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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
Adiós al ¡sí se puede!
Para realmente mejorar tenemos que decirle, ya de una vez y para siempre, ¡adiós al sí se puede! La desganada tonadilla del “Sí se puede… Sí se puede…” suele ser más un sonsonete de impotencia que un grito de batalla.
Por Guido Lara
12 de junio, 2013
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Las resistencias a las reformas estructurales de nuestra mente social son un compendio de negaciones.

    1. Negación de la potencia interior
    2. Negación de la realidad exterior
    3. Negación de la esperanza en el futuro

Hoy abordaré el primer paquete de reformas, agrupadas en torno la negación de nuestra potencia interior o lo que es lo mismo al resignarse a la “soportable debilidad del ser”.

Negación de la potencia interior

Para realmente mejorar tenemos que decirle, ya de una vez y para siempre, ¡adiós al sí se puede! La desganada tonadilla del “Sí se puede… Sí se puede…” suele ser más un sonsonete de impotencia que un grito de batalla.

Sustituyamos el impersonal y distante “se” de la frase por una afirmación que nos ponga en el centro: Sí puedo / Sí podemos. La potencia, la capacidad de transformación no hay que buscarla en un nebuloso e impersonal afuera. Hay que buscarla dentro de nosotros mismos.

Decir Sí puedo es muy distinto a decir Sí se puede.

Si yo digo sí puedo asumo mi responsabilidad y tomo las riendas. Si me quedo en el “sí se puede” abdico de mi compromiso y descafeíno mi capacidad personal al convertirla tan sólo en una posibilidad, la cual depende menos de mí que de un abstracto e inasible “se”.

Es ilustrativo contrastar los efectos que se derivan del potente “Yes we can” usado por Obama (acento en la potencia), en lugar de un mantra timorato que podría traducirse en “Yes it´s possible” (acento en la posibilidad).

Solemos permanecer inmóviles como personas, organizaciones y país porque en demasiadas ocasiones nos instalamos en el NO (de hecho hay un segmento del electorado -15% del total- que hemos etiquetado como los “No, ¡ni madres!”, pero bueno, eso es harina de otro costal).

La negación nos funciona como mecanismo de defensa, salvaguarda emocional o simple zona de confort. La invitación es a dinamitar estas barreras llevando a cabo pequeños cambios en nuestra vida cotidiana.

Tres reformas componen este paquete dirigido a transmutar la negación de la potencia interior hacia la afirmación de lo que tenemos que poner en nuestras manos para sacar adelante.

  1. Asumir responsabilidad y dejar de echar culpas.
  2. Menos envidia y más ambición.
  3. Dejar de escudarnos en la sobreprotección familiar.

Para esto hay que decirle adiós también a tres frases –metáforas que nos lastran: “Yo no fui, fue Teté”, “De grande quiero ser pendejo” y “No te preocupes mijito”.

“Yo no fui, fue Teté”

Mala cosa si nunca nada es culpa de uno, si el pendejo o el culpable siempre es otro. Si en todo momento nos percibimos como víctimas de otros, de las circunstancias, del destino o de la simple mala suerte, estamos renunciando a nuestras capacidades personales. Si yo soy resultado de lo que “los demás me hacen” entonces pierdo el control de mi proyecto.

Si las soluciones están en manos de otros -del gobierno, de los políticos, de mis jefes, de mis padres- estamos propiciando que los problemas se perpetúen. Hay que dejar de esperar sentados, ponernos de pie y meterle manos a la obra.

Si ante cada suceso imaginamos conspiraciones y complots maquinados por súper villanos –más dignos de las caricaturas que de la vida real- al final lo que sucede es que nos auto boicoteamos colocándonos en posición de hormiguitas, minúsculas, frágiles e indefensas ante “fuerzas superiores”.

“De grande quiero ser pendejo”

Envidiar a los demás es fácil, no requiere esfuerzo ni compromiso. Si como en el chiste, nuestros hijos aspiran a ser “pendejos” cuando crezcan, porque nos han escuchado decir hasta la saciedad “mira qué carrazo trae ese pendejo, mira qué bien gana ese pendejo”, algo estamos haciendo mal.

Regodearnos en la envidia es un veneno que nos corroe, que nos lastra. Pasarnos la vida envidiando lo que los demás son o tienen es una autoimpuesta declaración de inferioridad. Lo envidioso se cura teniendo ambiciones personales y el compromiso de trabajar duro para conquistarlas.

“No te preocupes [email protected]

De acuerdo, el sentido familiar que tenemos en México es una de nuestras fortalezas como sociedad. Afecto, solidaridad, compañía, protección, alegría son resultados valiosos de nuestra dinámica familiar. Pero no nos ceguemos y seamos conscientes de que en demasiadas ocasiones tanto amor se sale de madre, se pasa de la raya y crea codependencias que castran y muchas veces inutilizan.

Va contra nosotros mismos, contra nuestra autonomía y poder personal cuando la familia deja de ser una red de afecto y protección para pasar a ser una mullida telaraña o rica hamaca para echarnos conchudamente a que sean nuestros familiares los que nos resuelvan la vida.

Convertir al seno familiar en guarida o tapadera es una forma perversa de renunciar a nuestra fuerza interior como individuos.

El presente paquete de reformas estructurales de nuestra mente social busca restituir nuestra capacidad como sujetos autónomos, responsables, con ambiciones y sin vejigas para nadar.

Digamos adiós al pusilánime “Sí se puede” para dar paso al Sí puedo. Sí puedo asumir mis responsabilidades personales, familiares y de proyecto de vida… ¡Sí, sí podemos!

 

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