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Luces de NY
Por Juan Alberto Vázquez
Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Broo... Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Brooklyn, donde cocina y cuida de sus hijos mientras su mujer trabaja. Sus vecinos lo llaman Mister mom. (Leer más)
Las luchas de Nueva York
Es cierto que los primeros pobladores definieron el carácter cultural, étnico, legal y político de esta ciudad tan especial. Pero el conservadurismo siempre presente, azuzando en todo momento con su desprecio y afán de control, suele ser el padre de las posturas vanguardistas sobre las que nunca se ha dejado de zangolotear la mística neoyorquina.
Por Juan Alberto Vázquez
23 de marzo, 2019
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Pese a su destacada y legendaria frivolidad, Nueva York se ha convertido en origen y punta de lanza de algunas de las reivindicaciones sociales más perdurables e influyentes de la historia. Dicho espíritu ha esculpido el activismo no solo de esta ciudad, sino que por extensión también el de los Estados Unidos y, ¿por qué no decirlo?, de buena parte del mundo occidental.

Para buscar explicar el perfil justiciero de esta ciudad quizá debamos alumbrar primero su irrenunciable vocación por lo incluyente que, además de haberla enriquecido culturalmente, ha dado origen a la queja perenne y la solución final de muchas causas nobles que suelen enfrentar a la gente de la calle -que ostenta el poder popular- contra quienes tienen el poder económico, político e ideológico.

A mediados del siglo XIX Nueva York se convirtió en la capital mundial de la inmigración, pues recibió la mayor cantidad de ciudadanos de razas diversas de la que se tenga registro en la historia de la humanidad. En la Ellis Island, ese pequeño islote ubicado frente a la Estatua de la Libertad, se instaló la garita más solicitada para quien deseaba instalarse a Estados Unidos, sobre todo los migrantes que llegaban en barco desde Europa.

NY pasó de tener 400 mil habitantes en 1830 a 2 millones y medio en 1880, un crecimiento brutal en tan solo 50 años, que además se duplicó en tan solo cinco lustros más. Pese a los controles migratorios instalados, gente de todos lados del mundo siguió llegando a la Gran Manzana que para 1929, al inicio de la gran recesión, ya era la ciudad más poblada del planeta con poco más de 8 millones de personas viviendo en alguno de sus cinco barrios.

Italianos, judíos del este de Europa, polacos, griegos y sirios también la convirtieron en su nueva casa. Se unieron a irlandeses, alemanes (los primeros que llegaron a esta tierra), chinos y africanos que ya formaban sus colonias antes de que españoles, mexicanos, puertorriqueños, rusos, indios, árabes, dominicanos (hoy, el grupo de extranjeros más numeroso) o coreanos hicieran lo propio. Al acabar el siglo XIX se imprimían en la ciudad periódicos en 13 lenguas distintas como un adelanto de lo que vendría: los registros nos marcan que hoy son más de 100 lenguas las que se hablan en esta gran metrópoli.

Es cierto que los primeros pobladores definieron el carácter cultural, étnico, legal y político de esta ciudad tan especial. Pero el conservadurismo siempre presente, azuzando en todo momento con su desprecio y afán de control, suele ser el padre de las posturas vanguardistas sobre las que nunca se ha dejado de zangolotear la mística neoyorquina.

De las batallas libradas por el activismo, la primera de la que se tiene registro ocurrió en 1657 cuando estas tierras aun recibían el nombre de Nueva Amsterdam y eran colonia británica. Ese año un grupo de colonos se juntaron para redactar La Petición de Flushing, documento que, clamando por la libertad religiosa, se oponía a la discriminación de los cuáqueros, esa facción protestante del cristianismo fundada en Inglaterra, llamada La Sociedad Religiosa de los Amigos, que eran soslayados y hasta perseguidos por el gobernador. La Constitución estadounidense, redactada casi un siglo después y que ha sido inspiración de muchas otras, tomó algunas ideas de aquella petición…

Ya en el siglo XIX en Nueva York se dieron las primeras luchas a favor de extranjeros cuando las migraciones masivas buscaron ser inhibidas. El ataque iba dirigido sobre todo a italianos e irlandeses católicos negándoles su derecho a obtener la ciudadanía, o a poder votar y ser postulados a cargos de elección popular. Se buscaba favorecer a los nacidos en los Estados Unidos por lo que esa injusticia orillo a que los grupos desplazados formaran sus propias instituciones para protegerse.

