close
Suscríbete a nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
close
Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
Tenemos partidos políticos de kínder
Desde siempre, en México se ha privilegiado el acuerdo cupular, a puerta cerrada, en espacios pequeños y en lo oscurito. Sin duda, así es más fácil llegar a decisiones, especialmente las que convienen directamente a los presentes en la negociación.
Por Guido Lara
23 de noviembre, 2017
Comparte

En México los partidos no llegan ni a primaria.

Así es, hoy ninguno tiene elecciones primarias para elegir a su candidato presidencial. Difícil, si no imposible, tener una democracia fértil y representativa si no se ponen en práctica los más elementales principios y procesos democráticos.

Se habla mucho de partidocracia, pero realmente tampoco a eso llegamos. Si lo observamos bien, el proceso político no es dominado ni conducido por los partidos políticos. Quienes realmente hacen y deshacen son sus dirigentes, sus cúpulas o sus líderes supremos (morales o amorales).

¿Vivimos en una partidocracia? Definitivamente no. Nuestro sistema político es una oligarquía. Oligos quiere decir pocos, oligarquía es el gobierno de unos cuantos. Esto es una ¡Cúpulacracia¡(se oye feo verdad).

Desde siempre, en México se ha privilegiado el acuerdo cupular, a puerta cerrada, en espacios pequeños y en lo oscurito. Sin duda, así es más fácil llegar a decisiones, especialmente las que convienen directamente a los presentes en la negociación.

Con un manejo demoledoramente efectivo, el presidente Peña Nieto logró sacar adelante varias de las llamadas reformas estructurales, lo hizo al comandar eficazmente un ejercicio de cooptación de cúpulas partidistas que todos conocimos como el Pacto por México.

Pero una cosa es “gobernar” a las huestes de la oligarquía partidista y otra es hacerlo con un país con más de 120 millones de habitantes. Más allá de las reformas, los graves problemas de seguridad, corrupción, impunidad y desigualdad que vivimos siguen allí. Estos no se resolverán como por arte de magia gracias al voluntarismo de unos pocos sino a las acciones concretas y reales de miles, decenas de miles de ciudadanos y sus respectivas autoridades.

La clave del poder pareciera estar en ostentar una agandallada representación que simula una legitimad democrática que en verdad no se tiene.

El presidente Peña escogerá al candidato del PRI, Andrés Manuel López Obrador a sí mismo, los dirigentes de partidos agrupados en el Frente (PAN, PRD, Movimiento Ciudadano) están haciendo todo tipo de malabares para que Ricardo Anaya se quede con la candidatura, aunque también es cierto que en su proceso de “simulación” democrática están dejando abierta la rendija para que otros líderes jueguen a colarse y meterse de contrabando en la boleta. De los chiquipartidos no hay mucho que decir, sólo que parasitarán con quien sea más rentable a sus dirigentes.

La ausencia de democracia en la vida interna de los partidos es un factor explicativo del multitudinario torrente de personas que aspiran a obtener las firmas necesarias para ganar el derecho a llegar a alguna de las boletas electorales. Caso paradigmático es el de Margarita Zavala quien ocupaba una posición competitiva en una frustrada elección primaria que no se llevó a cabo al interior del PAN. Este partido había puesto el ejemplo a otros en sus procedimientos democráticos internos… ya ni ellos. El retroceso es generalizado.

De la misma manera que una democracia no funciona sin demócratas, nuestra democracia requiere que en los próximos ciclos se restituya la relevancia de democratizar la vida interna de los partidos. Debiera ser en el seno de la vida partidista que los representantes políticos identifiquen y discutan las ideas, propuestas, programas y liderazgos que necesitamos para tener un sistema político en el que quepamos todos y nos sintamos representados (hoy más de la mitad de los mexicanos no se identifica ni simpatiza con algún partido político).

El término médico “oligofrénico” se refiere a los sujetos con “poca mente”, aquellos que acusan un claro retraso mental. No es el caso de los líderes de las cúpulas partidistas. Son listos y vivos quizá pudiéramos decir que son Oligomiteras o dicho en castellano que tienen poca, muy poca madre.

 

@GuidoLara

¡Gracias por leer! Ayúdanos a seguir con nuestro trabajo. ¿Cómo? Ahora puedes suscribirte a Animal Político en Facebook. Con tu donativo mensual recibirás contenido especial. Entérate cómo suscribirte aquí. Consulta nuestra lista de preguntas frecuentes aquí.
Comparte