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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
El grito puto goleado
Es estadio, no un templo o salón de conferencias. Mal haríamos en promover la sanción a las groserías y mentadas de madre en el entendido de que queden circunscritas a la euforia masiva. La violencia física es reprobable en todo momento, la violencia verbal dentro de un estadio es parte del ritual. El reto es que el grito de puto se quede en el estadio y de allí no salga.
Por Guido Lara
10 de julio, 2014
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Somos cagadísimos, relajientos e irreverentes, campeones mundiales para el desmadre y el ingenio, eso que ni qué. ¡Eeeeeeehhhh puuuuuuutoo! Jajaja. Este grito con coro y coreografía manifiesta una tara profunda del machismo mexicano y sus negativas secuelas para nuestra convivencia social.

Quien crea que se ha hablado hasta la náusea de nuestro último concepto de exportación, les tengo una noticia: en los años por venir ni se dejará de gritar ¡Puto! en los estadios, ni se dejará de aprovechar para denunciar lo ilustrativo de las carencias que nos hacen una sociedad injusta, violentadora, represora, acosadora e irrespetuosa no solo de los gais, sino de las mujeres y el mundo femenino.

Ni al mayor genio del content marketing se le hubiera ocurrido “posicionar” tal performance en el principal evento global de nuestra época. Le ha dado un pretexto de alta visibilidad no sólo al movimiento LGTBI sino a toda persona que busque transformar el equilibrio de género en nuestra sociedad.

 

Asistentes a uno de los partidos del Mundial Brasil 2014 corean el grito de “puto”

 

No es de extrañar que el grito haya sido rápidamente apropiado por la hinchada brasileña (Brasil y México están en los primeros lugares de crímenes homofóbicos en el mundo) y que pronto vaya a viralizarse a miles de estadios en el mundo. Aunque en las últimas dos décadas hemos avanzado en materia de respeto y derechos, vivimos en un planeta homófobo con más de 76 países donde la homosexualidad es ilegal. Por más excesivo que nos parezca a todos -incluso al macho mexicano promedio- en diez países tener una relación homosexual literalmente te puede costar la vida, pues te recetan la pena de muerte bajo determinadas circunstancias (Yemen, Irán, Iraq, Mauritania, Nigeria, Arabia Saudita, Somalia, Sudan, Emiratos Árabes Unidos y Qatar -sede del mundial 2022).

 

Mapa Mente Social OK

En rojo países donde se consideran delito las relaciones homosexuales (fuente: Erasing 76 Crimes)

 

5 goles para superar la barrera de los que defienden el grito

Quienes con sus dichos y sus actos salieron en defensa del grito han puesto unas barreras que en mi opinión no resisten el toque de un buen tirador.

1. La idiosincrasia nacional

“Así somos y qué. Ninguna autoridad nos va a venir a decir qué decir y cómo nos divertimos. Somos únicos. Que la FIFA ni se atreva, que ni se le ocurra” (por cierto, cómo le bajaron de watts al darse cuenta de que castigar a México debilitaría la posición de las futuras sedes mundialistas en Rusia y Qatar). Este mecanismo de defensa idiosincrática propio de un pueblo conquistado, primero por los aztecas, luego por los españoles y luego por el PRI del siglo XX es comprensible y tiene una manifestación reactiva y expansiva que nos hace diferentes y orgullosos de ello. La verdad tiene su lado atractivo y catártico y no veo problema en seguir gritando duro y con entusiasmo ¡Viva México cabrones!

Sin embargo, el grito puto es diferente porque ilustra también nuestra proverbial falta de respeto por los demás, por el dolor y sufrimiento ajeno. Es penoso y debemos dejar de acosar, violentar, menospreciar a las personas homosexuales. La idiosincrasia nacional no puede ni debe estar por encima del sufrimiento –simbólico y hasta físico- de nadie.

Sin dejar de ser desmadrosos, evitemos los daños colaterales. Sí, para unos nuestra risotada puede ser muy divertida, pero para otros es un infierno inmerecido, cotidiano y omnipresente en una sociedad machista. Tan sólo piensen un momento en todos sus amigos y parientes que tienen o tuvieron pavor a salir del closet. Sufren un miedo fundado porque en lugar de aceptación e inclusión en nuestra sociedad los seguimos estigmatizando, chingando y persiguiendo. Todavía lo hacemos carajo, es increíble y reprobable.

