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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
No te preocupes [email protected]
“La maestra está loca; ese jefe no está a tu nivel; ya encontrarás a alguien que te valore; quédate en la casa, aquí te planchamos tu ropa y te hacemos tus güevitos”. Cuando la familia se convierte en una manera de engañarse, un bálsamo para hacerse pendejos.
Por Guido Lara
5 de junio, 2013
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Si tienes pedos, la familia te hace el paro, te protege, pero genera una ola de mediocridad”

Entre los mexicanos, la familia es una de nuestras grandes fortalezas; sin embargo en muchas ocasiones se convierte en guarida del mundo y red de protección que dulcifica o solapa el fracaso personal.

No hablaré aquí de los casos evidentes de familias disfuncionales donde reina la violencia, el abuso, o la opresión; ni tampoco de aquellas otras caracterizadas por el abandono, la indiferencia y el distanciamiento.

Me quiero detener en aquellas familias mexicanas “ejemplares” que nos llenan de orgullo y bajo cuya sombra las personas se sienten felices y arropadas. Los estrechos lazos familiares de convivencia, afecto y apoyo son positivos, nos nutren, nos alegran y nos divierten pero, ¡cuidado! En demasiadas ocasiones pueden convertirse en una telaraña que nos apresa, o simplemente se transforma en una cómoda hamaca donde echar la fiaca mientras otros nos hacen la chamba.

En México nos sobra familia y nos falta autonomía personal y sentido comunitario. Para mejorar como personas y como sociedad necesitamos una vida con mayores equilibrios, esa es la Onceava Reforma Estructural de nuestra Mente Social.

 

“La familia es una manera de engañarse, era uno de los puntos que tenían a México unido, pero ahorita ya me parece un cuento, yo creo que ha sido un bálsamo para hacerse pendejos”

No te preocupes “mijito” o “mijita” (aquí no hay clara una cuestión de género): “La maestra está loca; ese jefe no está a tu nivel; ya encontrarás a alguien que te valore; quédate en la casa aquí te planchamos tu ropa y te hacemos tus güevitos”.

Ante los graves riesgos de desgarramiento y explosión en nuestra sociedad, la familia ha funcionado como el último hilado de nuestro tejido social. Gracias a la familia las condiciones de marginación, precariedad, abandono y soledad no son más graves en nuestro país. Eso hay que reconocerlo y apreciarlo.

Atenidos timoratos o trapecistas en el circo de la vida, tras fallar en los primeros pasos o el salto mortal, no nos estrellamos en el suelo porque la familia –nuclear y/o extendida- suele darnos su red de protección.

Millones de mexicanos hemos disfrutado las mieles de no estar solos y contar con una mano familiar que se tiende generosa para ayudarnos. El problema es cuando esta red se convierte en trampa o hamaca, y no en un trampolín. Cuando a la mano familiar, le tomamos el pie, el cuarto de al lado, las monedas del buró, el asiento en la mesa más la exigencia de ser ayudado, protegido o solapado sólo por ser alguien de la familia.

 

–          “Mamá, Pedrito es un inútil” – “Sí, pero es tu hermano”.

–          “Ya corrieron otra vez a Mabel” – “Ni modo consíguele chamba otra vez, recomiéndala de nuevo, yo le actualizo el currículo”.

–          “Irene cortó a Pepe porque la maltrataba” – “Golfa miope, seguro se lo merecía, tu primo es más guapo”.

 

Al son de “no te preocupes [email protected]”, millones y millones de diálogos como éstos se escuchan a diario en nuestras casas. Así la familia ya no sólo nos protege de los problemas sino de la realidad misma.

El gran éxito de “Nosotros los Noble” –la película mexicana más taquillera de todos los tiempos- es explicable porque conecta con una vena profunda de nuestra mente social al reflejar de manera muy divertida el tema de la familia mexicana como inagotable fábrica de inutilazos y parias. La película tiene una excelente realización, guion y caracterizaciones, pero de que le dieron al tema, le dieron.

 

“Es muy claro a qué edad dejan ir los gringos a los hijos de su casa y en México a qué edad se van los hijos de su casa”

A los mexicanos nos cuesta mucho trabajo entender y menos valorar la dinámica de las familias estadounidenses, la debilidad de sus lazos y el profundo “aislamiento social” a la que suelen tender dada su inclinación a establecer vínculos más funcionales –intereses– que emocionales –afectivos.

Estoy de acuerdo en que las familias mexicanas o latinas tienes mayor riqueza vital y emotiva que la típica familia estadounidense. Sin embargo, todo exceso es malo, y la saturación familiar en muchas ocasiones castra o anula las dimensiones de la autonomía personal y el sentido comunitario.

En el estudio “El liberal salvaje” encontramos un mantra para el mexicano: “Mi patria es mi familia”. Esto representa una desconexión severa con la marcha de los asuntos públicos: del barrio, la ciudad o el país.

Continuando con la comparación entre la sociedad estadunidense y la mexicana, es radical la superioridad de la primera en la forma en que atienden sus problemas comunitarios, su capacidad para organizarse y su dedicación a la generación de soluciones. Es cierto que los mueve menos el amor, que el pragmatismo, pero al final del día es una sociedad más eficaz. También son más propicios los espacios de libertad individual, sólo falta ver la rapidez con la que dejan el nido familiar para estudiar o buscarse la vida. La ecuación final en Estados Unidos es la de familias mucho más débiles pero individuos y comunidades más fuertes.

Preocupémonos cada vez que escuchemos el “no te preocupes [email protected]”, pues quizá estemos ante la puerta falsa de una protección precaria que nos impide ser mejores como individuos –libres y autónomos- y mejores como actores comunitarios – solidarios y responsables.

Corre la leyenda que tras la pérdida del reino de Granada, la madre de Boadbdil le dijo “No llores como una mujer lo que no supiste defender como hombre”. Aquí la paráfrasis que corresponde es “no lloremos en familia lo que no hemos sabido ganar como individuos y como ciudadanos”.


Las lexias de este texto y de toda la serie “11 Reformas estructurales de nuestra Mente Social” provienen de grupos de discusión realizados para elaborar la ponencia presentada en el Congreso AMAI 2012. Agradezco la participación generosa de Luis Woldenberg, Rubén Jara, Francisco Abundis, Ricardo Barrueta, Javier Alagón, Toño Turueño, Paloma Altolaguirre, Erika Puente, Mireia Ginebra, Beatriz Juárez Hagen, Eduardo Pérez, Armando Pichardo y Claudio Flores Thomas.

 

 

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