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Luces de NY
Por Juan Alberto Vázquez
Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Broo... Reportero sin fuente que desde el otoño del 2017 goza de sus quince minutos de anonimato en Brooklyn, donde cocina y cuida de sus hijos mientras su mujer trabaja. Sus vecinos lo llaman Mister mom. (Leer más)
Para el Chapo, todo se acabó
Mientras se pensaba que los testimonios del Rey Zambada o del Vicentillo terminarían de hundir al Chapo, el testigo clave resultó ser el colombiano Cristian Rodríguez, un ingeniero en sistemas quién, con su declaración, otorgó al gobierno de EU las pruebas más contundentes que ahogan las esperanzas del capo.
Por Juan Alberto Vázquez
11 de enero, 2019
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Tampoco es que existieran muchas esperanzas de salvar su pellejo, luego de una vida prodigada al narcotráfico y existiendo tantas pruebas en su contra. Pero aunque su caso siempre fue una misión imposible y él no es Tom Cruise, en el espectador morboso no se apagaba esa pequeña luz de ver una sentencia sorpresiva nomás por mirar el escándalo que eso provocaría.

Pero con lo sucedido esta semana en la Corte Federal del Distrito Este, al acusado más famoso de Nueva York se le apagó su última velita. Es hora de traerle su caja del Office Depot con la leyenda “Gracias por participar” pintada en un costado con plumón, para que guarde los rastrojos de su existencia.

Resulta que mientras las apuestas se decantaban hacia el testimonio del Rey Zambada, y mientras otros aseguraban que el Vicentillo lo terminaría por hundir y hasta hubo quien puso sus dólares en lo dicho por Juan Carlos Ramírez Chupeta, el Testigo Clave Ganador resultó ser alguien que nadie esperábamos; vamos, que ni siquiera sabíamos de su existencia. Ladies and gentleman, con ustedes el caballo negro de todos los declarantes. El as bajo la manga de la fiscalía estadunidense.

Se trata de un ingeniero en sistemas, el colombiano Cristian Rodríguez, quien calladamente resultó ser el responsable directo de que el gobierno de los Estados Unidos cuente con las pruebas más claras, contundentes e inobjetable −parafraseando a cualquier vocero del viejo PRI− que terminaron por ahogar las esperanza en el equipo del Chapo, si es que conservaba alguna. Aunque empezó trabajando para los narcos colombianos Cifuentes, Cristian inició una relación con el Cártel de Sinaloa y con la bendición del Chapo Guzmán mejoró la seguridad de cerca de 50 Blackberrys que el narco daba a su gente cercana por motivos amorosos, familiares o laborales. Además le instaló un sistema conocido como Flexispy, el cual llevó a un servidor en Canadá para hacerlo más indetectable e intervino uno a uno los teléfonos para encriptarlos en un método conocido como punto a punto. “El Chapo Guzmán me pidió instalar un sistema para poder espiar a todos sus contactos”, reveló Rodríguez y entonces hallaron algo así en Holanda, pagaron un millón de dólares por ello, pero aceptó que al final ya no lo usaron. “El estaba obsesionado con poder espiar a mucha gente”, dijo el ingeniero. “Incluso me pidió que instalara un sistema para poder espiar a “todos los café internet de Culiacán”. Y aunque este plan también fracasó, lo estuvieron intentando.

La peor semana en este juicio para el oriundo de La Tuna, Badiraguato, Sinaloa, inició el martes 8 con la presencia del agente del FBI Stephne Marston, quien trajo consigo un arsenal de grabaciones telefónicas donde Joaquín Archibaldo pregunta a un tal Gato si se le están dando sus mensualidades a los miembros de la AFI en Sinaloa. En una más le pide a una señora anónima que le consiga clientes para colocar droga ice en Ohio, “porque es lo que tengo ahorita allá”, mientras otra le recomienda que levante a un primo de unos que ya se aliaron “con los de la última letra” (los Zetas). El Chapo le pide muy paternal, “a ver, deme los datos de ese muchacho”.

