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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
Ni palo ni zanahoria: impunes e ingratos
Dejemos ya de decir que el mexicano es corrupto por naturaleza. Lo nuestro no es un problema de esencias inmutables sino de sistemas corregibles y transformables.
Por Guido Lara
10 de abril, 2013
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 “Aquí no hay palo ni zanahoria”

El que hace daño casi nunca la paga y el que aporta casi siempre es ignorado. Cambiar nuestro sistema de castigos (palos) y recompensas (zanahorias) es la Cuarta Reforma estructural de nuestra Mente Social.

 

El problema es la impunidad, no la corrupción; la naturaleza humana es corrupta eso no lo vamos a cambiar, pero nuestro sistema es extraordinariamente impune”

1.    El problema es el sistema no nuestra “naturaleza”

Dejemos ya de decir que el mexicano es corrupto por naturaleza. Lo nuestro no es un problema de esencias inmutables sino de sistemas corregibles y transformables. El alma de un nigeriano, un vietnamita o un sueco no son diferentes entre sí, lo que cambia es el entramado de normas jurídicas y sociales dentro de las cuales viven.

Entre las múltiples oportunidades desperdiciadas durante los 12 años de gobierno panista destaca lo poco que se avanzó en el fortalecimiento de nuestro Estado de Derecho. Mientras que la creación del IFAI y la ley de transparencia abonan a favor de Fox, fue nociva la forma en que Calderón salió a dar golpes sin ton ni son, al estilo de un fajador de pelea de cuatro rounds de la arena Coliseo, en lugar de destinar la energía presidencial al fortalecimiento de las instituciones de procuración e impartición de justicia.

Esta debilidad institucional arroja escalofriantes datos sobre la impunidad. Aquí en Animal Político se ha comentado el informe “Seguridad y Justicia Penal en los Estados: 25 indicadores de nuestra debilidad institucional”, de México Evalúa, el cual desgrana, estado por estado, la alarmante situación que vivimos.

Es valioso revisar a detalle un informe que, entre otros datos alarmantes, nos dice que 8 de cada 10 asesinatos quedan impunes. ¿Hay algo más grave que matar a alguien y que quien lo haga tenga 80% de posibilidades de ir por la vida como si nada?

Otras mediciones destacan nuestra fragilidad institucional. Sólo 13% de las investigaciones del Ministerio Público son resueltas efectivamente; los penales tienen una ocupación promedio de 124% -ubicándose en niveles de hacinamiento-; y la confianza en la policía es raquítica: 7.6%.

 

“Cruzamos la fronterita y manejamos como doncella y todos lo hacemos porque le tienes miedo a la multa de 200 dólares. Allá en Estados Unidos sí hay reglas y consecuencias (…) A la primera o te embotellan o te corren”

2.     Titubeo y arbitrariedad para aplicar las normas

La aplicación titubeante, culposa e insegura de las normas genera múltiples problemas. Verdaderos esperpentos como los movimientos de maestros de Oaxaca o Guerrero, o la turba de microbuseros que asolan la Ciudad de México florecen a partir de una aplicación culposa de la ley. La negociación de la norma en aras de la disminución del conflicto sólo fortalece la conducta desviada.

Tomemos un ejemplo ilustrativo de una medida exitosa porque se aplica con mayor rigor que otras: el caso del alcoholímetro en la ciudad de México. Según estadísticas de la SSP-DF y del Servicio Médico Forense, en la ciudad un 40 por ciento de los accidentes automovilísticos está relacionado al consumo de alcohol. Mientras que en 2003 se reportaban 671 fallecimientos por esta causa, en 2012 se reportaron 97. Es decir casi 500 personas más al año están vivas por esta medida. Una de ellas podemos ser tú o yo.

