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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
País de leyes ¡ja,ja,ja!
El poder autoritario atribuye la norma a los demás y se reserva para sí el azar. El azar de hacer lo que se le dé la gana, sin sujetarse a ninguna norma. La estrategia es acotar ese hacer, exigiéndole al poder que no se ponga por encima de la ley.
Por Guido Lara
20 de febrero, 2014
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Somos un país de leyes… que no se aplican.

En los escasos momentos en que sucede generalmente es a costa de quienes no tienen los recursos para evitarlo -en billete, mañas o conectes-.

En el reino de la desigualdad que padecemos en México, no habrá mayor igualador que un sistema de justicia que no haga distingos –a eso se refiere la idealizada ceguera de la justicia y no a jueces ojetes y ministerios públicos que no ven ni oyen lo que pasa a su alrededor. No es la ceguera de los monstruos de carne y hueso disectados magistralmente en el documental Presunto Culpable. Es la ceguera de un sistema judicial que se la aplica a todos por igual.

Es poco glamoroso, cool o altermundista pugnar por un Estado de derecho en el que las leyes se respeten; sin embargo, es el mejor camino para recomponer un tejido social en plena descomposición. Te explico mi punto.

El sociólogo Jesús Ibáñez identificó cuatro posiciones –actitudes y conductas- ante la ley: Conversa, Perversa, Subversiva y Reversiva.

Dos de ellas son Respuestas a la Ley. El Converso o “bien portado” que hace exclusivamente lo que la ley le ordena. El Perverso o “mal portado” que hace solamente lo opuesto a la ley. Ambos están sujetados por la ley, determinados y marcados por ella. Abdican de su libertad, son la cara opuesta de la misma moneda.

Las posiciones de Respuesta a la Ley, ya sean de un converso borrego o de un perverso patea-policías sólo contribuyen a reproducir el desastroso estado de cosas que vivimos. Sólo servirán para multiplicar hasta la náusea la realidad actual.

Dos son Preguntas a la Ley. El Subversivo cuestiona la ley, la pone entre paréntesis, cuestiona sus motivos y revisa sus fundamentos. Por su parte el Reversivo cuestiona, no sus fundamentos, sino sus respuestas, exige que la ley se cumpla y exige que la ley se ajuste a todas las situaciones.

Es cierto que la subversión puede sacudir los cimientos del statu quo, pero no es el único camino para el cambio y quizá ahora sea una opción menos productiva y regenerativa que la posición reversiva.

Sin renunciar nunca a la crítica y al cuestionamiento de las leyes, tanto a las codificadas en normas y reglamentos como a las codificadas en creencias y prejuicios, es importante privilegiar la actitud reversiva. Aquella que le dice al poder  y a los poderosos “Botellita de Jerez, todas las leyes que me aplicas, aplícatelas de una vez”.

El poder autoritario atribuye la norma a los demás y se reserva para sí el azar. El azar de hacer lo que se le dé la gana, sin sujetarse a ninguna norma. La estrategia es acotar ese hacer, exigiéndole al poder que no se ponga por encima de la ley.

Ahora que se han aprobado tantas y multicitadas reformas se abre una gran oportunidad para exigir que estos cambios legales aterricen en los beneficios con los que se han promovido: mejora de la calidad de la educación pública, mayor acceso al crédito, competencia electoral equitativa, aumento en la recaudación para inversión social, creación de riqueza al abrir competencia en energía y telecomunicaciones. Un seguimiento ciudadano minucioso y compulsivo para verificar que los beneficios prometidos por los nuevos marcos legales se hagan realidad será muy beneficioso para todos.

Pero más allá de las reformas está nuestra relación cotidiana con la ley. Es una relación problemática, no nos gusta y preferimos siempre darle la vuelta. Cuando eso ya no sólo lo hago yo sino que lo hace todo el mundo, el resultado es claro ¡welcome to the jungle!

Y en la ley de la selva, gana el más fuerte, el que menos consideraciones tiene con los demás. No el más civilizado, sino el más cabrón y desalmado… y pues así nos está yendo. Ganan los malos: de cuello blanco, de AK 47 o de autodefensa.

Ya sea por culpa histórica, “sensibilidad social”, cálculo político, corrupción o simple ineficiencia, vivimos en un país que tolera y alienta autodefensas, bloqueadores de avenidas, hooligans madrea policías, depredadores del erario, secuestradores teiboleros, asaltantes brutales, criminales en activo.

La aplicación titubeante, culposa e insegura de las normas genera múltiples problemas. Verdaderos esperpentos como los movimientos de maestros de la CNTE, la turba de microbuseros que asuelan la Ciudad de México o recientemente las nebulosas autodefensas michoacanas, fenómenos que se reproducen como hongos a partir de una aplicación culposa de la ley. La negociación de la norma en aras de la disminución del conflicto sólo fortalece la conducta desviada.

Un Estado de Derecho pleno es algo que nos vendría muy bien. Nos falta mucho para tenerlo, empecemos por entender que en lugar de mandar al diablo las instituciones es esencial construir unas al servicio de la gente.

Si hasta ahora casi nadie conoce a su legislador -aquel que se eligió para que haga las leyes-, ya ni hablemos del profundo desconocimiento y distancia de quienes cobran su sueldo por procurar e impartir la ley. Ministerios públicos y jueces a los que no conocemos, resguardados de la mirada pública. En México el poder judicial está en la sombra y eso no es bueno para nadie. Toca exigirles justicia.

 

Posdata: Perdonando la digresión, ésta fue la asignatura pendiente de un Presidente emanado de la Escuela Libre de Derecho que desperdició su mandato al privilegiar “entrarle a los guamazos”. Por ello reprobó las materias de Fortalecimiento Institucional, Procuración de justicia y un verdadero Estado de Derecho. Y en lo que respecta al presente, ¿qué peligros trae consigo la cooptación / “institucionalización” de los transgresores?

 

@guidolara

 

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