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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
Bloqueos de nuestra mente peores que los de la “CENTE”
La tragedia de los bloqueadores es que no sólo obstaculizan a sus adversarios sino que a la vez quedan descalificados por ellos casi para siempre, generándose así un círculo vicioso difícil de romper y trascender.
Por Guido Lara
2 de octubre, 2013
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“Fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”:

Wiston Churchill

 

Los chilangos estamos sufriendo día con día los bloqueos de la CNTE, pero como han señalado Adriana Arizpe y Carlos Puig, los habitantes de la Ciudad de México tenemos la destreza post-apocalíptica de acostumbrarnos a todo (incluyendo el “avistamiento” de amorfos cuerpos desnudos de manifestantes sempiternos, entre otros brotes de estética bizarra).

No es descartable que los camaradas de la CNTE hayan llegado para quedarse o que nos tengamos que chutar su eterna presencia en una gira inacabable de “relevos australianos” como sucede en las otras luchas.

Hemos desarrollado la capacidad de bloquearnos ante los bloqueos como mecanismo de defensa para seguirla llevando. Lamentablemente esta solución nos mete en una espiral descendente donde no hay límites para la degradación, o como diría Bukowski: un hombre siempre puede caer más bajo.

Pero los maextros de la CNTE –me parece un mejor descriptor el giro “maextro”, más urbano, más banda, que el de “maistro”, más propio de una expresión clasista y discriminatoria– no tienen el monopolio de los bloqueos mentales. El bloqueo mental está por doquier.

Estos bloqueos tienen causas múltiples: desconfianza (la burra no era arisca), escepticismo (a otro perro con ese hueso), egoísmo (cada quien reza para su santo) o anemia cognitiva (o sea simple y llana pendejez).

Hay bloqueos de derecha, de izquierda, del centro y p´adentro.

Por ejemplo, ahora que se discute la Reforma Energética, ¿de qué nos sirven afirmaciones del tipo “Pemex no sirve para nada” o su correlato en espejo “Pemex sirve para todo”? Estas narrativas han bloqueado cualquier transformación constructiva de nuestra industria petrolera, donde lo único cierto es que si seguimos atorados seguiremos perdiendo el tiempo mientras muchos otros países avanzan y le sacan mejor provecho para su gente. Lo que no se mueve se estanca, y lo que se estanca se pudre.

Otro efecto secundario y muy nocivo de los bloqueos es que generan anticuerpos y resistencias en quienes los sufren o son afectados, añadiéndola así capas y más capas de blindaje y teflón a las partes encontradas. Por ejemplo, la necedad de Vicente Fox de querer bloquear la candidatura de Andrés Manuel López Obrador lo fue radicalizando y encerrando en sus monólogos. AMLO tuvo más que razón para la desconfianza. Por su parte, el bloqueo de Reforma y la oposición a ultranza a cualquier idea o propuesta proveniente del gobierno en turno lo convierten en intolerable para amplios sectores de la población. La tragedia de los bloqueadores es que no sólo obstaculizan a sus adversarios sino que a la vez quedan descalificados por ellos casi para siempre, generándose así un círculo vicioso difícil de romper y trascender.

Ahora que AMLO ha propuesto su “mano franca” para reunirse con EPN para diseñar una consulta sobre la Reforma Energética, instantáneamente queda descalificado por sus antecedentes. Si la consulta se llevara a cabo, ¿sería esperable que reconociera el resultado? La verdad es que no, y aquí vemos como los bloqueos pasados nutren los bloqueos futuros.

Qué mejor momento para inaugurar la figura del referéndum en nuestro país que el polémico tema del petróleo, pero ¿quién en su sano juicio competiría en una consulta así con un líder político que manda al diablo a las instituciones y que ha desconocido los resultados de dos elecciones presidenciales? Es una lástima que la consulta no se vaya a llevar a cabo, pues nuestra vida democrática podría robustecerse, expandirse y trascender la limitada posibilidad de retratarse en las casillas una vez cada tres años.

A su vez las etiquetas denigratorias también aíslan y bloquean. Qué podemos esperar de un encuentro entre un “pejezombie” y un “peñabot”… la verdad muy poco. El problema es que dichas etiquetas nombran realidades, pues cada vez existen más personas de carne y hueso que renuncian al pensamiento, la generosidad, la disposición de entender al otro, de respetar las reglas del juego, de ceder algo y así construir acuerdos y arreglos.

Nuestra conversación pública requiere sustituir el lenguaje de los bloqueos: “ni los veo, ni los oigo”, “no pasarán”, “resistencia”, “patria o muerte: venceremos”, por el lenguaje de los puentes: “negociación”, “colaboración”, compromiso”, “corresponsabilidad”.

Hay que quitarle la connotación negativa a la palabra Arreglos y vigilar activamente que así suceda (como ciudadanos, como medios de comunicación, como actores sociales, económicos y políticos). Si la palabra arreglo implica negociación en lo oscurito y obtención de beneficios particulares, muy mala cosa porque seguirán dándose motivos y razones atendibles para los bloqueadores. La palabra Arreglo debe recuperar su connotación positiva de construcción y solución.

El reto es arreglar a México y esto inicia con dejarlo de bloquear.

Los grandes líderes y personajes de la historia son los que desbloquean las taras de sus sociedades. No son los que cierran filas y se enconchan en sus ideas y creencias. Los líderes y movimientos más peligrosos y nocivos han sido los que han dado rienda suelta a sus bloqueos mentales.

Bloquear al bloqueador no es la solución, pues bloqueador que bloquea a bloqueador tiene cien años de rencor.

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