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Luces de NY
Por Juan Alberto Vázquez
Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Broo... Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Brooklyn, donde cocina y cuida de sus hijos mientras su mujer trabaja. Sus vecinos lo llaman Mister mom. (Leer más)
Hecho de música negra
Pese a mi gusto por el rock, más de la mitad de las canciones contenidas en mi carpeta de 9 mil, son tracks que llevan alguna relación con esa negrísima raíz musical nacida con el jazz, continuada con el R&B, refrescada por el soul y bañada por la inspiración del Océano Atlántico.
Por Juan Alberto Vázquez
8 de marzo, 2019
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Las más poderosas, dignas y sublimes representaciones de los Estados Unidos en el mundo son la de su literatura y su música. Se sabe que cerca del 90 por ciento de los ritmos nacidos en este país lo debemos a la mezcla de la decimonónica música europea con la tribal africana. Uno de matrimonios más prolíficos de la historia, al menos en la musical.  

La abrumadora historia de los géneros estadunidenses ha tenido una infinidad de personajes claves. Lou Armstrong que vistió de swing al ragtime y al boogie woogie y Miles Davis que sincopó la melodía y lanzó a los terrenos de la improvisación al jazz, que nunca fue más cool. Chuck Berry, quien no inventó el rock and roll pero si estructuró la forma definitiva del género que él conoció como R&B. Ray Charles, a quien muchos le reconocen la invención del soul, otros no, pero nadie niega que fue el primer compositor y cantante con éxito masivo en ese género. James Brown, mejor conocido como el padrino del funk, un ritmo que tomó prestado de otros para moldear el propio y que a lo largo de las décadas se convirtió en semilla del rap y el hip hop. Por supuesto que Michael Jackson, Quiny Jones, Aretha Franklin, Diana Ross Marvin Gaye, o la extensa mayoría de raperos, casi todos ellos son de raza negra.

Me quedé pensando en lo anterior pues hace unas semanas le dediqué algunas horas a acomodar mi biblioteca digital, extraviada en subcarpetas con más de 20 años de rescates de información. En esa labor pude limpiar, borrar duplicados, redescubrir joyas ocultas y finalmente contar las canciones que sobrepasaron las 9 mil atesoradas ahora en mi iTunes.

Por supuesto que una cifra que no baje de 10 mil no es para asustar a nadie, pero debo aclarar que en esa colección no hay discografías completas o un excesivo vuelo al gusto culposo ni mucho menos mezclas para complacer a otros o patrañas guardadas solo porque sí.

Existen variedad y extensión territorial, mucha música de Europa y Africa, lo mejor del Caribe y Sudamérica y, claro está, harta fiesta mexicana desde las rancheras hasta la balada pop.

Hace poco alguien me entrevistó sobre mi género favorito, el rock, pidiéndome que eligiera entre los músicos de Reino Unido o Norteamérica, quedándome, sin duda, con los primeros. Elegí a Led Zeppelin como la banda qué más se acerca a esa injusta definición de “mi favorita” e incluso en algún artículo que escribí llamado “Las 20 bandas que no soportaron la prueba del tiempo”, la mayor parte de esas dos docenas eran agrupaciones gringas. Siempre me he preguntado cómo es que siendo los “inventores” del rock, a los gabachos les hayan comido el mandado de forma tan grotesca desde ese movimiento perpetuo al que podemos clasificar como ola inglesa. Aunque ese es motivo de otro estudio.

Pese a mi gusto por el rock, más de la mitad de las canciones contenidas en mi carpeta de 9 mil, son tracks que llevan alguna relación con esa negrísima raíz musical nacida con el jazz, continuada con el R&B, refrescada por el soul y bañada por la inspiración del Océano Atlántico. Porque de las casi treinta disqueras principales que han grabado a los músicos más importantes en el último siglo, salvo las dos californianas, las restantes se hallan en la parte este de los Estados Unidos.  

Las neoyorquinas Record Plant que firmó a Jimi Hendrix y Atlantic que grabó lo mejor de Arethe Franklin. King Records de Cincinatti donde desfilaron James Brown y Joe Tex y Sun de Memphis a la que debemos la fama de Elvis Presley, Roy Orbison y Johnny Cash. Ni qué decir de la Sugar Hill Records de donde surgió lo mejor del hip hop con tipos como Crash Crew, Grandmaster Flash y por supuesto The Sugarhill Gang.

Se cuece aparte la disquera Motown, generadora de monstruos de la talla de Stevie Wonder, The Jackson Five, Jackie Wilson, The Miracles o The Temptations, por mencionar algunos pocos.

Pues bien, de esas melodías estoy hecho, y me siento abrumado de lo que han logrado influir al mundo musical esas camadas de compositores e interpretes que han tomado por asalto los Top 40 en las más recientes seis décadas.

Es la música que siempre busqué cuando deseaba sentirme mejor. Ahora que llevo casi año y medio viviendo en los Estados Unidos, me doy cuenta que un gran sector de la población de Nueva York, también comparte el orgullo por estos ritmos que uno se topa en el supermercado, en el consultorio, en la oficina o el taller. Espero no ser presa del hartazgo y de ese modo poder seguir disfrutando muchos años más la refrescante caravana del soul.

Por lo pronto la emoción continua pues dentro de pocas horas voy a ver en vivo a The Tower of Power, banda que desde 1968 se ha dedicado a difundir su mezcla de jazz, soul, big band, funk, acid jazz y hasta disco.

Ya les contaré qué tal se puso aquello.

 

@juansinatra

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