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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
10 años de guerra: Paz con la mariguana
Dejemos en paz a la mariguana, abramos los ojos y estemos atentos a los efectos positivos y negativos que traerá la imparable tendencia de su legalización en muchos de los estados del principal mercado del mundo.
Por Guido Lara
28 de noviembre, 2016
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La guerra contra las drogas es una aventura ajena, nacida en Estados Unidos por razones y decisiones de política interna de ese país, que adoptamos ciegamente y que nos ha costado sangre, sudor y muchas lágrimas por las vidas perdidas y afectadas por malas decisiones de nuestra parte. No ha resuelto nada y ha causado múltiples estropicios.

En estos tiempos donde la polarización se agudiza y permite victorias sonadas a alguno de los dos lados en conflicto (Brexit, Colombia, Trump, etc.), que al instante de verificarse despiertan grandes reacciones en contra y que muy probablemente tenderán a revertirse con el tiempo, es indispensable buscar terceras vías.

Estas terceras vías son caminos que eliminen el “todo o nada” del debate, que generen soluciones orgánicas, políticas públicas que trasciendan posiciones maniqueas de blanco y negro. Necesitamos soluciones en toda la gama de grises.

Contraponer posiciones extremas de Guerra contra las Drogas versus Legalización de las Drogas tiene el riesgo de ahondar la polarización y el carácter irreductible, necio, sordo y ciego de una posición o de la otra.

Una cosa es la firmeza y otra la necedad o terquedad ciega. La Guerra contra las Drogas en su propio nombre lleva una debilidad de fondo. Como diría Jack the Ripper: “vamos por partes” y analicemos cada una de las palabras de este concepto.

Guerra: Violencia, destrucción, armas, combate, enfrentamiento, castigos. Inmediatamente nos pone en un campo semántico que privilegia el lado punitivo -de victoria o derrota definitiva- a un reto que debemos sacar de este ámbito para llevarlo a otros dos: el de la salud pública y el de la regulación comercial. El sexenio de Felipe Calderón será tristemente recordado por haber metido a México, de fondo y en picada, a un proceso de violencia y destrucción por privilegiar el enfrentamiento y el combate a los cárteles sin haber avanzado un centímetro en un fortalecimiento del estado de derecho y la procuración e impartición de justicia, ni tampoco en tratar el tema de las adicciones con un enfoque preventivo y no punitivo.

Contra: Hay retos y problemas que pueden resolverse mejor si en lugar de oponerse ciegamente se les abre un espacio, se entiende el sentido de realidades que solo se agravan si se les presenta resistencia en lugar de una comprensión abierta. El consumo de drogas no se frenará CONTRA la oferta sino CON los consumidores, educando y tratando a los que la demandan. El énfasis no hay que ponerlo en la satanización del producto y sus oferentes (traficantes mientras se considere ilegal o comerciantes cuando llegue el día en que se regule su venta).

Las Drogas: Los efectos físicos y psicosociales de las distintas sustancias psicoactivas son muy variados por lo que meterlas a todas en un conjunto que las equipara no contribuye a crear soluciones matizadas y ponderadas. Café, nicotina, alcohol, mariguana, cocaína, heroína, meta anfetaminas, éxtasis, peyote, hongos, LSD, etc. No son lo mismo, no tienen los mismos efectos en el organismo, ni el mismo potencial de daño a la persona y su entorno social (como ejemplo interesante ver este estudio). En sí misma casi ninguna es totalmente letal, lo que resulta letal es el abuso y la adicción, una responsabilidad más del lado del sujeto que del objeto consumido.

Insistir en la Guerra contra las Drogas es privilegiar un enfoque militarista y maximalista que ha causado no solo regueros de pólvora, sino de sangre, dolor, estupefacción y miles de cadáveres inútilmente derramados, pues al mantener a los traficantes en la clandestinidad se les favorece con ganancias millonarias que les permiten financiar otras “líneas de negocio” que dañan gravemente a la sociedad: secuestro, extorsión, trata de personas, asaltos con violencia, etc.

Hablar de guerra, en el caso de la mariguana, no solo es desproporcionado sino ya de plano ridículo cuando en el principal mercado de “exportación” su consumo para usos recreativos será legal para 45 millones de personas (20 % del total de la población en Estados Unidos de mayores de 21 años que habitan en California, Washington, Oregón, Alaska, Maine, Massachusetts, Nevada).

La legalización está generando que sea dentro de los Estados Unidos que se produzca hierba de mayor calidad. ¿Comprarías un producto gourmet a plena luz del día o uno de dudosa calidad a un sospechoso en lo oscurito? Los cárteles están perdiendo ingresos para pagar sicarios y comprar armas en gran medida por la legalización parcial en su principal mercado. No estaría mal favorecer esta tendencia aquí y allá.

Por eso propongo soluciones civiles y no militares a los diversos retos contenidos en esta situación. Soluciones que atiendan cada dimensión del problema de manera diferenciada y no caer en la tentación de las soluciones únicas y mágicas, es decir, fantasiosas. Soluciones civiles y parciales como las siguientes: Paz con la Mariguana; pedagogía contra el abuso; tratamiento médico y psicológico a los adictos; enfoque en drogas duras; etc.

Dejemos en paz a la mariguana. Abramos los ojos y estemos atentos a los efectos positivos y también a los negativos que traerá la imparable tendencia de su legalización en muchos de los estados del principal mercado del mundo. Más que una oposición ciega, un aprendizaje activo para conducir por vías legales y reguladas este proceso social.

Dejemos de estrellarnos como moscas ante los vidrios de la realidad, empecemos por dejar atrás el pavor infundado o en ocasiones simplemente la hipocresía que rodea el consumo de mariguana. Invitemos a quienes sostienen posiciones irreductibles a sentarse a dialogar y fumar literalmente la pipa de la paz (un toque con mota gourmet y otro con una llena de guarumo para que aprecien la diferencia de lo que se hace a la luz y de lo que se hace ocultamente).

Menos prejuicios y más experiencias. El que no la haya probado nunca que la pruebe para poder hablar con conocimiento de causa y en los zapatos del otro. Nunca nadie se ha hecho adicto por darle un jalón. Nunca. No hay mayor daño posible que el de romper un tabú.

El problema no es la mariguana en sí, ni cualquier otra sustancia psicoactiva, el problema es la adicción. El “terreno de operaciones” está en la mente de quien la consume, no tanto en la cancha de quien la vende. El reto está en que quien demanda el producto haga un uso adecuado y que no dependa de él. Lo insano no está en los objetos sino en los sujetos. Tratémonos como personas que requerimos madurar y ser dueños de nuestros actos y decisiones. A los menores de edad –biológicos y mentales- hay que protegerlos. A los adultos, hablar con ellos y hacerlos responsables de sus actos.

Hacer la paz con la mariguana es un primer paso para lograrlo.

 

@guidolara

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