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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
Orwelianas 2019: dos más dos es igual a cinco
El presidente se vanagloria de ser necio, pero en este concurso la Reina de la Necedad es la realidad. La realidad es mil veces más terca y sólo podrá transformarse con acciones inteligentes y bien diseñadas.
Por Guido Lara
26 de julio, 2019
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Los hechos físicos no pueden ser ignorados. En filosofía, o religión, o ética, o política, dos más dos pueden sumar cinco, pero cuando uno está diseñando una pistola o un avión, tienen que sumar cuatro. Las naciones ineficientes siempre fueron conquistadas tarde o temprano, y la lucha por la eficiencia fue hostil a las ilusiones”.

George Orwell (1984)

 

Estimados, tenemos un problema grave. Nuestro actual presidente no sabe sumar (es mucho mejor para dividir y para restar). No solo no sabe, no quiere, no se le da la gana y, lo más delicado es que pareciera que aspira a cambiar la realidad como por acto de magia solo con el poder de sus madrugadoras palabras. Ese es el voluntarismo y radicalismo del que habló Urzúa en su desesperado grito de auxilio – renuncia.

El presidente López Obrador tiene una conflictiva relación con la realidad objetiva y abiertamente patológica con el dinero. El dinero es malo, “lo bueno” es tener poco.

¿Alguien le podrá explicar que no puede haber pueblo rico con gobierno pobre? Que la riqueza de una nación se mide fundamentalmente por la calidad de los bienes públicos que puede producir: educación y salud, infraestructuras, seguridad pública, protección ambiental, justicia, programas sociales integrales, libertades.

En la práctica está declarando la guerra a las mediciones. Contra las calificadoras, contra el FMI, contra los analistas financieros, contra el Coneval, contra el Instituto Nacional de Evaluación Educativa. En su momento lo hará contra el INEGI como ya lo ha hecho sistemáticamente contra la institución encargada de contar los votos, el INE.

Lleva las de perder quien siempre tiene “otros datos”, sobre todo cuando estos son inventados o acomodados para que cuadren con sus deseos o sus argumentos. Datos que salen de la chistera de sus deseos y obcecaciones.

El presidente se vanagloria de ser necio, pero en este concurso la Reina de la Necedad es la realidad. La realidad es mil veces más terca y sólo podrá transformarse con acciones inteligentes y bien diseñadas no con rollos o buenos deseos.

Las torpes e irresponsables medidas que se han tomado en el campo económico ya han tenido serios impactos. Desde la absurda decisión de cancelar un aeropuerto ya avanzado, que seguiremos pagando sin obtener nada a cambio, hasta la destrucción sistemática de las capacidades institucionales del Estado, bajo la coartada de una austeridad republicana, son decisiones que nos están saliendo carísimas, exorbitantemente caras.

La novela 1984 de Orwell ha alcanzado trascendencia mundial por la profundidad de su análisis de la lógica autoritaria. Es hoy tan vigente como lo fue el día de su publicación en 1949. Uno de los signos fundamentales de control y dominio sobre la población consistía en desterrar y acabar con la percepción de la realidad objetiva. La realidad objetiva es la de los hechos, la que las palabras le hacen lo que el viento a Juárez.

Si se asegura que 2+2 es igual a 5, si la más elemental operación aritmética puede ser tergiversada y desconectada, ya lo único que queda es la voz del amo, la voz de quien te pregona qué es real y qué no. Por eso, la señal de que Big Brother había conquistado la mente de sus dominados consistía en que la persona no solo contestara, sino que en verdad creyera que dos más dos sumaban cinco.

Estimados, estamos en medio de dos grandes terquedades. La del presidente y sus ideas fijas, simplonas y caducas, enfrentadas a la terquedad de los problemas que nos aquejan: inseguridad, injusticia, pobreza, mala educación, servicios de salud precarios, pobre crecimiento económico, violencia disfrazada de crímenes pasionales.

En medio de estas terquedades estamos nosotros y lo que nos corresponde es defender que la realidad existe y que solo podremos salir adelante como país y como sociedad si hacemos de grito de lucha algo tan elemental como que ¡DOS MÁS DOS SON CUATRO! No hay otro dato.

@guidolara

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