Guardia Nacional se apruebe con las votaciones de las legislaturas faltantes, el balón quedará en la mesa del Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, quien tendrá la histórica encomienda de armar un equipo de profesionales con la capacidad de diseñar y proyectar las bases donde aterrice la ansiada Guardia. Por lo pronto el secretario Durazo ya recibió un recadito por parte del Mayo Zambada que, supuestamente, colgó el pasado viernes algunas narcomantas en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

Por supuesto que las leyendas donde se hace un llamado a los grupos criminales a alinearse y anuncian un retorno a “la vieja normalidad”, pueden ser falsas y tratarse nada más de una simple provocación. Pero para el gobierno federal debieran funcionar como un recordatorio del tremendo poder corruptor de los grandes narcos que se malacostumbraron a esa fórmula, la cual incluía mantener la pax narca, algo que en la actualidad ya ni siquiera pueden garantizar.

Los planes del régimen entrante para poner orden en la seguridad pública lo intentaron al menos los tres presidentes anteriores. A la luz de los resultados se puede decir que los modelos fracasaron por muchas razones. Una de las principales debe ser que los mandos medios y altos, civiles o militares se siguieron corrompiendo mientras fingían aplicar la ley. Copiándose la estrategia de atrapar “objetivos prioritarios” y extraditando algunos para quedar bien con Washington, aunque en México quedara comprobado que la fórmula en lugar de resolver multiplicaba el problema.

Por lo pronto la Guardia empezó bien, como un pacto entre las distintas fuerzas representadas en el congreso y la aceptación a regañadientes del presidente de la República. Resta hallar o formar, insisto, a los policías verdaderos que enfrentaran a los criminales.

¿Cómo detectarlos y empoderarlos? ¿Cómo acabar con la narconómina, origen de muchos de los males que agobian a la población?

 

@juansinatra

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