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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
Si no puedes con la realidad ¡evádela!
Si queremos llevar a cabo cambios estructurales en la realidad, ni modo, tenemos que pararle al desmadre permanente.
Por Guido Lara
17 de abril, 2013
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Somos maestros para darle la vuelta a la dura realidad. Hemos desarrollado mecanismos de defensa que nos permiten vivir la vida sin enfrentarla. La burla, la ironía, el chiste, el relajo saturan nuestra vida cotidiana. Hacer chistes sobre nuestras tragedias (San Juanico, Pemex, Temblor, etc.) nos permite sobrellevar nuestras desgracias.

Sin embargo, si queremos llevar a cabo cambios estructurales en la realidad, ni modo, tenemos que pararle al desmadre permanente. Equilibrar nuestra cotidiana vocación por la evasión emocional es la Quinta Reforma Estructural de nuestra Mente Social.

Somos muy relajientos, estoy seguro que un traductor gringo o japonés no sabrían como traducir esa palabra

El relajo, relaja, le quita rigidez a la realidad, la hace fluida. En un sentido positivo, puede servir para renovarla; en un sentido negativo le roe los cimientos, nos deja dando vueltas en círculo.

No se equivoquen, no estoy proponiendo que nos convirtamos en unos aburridos protestantes puritanos. Lo que más me atrae de lo suizo, es la ocurrente manera de bautizar unas enchiladas verdes gratinadas.

Disfruto, ejerzo y valoro el relajo. De hecho, creo que nuestro gusto por la fiesta, el humor  y el guateque no sólo nos dan una vida más plena y gozosa sino que puede brindarnos ventajas competitivas en materia de innovación, atracción de turismo, vitalidad urbana y desarrollo de industrias creativas (música, cine, gastronomía, etc.).

La irreverencia, el cuestionamiento, la ironía pueden ser mecanismos de renovación y creatividad muy fructíferos, siempre y cuando no sean lo único que hagamos todo el tiempo. Debe haber ocasiones para todo. Hay espacios, circunstancias y dimensiones donde se requiere la seriedad: para construir una relación de pareja, de amistad, profesional, comercial o política.

El desmadre permanente dinamita la confianza y sin ella todo es suelo pantanoso donde nada puede construirse.

¿Tienes el valor o te vale? Me vale

Hace ya algunas décadas, Jorge Portilla en su libro Fenomenología del Relajo describía como los mexicanos somos diestros en el arte de “la suspensión de la seriedad” y en la descalificación sistemática de todos los valores. Si la vida no vale nada, como cantaba José Alfredo, es comprensible que vivamos cotidianamente un relativismo donde nada es bueno o malo sino que todo “varea”. Esta crítica al relativismo moral no tiene carácter religioso y mucho menos se dirige a temas sexuales o cualquier otro que responda a libres elecciones de la vida personal. Aquí la crítica apunta a la necesidad de ser serios en determinadas esferas de la vida pública: la educación, el trabajo, la justicia, el gobierno.

El lema de comunicación de la campaña de Televisa ¿Tienes el valor o te vale? dirigido a llamar a la acción hacia conductas que refuerzan valores: honestidad, solidaridad, generosidad, etc., descansa en un insight contundente: en general “nos vale” (paradójica forma de afirmar lo contrario) y esa actitud desgasta el tejido social. El relajo constante es una negación pura y simple de valores, sin salida, sin movilidad, sin horizonte.

Las siguientes afirmaciones de mis colegas de la industria de investigación de mercados y opinión pública ilustran nuestras tendencias hacia la evasión:

“Los mexicanos preferimos ver novelas, ver deportes, películas y no vemos noticieros o programas de debate, no queremos pensar o racionalizar”

Ya sé, los mexicanos no somos marcianos, en todo el mundo las audiencias se enganchan con programación que favorece la evasión emocional. El problema es el desequilibrio y los ratings por debajo de lo normal de los contenidos “serios”. Si la tele sigue siendo el principal medio de información de la mayoría de la población y esta no sintoniza “lo serio”, entonces registramos un déficit para la construcción de una mejor sociedad.

La TV es el mejor esquema social para el escapismo. México es el país, en todo el mundo, en donde el número de televidentes invitados al hogar (guestviewers) es el más alto…”

Lo dicho, somos buenos para el desmadre y nos encanta estar en bola. Nos unimos más fácil para la evasión que para la acción ciudadana.

Sólo nos unimos cada cuatro años, cuando México gana un partido en el mundial (…) sólo somos mexicanos una vez al año cuando es el Grito”

Campeones mundiales para el desmadre, la diversión y la convivencia. Despresurizar así la olla de nuestros problemas sirve para no afrontar y modificar la dura realidad.

Nos falta valor: evadimos el conflicto

Mi amigo, el conflictivo Jorge G. Castañeda, en Mañana o Pasado: el misterio de ser mexicanos ha insistido en nuestra común aversión al conflicto. Le tememos al conflicto porque no hemos desarrollado recursos para manejarlo y evitar que el desenlace sea la derrota o los madrazos. Solemos pasar del silencio y la resignación a la explosión, al estallido violento o la fuga (“se fue como chacha”). Nos faltan capacidades para sostener una disputa, un argumento y lograr construir un acuerdo.

Es aquí otro terreno donde nos falla mantener el equilibrio. Damos bandazos, pues de un momento a otro, pasamos de la imposibilidad de llegar a un acuerdo a la uniformidad y la falta de contrapesos en la que se van diluyendo las alternativas –tal es la dinámica que está tomando el Pacto por México.

Coincido parcialmente con lo escrito por Heriberto Yépez en La increíble hazaña de ser mexicano. Dentro del capítulo “La raza cómica” (ironía sobre la ironía) señala: “La ironía no se da cuenta de su obediencia. Se cree subversiva. Pero es la esclavitud misma. La ironía es el descontento de los esclavos. No dice lo que piensa. No se atreve a decirlo tal cual. Lo insinúa. Lo sugiere (…) la ironía afirma lo que pretende negar. El mexicano, pues, al ufanarse de que enfrenta la vida con ironía y utiliza la risa irónica para sobrevivir, lo único que hace es creer que niega el sistema de cosas que, literalmente, afirma”.

Un irónico al 100% deja intacta la realidad al 100%. Poco aporta quien con tal de siempre “atacar la rigidez”  todo le viene guango o se la trae floja. Mi matiz es el siguiente: Ironía sí, pero no en todo ni para todo.

El problema no es echar desmadre. El problema es echar desmadre todo el tiempo, saboteando el cambio y la edificación de alternativas. Equilibrar nuestra relación con el relajo y la evasión emocional es la Quinta Reforma estructural de nuestra Mente social.

 


(1)   Las lexias de este texto y de toda la serie “11 Reformas estructurales de nuestra Mente Social” provienen de grupos de discusión realizados para elaborar la ponencia presentada en el Congreso AMAI 2012. Agradezco la participación generosa de Luis Woldenberg, Rubén Jara, Francisco Abundis, Ricardo Barrueta, Javier Alagón, Toño Turueño, Paloma Altolaguirre, Erika Puente, Mireia Ginebra, Beatriz Juárez Hagen, Eduardo Pérez, Armando Pichardo y Claudio Flores Thomas.

 

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