Por eso es contradictorio y peligroso suavizar estas disposiciones con “medidas de arrepentimiento” como lo es ofrecer un Menú Navideño en el “Torito” donde “para la cena de Noche Buena, los detenidos podrán disfrutar de pavo en salsa de tamarindo con ensalada de manzana, macarrones con jamón y piña, dulce típico y ponche”. Manejar borracho es un delito, si manejamos borrachos podemos matar a alguien, ¡te cae que hay que ofrecer pavo en salsa de tamarindo!

Si los criminales manejan armas, los ciudadanos manejamos coches y camiones. El número de muertos anuales es equiparable. El fallido sistema penal se asemeja a un fallido sistema de convivencia cívica donde los ciudadanos no respetamos las señales, los semáforos, los carriles, al carro de al lado, a los peatones y a los ciclistas. En lugar de decirle al poli “¿y qué no habrá otra forma de arreglarlo?” entendamos ya que la verdadera forma de arreglarlo es que haya sanciones inevitables por infringir las normas.

 

 “En otros países los principales periódicos tienen una página fija para los obituarios. Esta establecido reconocer y agradecer las aportaciones de la gente”

 3.     ¿Y el reconocimiento apá?

Nos hacemos pendejos tanto para sancionar lo malo como reconocer lo bueno. Con la misma indiferencia con la que toleramos el no castigar, somos ingratos por no reconocer a aquellos personajes, instituciones o acciones que aportan a la sociedad y que nos ayudan a ser mejores. Grandes científicos, maestros,  empresarios o ciudadanos comunes como Esteban Cervantes Barrera, el héroe del Metro Balderas, merecen mayores reconocimientos. Solemos ser mezquinos. Cuánto nos cuesta reconocer las aportaciones de los demás y premiar a los compañeros o amigos que se lo merecen.

La ingratitud es la otra cara de una moneda -de cobre- que solemos mostrar como sociedad.

Los obituarios y los memoriales son exterminadores del olvido que debemos cultivar. En este sentido es de gran valor la iniciativa del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad de convertir la Estela de Luz en un memorial de las víctimas. Juan Villoro ha escrito un texto lucido, generoso y contundente a favor de la idea.

La Estela de Luz condensa muchas formas de impunidad: a) Una idea absurda: joder el sentido urbano del Paseo de la Reforma con un Arco que estropearía el remate visual del Castillo de Chapultepec; b) La aberración del arco es corregida aunque sea premiando una solución que no es un arco; c) La gestión del proyecto es incompetente y corrupta; d) El rotundo desperdicio simbólico de la celebración de nuestro bicentenario.

Por el otro lado, las victimas del período negro encabezado por Calderón merecen nuestra atención y solidaridad. Merecen su obituario y un espacio para la memoria.

Reitero, nada es esencial ni inmutable, está en nosotros cambiar, resignificar y asumirnos como sujetos en la resolución de nuestros problemas. La impunidad es el caldo de cultivo de nuestras peores pesadillas y lastres. La falta de sanciones y consecuencias vinculada a la ausencia de reconocimientos y premios se convierte en incentivo perverso.

Ser malos para castigar y malos para premiar es una falla sistémica. Las soluciones puntuales implican la multiplicación de los palos –sin albur- y al mismo tiempo la multiplicación de las zanahorias, esos estímulos positivos que recompensan las cosas buenas que la gente hace por los demás.

Reestructurar nuestro sistema de incentivos es la Cuarta gran Reforma de nuestra Mente Social.

 


Las lexias de este texto y de toda la serie “11 Reformas estructurales de nuestra Mente Social” provienen de grupos de discusión realizados para elaborar la ponencia presentada en el Congreso AMAI 2012. Agradezco la participación generosa de Luis Woldenberg, Rubén Jara, Francisco Abundis, Ricardo Barrueta, Javier Alagón, Toño Turueño, Paloma Altolaguirre, Erika Puente, Mireia Ginebra, Beatriz Juárez Hagen, Eduardo Pérez, Armando Pichardo y Claudio Flores Thomas.

 

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