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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
¿! Irresponsable yo!?
En grandes capas de la sociedad mexicana la esperanza de movilidad social se sitúa en otros (mis hijos) y en el futuro lejano (cuando acaben su carrera). El hecho de que afirmaciones de este tipo las hagan adultos en plenitud –entre los 30 y los 50 años- muestra que tan rápido los mexicanos solemos tirar la toalla.
Por Guido Lara
13 de marzo, 2013
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Irresponsabilidad.- En el diccionario del mexicano se define como: Nunca nada es culpa de uno, siempre la culpa es de alguien más. El pendejo es otro. Yo no fui fue Teté.

 

Reestructurar nuestra relación con la Responsabilidad es fundamental para ser mejores como país, como sociedad, como organizaciones y como personas. Esta es la primera Reforma Estructural de nuestra Mente Social.

En general solemos ser bastante irresponsables al no hacernos cargo de las consecuencias de nuestros actos. No sólo afectamos a los demás sino que nos afectamos a nosotros mismos. Al hacernos pendejos no asumimos nuestra parte en el rumbo de nuestra educación -“con ese maestro como quieres que lea”-; carrera profesional -“es que mi jefe me odia”-; relaciones amistosas -“es que nunca me hablas”-; relación con la comunidad -“sólo fueron 4 tequilas”-; la marcha del país -“tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, “la mafia en el poder”-… y así un infinito etcétera.

La irresponsabilidad tiene varias derivaciones negativas:

Victimismo:

 “Todos nos quejamos, pero asumimos que las cosas nos pasan es porque alguien nos está haciendo las cosas, nunca nos asumimos como seres activos…”

 

Los mexicanos haríamos sufrir al buen Jean Paul Sartre quien nos dice que el hombre está condenado a ser libre y Nuestra esencia, aquello que nos definirá, es lo que construiremos nosotros mismos mediante nuestros actos. Asumirse como víctima es una profecía que se auto cumple. Si yo soy resultado de lo que “los demás me hacen” entonces pierdo el control de mi proyecto. En lugar de ser arquitectos de nuestro propio destino -usted disculpe cualquier similitud con tarjeta Hallmark- optamos por ser espectadores de tragicomedias ajenas.

 

Inmovilidad presente:

“Siempre asumimos que alguien más va a hacer lo que a uno le toca:

la culpa es del gobierno, que estudien los niños, que lo arreglen los demás…”

 

Esperar que sean los otros quienes resuelvan nuestros problemas nos coloca en una posición estática que simplemente perpetúa al infinito la situación vivida.

 

Estancamiento futuro:

“Un maestro de obra te dice quiero que mis hijos estudien más de lo que yo estudié,

quiero que ellos sí tengan, y no asume responsabilidades más allá”

 

Al expulsar del yo y del presente la responsabilidad de intervenir en la realidad, abdicamos de cualquier cambio llevado a cabo por nosotros mismos. Ilustrativo de esta situación es corroborar como en grandes capas de la sociedad mexicana la esperanza de movilidad social se sitúa en otros (mis hijos) y en el futuro lejano (cuando acaben su carrera). El hecho de que afirmaciones de este tipo las hagan adultos en plenitud –entre los 30 y los 50 años- muestra que tan rápido los mexicanos solemos tirar la toalla.

 

Conspiratismo:

“Es muy fácil resolver todo diciendo que es un complot”

 

Magistralmente delineado por Jesús Silva-Herzog Márquez el conspiratista: sabe que el mundo está controlado por los poderes malignos (…). Un sujeto todopoderoso maneja las cuerdas del mundo (…) todo lo que acontece es manifestación de una mano negra. Así al asumirnos como marioneta de “los poderosos” nada está en nuestras manos pues lucimos pequeños e impotentes ante las fuerzas superiores.

 

¿Cómo romper los círculos viciosos de las soluciones ensayadas que perpetúan nuestra irresponsabilidad? Haciendo las cosas de una manera diferente. Observar con detalle cada vez que le queramos echar la culpa a otros o poner en sus manos la solución de nuestros problemas. Dar la cara, tomar las riendas, asumir costos y decir “Yo fui, hoy Tete no vino”.

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