Pero si esa jornada de pruebas no fuera en sí abrumadora, las presentadas el miércoles fueron además humillantes. A media semana Marston leyó de viva voz decenas de mensajes de texto interceptados por el FBI en los que se menciona por vez primera a la esposa del Chapo, Emma Coronel, quien faltó los primeros días del año al juicio, y retornó justo el día en que presentaron decenas de pruebas que la involucran.

Atrás quedó la inocente dama que “no sabía a lo que se dedicaba” su esposo, según dijo en las pocas entrevistas que ofreció. En los mensajes de Blackberry presentados en la sala escuchamos a una Emma Coronel cómplice, tratando de héroe a su marido luego de que éste escapó de un operativo de fuerzas policiacas mexicanas en una casa en Los Cabos, Baja California. La volvemos a leer diciéndole a su esposo “te paso a mi papá”, a quien El Chapo da recomendaciones para hacer sus propios trasiegos de droga vía Nogales e incluso le asegura que “si, tengo una de tus armas”, cuando el recién fugado le pregunta si tiene con qué defenderse.   

Pero quizás el momento más embarazoso para ellos fue cuando el asistente del fiscal, Michael Robboti, sacó otra serie de mensajes que Guzmán Loera mantenía con Agustina Cabanillas Acosta, reconocida en el servidor como “Fiera”, con quien el Chapo mantenía una relación extramarital y laboral. Con ella habló de arreglos para comprar químicos en China y Alemania, para importar droga desde Belice y exportarla vía Nogales. “Tú eres la persona más importante para mí, te amo”, le dice el capo a Fiera en otras de las conversaciones. Durante más de una hora el acusado mexicano se abstuvo de voltear a ver a su esposa que parecía de piedra.  

Durante la hora y media en que se leyeron todas estas comunicaciones, el equipo del acusado y el propio Chapo permanecían impávidos, él incluso algo molesto por la contundencia de las pruebas y la intromisión en su vida privada, pues hasta salieron a relucir sus hijas. Aquí no estamos hablando de los dichos de un narcotraficante en busca de obtener beneficios por parte del gobierno estadunidense sin importar si declara falsedades contra otro narco caído en desgracia, sino de las propias incriminaciones de Guzmán Loera interceptadas entre diciembre del 2011 y febrero del 2012.

Y todas ellas las debemos a Cristian Rodríguez, el mentado colombiano a quien abordaron en el 2011 en Bogotá agentes del FBI que ya llevaban 2 años tras de sus huesos. Él no tuvo otra salida que aceptar colaborar y durante más de un año sirvió a los dos bandos: a la justicia y los narcos, y dejó Colombia cuando interceptó una llamada de Dolly Cifuentes, de la familia de narcotraficantes, en que le decía a alguien más que sospechaba de la condición de “sapo” (soplón) de Cristian.

Finalmente, gracias a que Rodríguez -ya trabajando para el FBI- instaló vía satélite un rastreador al celular de Jorge Cifuentes, es que este pudo ser detenido. Así es que hay una solicitud en curso de la fiscalía para que el “ingeniero” pueda reclamar la recompensa de cinco millones de dólares que ofreció el gobierno estadunidense por datos que llevaran a la captura de aquél.

En su testimonio del jueves 10 de enero, Rodríguez relató que tuvo una crisis nerviosa derivada de esa nueva encomienda de trabajar para el bien y el mal. Cayó en un hospital donde le dieron electrochoques y hoy en día, a sus 32 años tiene que tomar ansiolíticos para calmar su ansiedad. La fiscalía del caso ingresó una moción para que no se hablara de un tema que ayudó al colapso mental de Rodríguez: el de las dos familias que tenía con mujeres diferentes.

Por eso es que cuando él reveló que había obtenido beneficios del gobierno, entre ellos uno migratorio que le permitía poder traer a su familia, nunca supimos a cuál de las dos se refería.

Como sea, es posible que cuando todo esto acabe él pueda pasar a cobrar los 5 mdd menos impuestos para seguir disfrutando de la vida en Norteamérica.

Moraleja: Trata bien a tu ingeniero en sistemas. El sabe más que nadie sobre ti.

 

@juansinatra

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