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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
¡Ojos que no ven… ni leen, ni averiguan!
Todo empieza por abrir los ojos. Observar nuestro entorno inmediato es un mecanismo biológico de supervivencia. Detectar peligros y encontrar oportunidades para la reproducción no se hace en la oscuridad. Ya hemos dicho que nuestro principal obstáculo para cambiar es nuestro increíble talento para hacernos pendejos.
Por Guido Lara
3 de abril, 2013
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— “Siempre es mejor leer que no leer, es mejor saber que no saber, pero parece que aquí en México no lo vemos así (…) — la ignorancia es hermosa, caray” (1)

 

Reestructurar nuestra actitud ante la dulce ignorancia es un paso indispensable para elevar nuestra capacidad de afrontar y resolver problemas. Es cierto: “el corazón que no ve, no siente”. El refrán pueda resultar sabio si queremos que las cosas sigan como están, pero se convierte en un consejo envenenado si lo que buscamos es la transformación.

Transmutar la ignorancia auto inducida en la búsqueda del conocimiento es la Tercera gran Reforma de nuestra Mente Social.

Todo empieza por abrir los ojos. Observar nuestro entorno inmediato es un mecanismo biológico de supervivencia. Detectar peligros y encontrar oportunidades para la reproducción no se hace en la oscuridad. Ya hemos dicho que nuestro principal obstáculo para cambiar es nuestro increíble talento para hacernos pendejos.

Una no cosa es no saber y otra No Querer Saber. No querer saber tiene varias manifestaciones:

1. No leer es no aprender

De lo poco que sí sabemos es que México ocupa deplorables lugares en todo lo que significa nuestra relación con la lectura. Les comparto algunos:

En México leemos un promedio de 2.9 libros al año (el promedio de los maestros es más bajo: 2.6% que el del conjunto). El promedio de libros al año leídos por los “ignorantes gringos” es 16.

El problema tiene la dimensión de una epidemia. Más de la mitad de los mexicanos no leemos ni un solo libro al año. Más de una tercera parte (35%) es virgen en cuanto a haberse osado a leer un libro completo en su vida. Dios no lo quiera.

Somos el último lugar entre todos los países de la OCDE en nuestras capacidades de lectura y comprensión.

Entre los países del mundo ocupamos la posición 37 en número de títulos publicados, muy por debajo de nuestro tamaño económico y demográfico.

La epidemia, que desde luego se concentra entre los sectores con menos recursos de la sociedad, también llega a las “elites” del país. El 28 por ciento de los universitarios no lee libros, fuera de los de sus clases o tenemos un Presidente de la República que más allá de su evidente talento político demostró con claridad en la FIL lo lejos que está del mundo de la lectura.

Gandhi, la principal librería del país, con excepción de Sanborns, ha hecho de esta debilidad el insigth fundacional para su genial y perdurable campaña de branding y posicionamiento (busquen en imágenes de google “Campaña Gandhi” y disfruten).

Nuestra repugnancia por destinar tiempo a la lectura nos aleja de los saberes que la humanidad ha ido construyendo con el tiempo: Dejamos de incorporar a nuestra vida cotidiana todo lo que la historia, literatura, psicología, derecho, ciencia política, etc. tienen que aportarnos para procesar y convertirnos en mejores personas, comunidades y empresas.

2. Dogmatismo y fanatismo

Tanto en lo político, lo religioso y lo social, el no querer saber le resuelve a la persona la penosa tarea de implicarse en la realidad y darle la cara a sus complejidades. Es más fácil comprar un dogma y un prejuicio y desde allí hablar, juzgar, imponer y actuar. Aferrarse a estas claudicaciones del pensamiento solo construye obstáculos para la comprensión, el dialogo y la transformación. La extrema derecha y la extrema izquierda suelen ser totalmente extremas en su ignorancia.

3. Decimos lo que pensamos, pero no pensamos lo que decimos

El nivel del debate, la calidad de argumentación, la relevancia de soportar las opiniones en los hechos son víctimas cotidianas de una actitud que prefiere la libertad de expresión por el puro gusto de expresarse. “Si la realidad no se ajusta al modelo, peor para la realidad”. No solemos expresarnos para compartir una opinión o intentar convencer, lo común es buscar imponerse y vencer. El no querer saber está en la base de esta sordera y ruido social.

4. Desechamos la principal herramienta de transformación

“La única herramienta de largo plazo y sólida es la educación, no tenemos los mínimos básicos para leer un texto, comprender, comunicarnos; ni principios aritméticos para poder manejar el mundo”

Durante mucho tiempo en México hemos confundido escolarizar con educar, ir a la escuela no es lo mismo que querer saber, no es lo mismo que aprender de verdad. Hemos llegado al colmo de movimientos de maestros oponiéndose a la enseñanza del idioma inglés, síntoma absolutamente ilustrativo de la vocación por no querer saber.

Analizar con detalle lo que pasa a nuestro alrededor, en nuestra familia, con nuestros amigos, en la escuela, en la calle, el trabajo es el punto de partida. Lo que sigue es leer, preguntarse, cuestionarse, ir a fondo y encontrar, por dolorosa que sea, la verdad de los hechos. Solo a partir de allí podremos iniciar todos los cambios que necesitamos.

 

(1)   Las lexias de este texto y de toda la serie “11 Reformas estructurales de nuestra Mente Social” provienen de grupos de discusión realizados para elaborar la ponencia presentada en el Congreso AMAI 2012. Agradezco la participación generosa de Luis Woldenberg, Rubén Jara, Francisco Abundis, Ricardo Barrueta, Javier Alagón, Toño Turueño, Paloma Altolaguirre, Erika Puente, Mireia Ginebra, Beatriz Juárez Hagen, Eduardo Pérez, Armando Pichardo y Claudio Flores Thomas.

 

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