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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
La “lucha de clases” no se resuelve a madrazos
La CNTE es un tumor incubado por décadas de abandono, marginación y expoliación. Es el brote maligno del olvido al que hemos arrinconado a grandes sectores de la población combinado con recurrentes claudicaciones del poder público. No es casualidad que la CNTE tenga su caldo de cultivo en los estados y regiones más pobres del país.
Por Guido Lara
28 de agosto, 2013
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La resistencia recia, violenta y provocadora de los trabajadores de la CNTE es un problema serio y delicado que no tiene una solución sencilla. Es un cáncer avanzado que no se va a extirpar a quimioterapiazo limpio como quienes exigen el uso a rajatabla de la fuerza pública. Tampoco sanará con concesiones interminables que solo favorecerán el avance de la enfermedad hasta seguir alimentando su metástasis en el cuerpo social.

Con la insistencia en seguir desquiciando la Ciudad de México los maestros de la CNTE están haciendo evidente su decisión de escalar el conflicto. Tarde o temprano la fuerza pública tendrá que intervenir de una manera más decidida.

¡No está fácil pues! No hay una cura evidente y sencilla para combatir la enfermedad.

La CNTE es un tumor incubado por décadas de abandono, marginación y expoliación. Es el brote maligno del olvido al que hemos arrinconado a grandes sectores de la población combinado con recurrentes claudicaciones del poder público. No es casualidad que la CNTE tenga su caldo de cultivo en los estados y regiones más pobres del país.

Emanados de unas condiciones rebosantes en carencias, no debiera sorprendernos que sus postulados sean tan primarios, simples y radicalizados. Al mismo tiempo, no debe sorprendernos tampoco que, a pesar de sus evidentes limitaciones, mantengan métodos de lucha con los que han obtenido muy buenos resultados. De hecho los maestros oaxaqueños de la CNTE han privatizado en su beneficio y a su modo la educación básica en su estado. A los beneficios tangibles: plazas, sueldos, prebendas y prestaciones, ahora se añaden beneficios simbólicos como plantarse en el corazón de la patria, ser atendidos por diputados y senadores y ser noticia de primera plana y horario AAA. Engendrados en el olvido, seguramente tendrán una autoestima fortalecida por sus sobredosis de atención.

No podemos cerrar los ojos ante las penurias y carencias que la mayoría de ellos han vivido, pero al mismo tiempo no debemos solapar que su lucha sólo contribuya a reproducir las condiciones de atraso –educativo, económico, conceptual- en la que viven sus comunidades.

Antes de exigir “que les rompan la madre”, así a secas, detengámonos un poco a entenderlos en su auto-descripción… palabra por palabra:

“La CNTE es una organización de masas conformada por los trabajadores de la educación democráticos del país, independientemente de la burguesía y su estado, del charrismo sindical y de cualquier organismo político, es decir, no es propiedad de nadie más que de los propios trabajadores de la educación. Es un frente de clase, porque participan en ella trabajadores de la educación que aceptan el principio universal de lucha de clases, independientemente del color, sexo, credo religioso e ideología política; lo fundamental, es que estén dispuestos a luchar por sus intereses de clase, por la solución de sus demandas económicas, sociales, laborales, profesionales y políticas (…)”.

Los conceptos “lucha de clase”, “frente de clase” e “intereses de clase” están en la raíz del problema y son contra los que hay que dirigir las baterías. No sólo a nivel discursivo, narrativo, mediático o propagandístico sino fundamentalmente a través de acciones concretas, acuerdos, reformas, políticas públicas y programas sociales.

La única solución de fondo es embarcarnos en serio en la construcción de “un país de clase media” que incluya a todos en el desarrollo, algo contrapuesto a la utopía de la sociedad sin clases que popularizó la doctrina comunista para sólo trasladar el control y el dominio, ya no “a la burguesía y su estado” sino al aparato burocrático que se agandalló el experimento.

Hay que sustituir la centralidad del concepto “interés de clase” por el de bien común. Si cada clase (abajo y arriba) jala para su lado, sin incluir a la otra en sus planes, propuestas y demandas, lo único que seguirá sucediendo es profundizar la herida y el desencuentro. Si cada clase usa los recursos que tiene a la mano para salirse con la suya, unos con consignas, palos y bloqueos, otros con monopolios, abogados e influencias, al final del día la dinámica social se degrada a una disputa del tipo “a ver quien la tiene más grande”. Y si seguimos así, perdemos todos.

Tan intolerables como los bloqueos, intransigencias y agresiones con los que se manifiesta la CNTE nos debieran resultar las condiciones de miseria y exclusión en la que viven millones de mexicanos. Hay que acabar con ambas, pero esto requerirá tiempo, dinero, esfuerzo y mucha Política con mayúscula.

Vemos con preocupación que a la Política se le está juntando la chamba en estos momentos, porque a la aprobación de la reglamentación de la Reforma Educativa y la contención de la protesta se le pega, espalda con espalda, la discusión y procesamiento de la Reforma Energética y Fiscal.

La compresión del tiempo legislativo y la agenda de transformación lamentablemente dejan la mesa puesta para unir a miles y miles de inconformes en “pie de lucha”. El coctel puede ser explosivo, corre serios riesgos de radicalizarse y convertirse en trágico y sangriento. Para salir adelante se requerirá responsabilidad y prudencia de los liderazgos, inteligencia, generosidad, altura de miras y un uso prudente pero inevitable de fuerza pública que reduzca las manifestaciones violentas.

El gobierno del Presidente Peña y las fuerzas firmantes del Pacto por México están impulsando una agenda modernizadora relevante que ha activado serias resistencias y oposiciones, algunas con sentido, otras con el mezquino motor de defender un interés o privilegio; y otras sólo por el puro gusto de llevar la contra.

La “guerra de clases” enarbolada por el CNTE y otros movimientos sociales no se disolverán exclusivamente a madrazo limpio. Aquí la palabra clave será Legitimidad.

Concretar una agenda de modernización que legítimamente busque el bien común; incorporar demandas y ajustes legítimos a las reformas impulsados por los movimientos sociales; hacer uso legítimo de la fuerza pública para garantizar el orden en las calles y no afectar a terceros. Se dice fácil, hacerlo requerirá multiplicar talentos y sumar voluntades.

El Presidente dijo el lunes “este gobierno no vino a administrar sino a cambiar las cosas”, lo cual es una declaración de principios valiosa. Uno de los cambios fundamentales sería dejar de administrar movimientos sociales como los del CNTE y ya no contentarse con pastorearlos, concederles cosas y contenerlos, para dar paso a una ampliación de un trabajo político constante y de largo aliento que pueda incluirlos virtuosamente en el desarrollo de un México incluyente sin “guerra entre sus clases”.

Vienen días claves para el futuro de México.

 

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