2. La crítica a lo políticamente correcto

Es cierto que el lenguaje solemne, tieso, almidonado y cuidadoso atenta directamente contra la vitalidad, la espontaneidad y la frescura. La realidad social es una sociedad que habla, el lenguaje nos dice lo que es bueno y malo, lo correcto y lo incorrecto. No hay cambio social, ni mejoría ni avance, si el lenguaje no se renueva. Como lo ha dicho Barthes, si una lengua se solidifica sólo sirve al poder establecido. Y hoy la defensa del grito puto sirve al poder establecido, al poder de quienes asumen y defienden –a veces inconscientemente- una visión machista del mundo.

Gritar puto no es un uso transgresor del lenguaje, es un uso opresor (un uso que aplasta y sujeta no sólo a los gais sino a lo femenino colocándolo como algo inferior y detestable). Por eso la canción Puto de Molotov, tan extremadamente buena musicalmente, es tan reaccionaria en su letra (digna de ser apropiada como himno por el Senador José María Martínez y su Comisión de la Familia).

Ya vas, huevos a los políticamente correctos, pero aguas con cuales “incorrecciones” elegimos.

3. El ataque es a los cobardes no a los homosexuales

El escape metonímico. “No tengo nada contra los homosexuales, lo que yo ataco, denuncio y me burlo es de los temerosos, apocados, delicados, agachados, sacones”. No llegaré al extremo de hacer una defensa de la cobardía, esgrimiendo que los cobardes también tienen derecho a ser respetados, porque entonces si caeríamos directo y sin escalas en un mundo aséptico, incoloro, insaboro, de hueva e inmutable.

Si vamos a ser críticos de la cobardía busquemos sinónimos. No en el estadio, pues le veo poco futuro a un grito del tipo: ¡¡¡Eeeehhhhhhhhh Saaaaaacón!!! Pero si en el uso cotidiano con sinónimos que desliguen la asociación implícita, injusta y totalmente imprecisa de la cobardía con lo homosexual y lo femenino (“¡pareces vieja!”). Me pasa y seguramente a ti también, que entre las personas más cobardes que conoces están algunas que andan por la vida con su placa de macho mexicano.

4. La riqueza expresiva de la palabra puto y sus derivaciones

Lo que el Piojo quiso decir con lo de Puto no es un insulto sino un verbo” es la omnipresencia, maleabilidad y versatilidad del uso del lexema Put (emputado, putería, putada, putín, putazo, putete, putiza, putarraco) aplicable a múltiples circunstancias. Confieso que hasta antes de la “epifanía” provocada por el debate público, decir putín a un amigo querido o bromear diciéndole “no seas puto y dame un beso” o sugerirle a Gandhi un nuevo cartel diciendo “Puto el que NO lea”, era parte de mi arsenal cotidiano y ni que decir de aquellas personas a las que critico por su falta de osadía o su silencio acomodaticio. Buscaré sinónimos, pues.

5. A eso va uno al estadio

A desfogarse, a gritar, a divertirse. Es estadio, no un templo o salón de conferencias. De acuerdo. Mal haríamos en promover la sanción a las groserías y mentadas de madre en el entendido de que queden circunscritas a la euforia masiva. La violencia física es reprobable en todo momento, la violencia verbal dentro de un estadio es parte del ritual (por cierto echo de menos el coral grito “culeeeerooo, culeeeeeero”, más un cántico gregoriano que un insulto). El reto es que el grito de puto se quede en el estadio y de allí no salga.

La bronca no está en el estadio sino fuera del estadio

El problema real no es en el estadio sino fuera, en la intimidad de la familia, en la escuela, las calles y el trabajo. Está en el injusto e imperdonable daño emocional, psicológico y muchas veces físico que infringimos a nuestros hermanos, hijos, parientes, compañeros de clase, empleo o ciudad. Lo equivocado y erradicable está en un mundo pro-macho que con nuestra anuencia reprime, violenta, burla y menosprecia tanto a los homosexuales como a lo femenino.

Lo bueno del grito ¡puto! es que funcionará como un recordatorio perenne sobre la sociedad en la que vivimos y debemos transformar. Tanto o más efectivo que el listón rosa creado por el movimiento para prevenir y curar el cáncer de mama, el coro nos recordará cual sermón dominical nuestra relación con la homofobia, ginecofobia, androfobia y otras más. Para quienes queremos disolver el machismo mexicano, el debate es de gran utilidad para mantener el tema en la discusión pública e ir ganando poco a poco pequeñas batallas en los terrenos simbólicos, cotidianos y desde luego también en el marco de derechos humanos y legales.

Se seguirá gritando !eeeeeeeeeeh puuuuuuuuto! y se seguirá combatiendo. Hablar del tema y no quitar el dedo del renglón abre mejores posibilidades de transformación que el silencio cobarde yla banalización acrítica para modificar situaciones, percepciones, actitudes y conductas.

 

@guidolara

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