En 1867 las calles de Nueva York fueron escenario de enfrentamientos entre los abolicionistas contra traficantes y dueños de esclavos y, con la llegada del siglo XX, se formaron movimientos para defender el voto de las mujeres. Encarreradas, las organizaciones feministas precursoras buscaron nuevos frentes como la exigencia de mejores condiciones laborales para todas ellas, batalla que al menos se libró en una década a partir de 1906.

Una nueva oleada conservadora consiguió, a través de la enmienda 18, la prohibición para producir y vender alcohol en toda la nación. Así que, tocada en su espíritu bohemio, con infinidad de teatros, salones y cabarets languideciendo, Nueva York se convirtió en el centro del debate antiprohibicionista. Aquellas batallas dialécticas enfrentaron a los angloprotestantes contra inmigrantes, artistas y miembros de la clase trabajadora, mientras crecía la corrupción provocada por la venta de alcohol ilegal y el fantasma de la recesión comenzaba a paralizar al país.

A partir de 1921, un año después de que entró en vigor la enmienda, miles de neoyorquinos marcharon cada año por la Quinta Avenida para reclamar por la que consideraban una injusta medida. El mismo gobernador Al Smith y el congresista Fiorelo LaGuarda lucharon junto a la Organización de Mujeres por la Reforma Nacional contra la Enmienda 18 que finalmente se derogó en 1933. Fue el primer choque en una controversia que cuestionaba el poder del gobierno no solo para prohibir asuntos como el consumo del alcohol, sino que reclamaba algo más profundo: el intento por controlar el comportamiento de las personas.

En los años posteriores a la gran depresión, en Broadway se formaron grupos de teatro que denunciaban la desigualdad y alertaban sobre el peligro del nazismo. Y con ese ánimo, el escenario siempre estuvo dispuesto para detener linchamientos contra la población negra y migrante, pasando por el convulso 68, trepado en el movimiento global de la lucha estudiantil que clamaba por el fin de la guerra en Vietnam, y que tuvo en Columbia su parada, pero también campo de batalla luego de que el movimiento fuera dispersados a punta de garrotazos y detenciones cuando negociar no era una opción.

Hasta llegar por supuesto a junio de 1969 cuando se celebró una redada policial en el antro gay Stonewall Inc, ubicado en Greenwich Village, preámbulo de jornadas violentas que culminaron con la institucionalización tanto del día como de la Marcha por el Orgullo Homosexual que en Nueva York llega a su edición número 50 este 2019. El movimiento de liberación homosexual, además, abrió la puerta a logros colaterales como el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción homoparental y la atención de añejas injusticias que pesaban sobre otras minorías que aprovecharon la emancipación gay para reclamar la propia.

Recientemente se recuerda el movimiento Occupy Wall Street, nacido tras la crisis del 2009 y cuya búsqueda se centra en protestar contra la avaricia corporativa y la percepción de la desigualdad social, plantón que se hizo extensivo en casi 50 ciudades tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo.

Por supuesto que conmueve el trato dado a los migrantes por parte de las autoridades y ciudadanos de Nueva York, convertida en ciudad santuario luego del embate de las políticas nacionalistas del presidente Donald Trump.

El asunto es que desde que la Union Square, plaza local de todos los reclamos, pasando por la Quinta Avenida o la elección, en un distrito que incluye a Queens y el Bronx, de una congresista de perfil aguerrido y comunitario como Alexandria Ocasio- Cortez, esta ciudad no se cansa de luchar.

 

@juansinatra

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