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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
To Trump or not to Trump (Primera parte)
¿Puede ganar Trump? La respuesta es sí.
Por Guido Lara
11 de mayo, 2016
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Ese es el dilema al que se enfrentará el electorado de Estados Unidos dentro de 6 meses. Será un semestre invadido y saturado -aún más- por lo que diga y haga Donald Trump, por lo que sus aliados y enemigos destaquen, machaquen y posicionen.

Inmersos en el mar de la confusión, mis amigos y colegas me preguntan: ¿puede ganar Trump? Me siento obligado a dar una respuesta certera. Es lo menos que se espera de alguien dedicado a la consultoría de comunicación basada en insights, con amplia experiencia en múltiples campañas políticas y viviendo desde hace unos años en Washington DC, observando la realidad social, cultural y política de los Estados Unidos.

La respuesta es Sí.

Si puede ganar, aunque sus posibilidades son muy bajas. Muchas personas tendrían que “cruzazulearla” (dícese de quien tiene el triunfo en la bolsa y hace toda para perderlo) para que esto sucediera, pero ¡cuidado! el balón está en juego.

Lo primero es entender los factores que han hecho posible que Trump se alce con la victoria en las primarias Republicanas.

Hay muchos ciudadanos enojados que idolatran a un líder enojado. Especialmente entre los simpatizantes republicanos que han sido “macerados” durante muchos años con una retórica antisistema, antiObama, antipolítica y casi antitodo, lo cual permite comprender como en algún momento de la carrera Trump, Carson y Fiorina –ninguno con experiencia en un puesto elegido por votación– tuvieran más de la mitad de las preferencias entre una sobrepoblada lista de 17 candidatos.

Un significativo número de votantes republicanos tiene muchas ganas de romper esquemas, romper reglas y, ya picados, hasta de romper madres (como es evidente con los indicios de violencia y brotes fascistas en algunos actos masivos de apoyo a Trump). Para conducir una energía disruptiva como esta, nadie mejor que un personaje totalmente iconoclasta que ha pulverizado no una sino mil veces las reglas de cómo se debe hacer una campaña política.

Para alguien que anda con ánimo de bronca, nada mejor que un líder que se pelee con todos, propios y extraños, que no tenga miedo a insultar, humillar, minimizar a quien sea. Difícil imaginar un personaje político más capaz que Trump para mentar madres y tirar madrazos. No le tiene miedo a nada ni a nadie: ni a los medios –amigos o enemigos–, ni a los líderes políticos de su partido, ni a los terroristas, ni a los líderes de otras naciones, ni a los donadores, ni a los cabilderos, ni al papa Francisco.

A los estadunidenses les gusta ganar y dominar. Una faceta no suficientemente explorada para entender el “Fenómeno Trump” es la construcción meticulosamente elaborada a través de los años de un personaje caracterizado como un gran triunfador. Tiene mucho dinero –él dice que tiene muchísimo más– alérgico a la modestia, vanidoso y presuntuoso hasta la caricatura, siempre proyecta una total confianza en sí mismo y una autoestima a prueba de kriptonita. Desde sus inicios, Trump entiende que “lo que no se ve no se cree”, por lo que ostentosamente pone su nombre a todo y en todo. ¿Hay algo más fálico y visible que la Trump Tower? También entiende que estar rodeado de signos de triunfo y poder –especialmente de mujeres guapas– es una corona de laurel que simboliza su éxito rotundo (basta ver las fotos de su hija, su actual esposa y su trayectoria como promotor de múltiples concursos de belleza).

Además de la creación de su personaje como triunfador, es muy marcado su discurso sobre ganar y perder. El mundo se divide en ganadores y perdedores. Paradójicamente él le está hablando con claridad a los perdedores de la transformación económica derivada de la globalización, el libre comercio y la mutación a una economía basada más en la información que en la industria. Les ofrece “make America great again”, dejar de perder y empezar a ganar a costa de quienes se han aprovechado de las derrotas de los trabajadores industriales desplazados. En su cosmovisión nativista y nacionalista, la inmigración ilegal, principalmente de mexicanos, los tratados comerciales y China con sus empresas, son los enemigos a los que hay que contener y aplastar como principio sine qua non para que los actuales perdedores empiecen a ver la luz.

Esta sociedad premia y se rinde ante la autonomía y los hacedores. Por un lado, al afirmar que él financia con su propio dinero su campaña y que, por lo tanto, no está sujeto a intereses económicos ajenos a su voluntad, lo hace ver muy diferente a todos los demás políticos en la contienda, quienes precisamente han ido construyendo su poder e influencia a partir de los tejes y manejes propios de la compleja red de donantes y cabilderos, quinta esencia del sistema político estadunidense.

Al mismo tiempo, en virtud de ciertos atajos cognitivos, a muchos electores les parece verosímil que si Trump sabe construir grandes torres, entonces debe tener las competencias para levantar un gran muro, si es rico por su actividad empresarial podría crear riqueza para su país, si escribió un libro “The art of the deal” quien mejor para negociar con los países del mundo y obtener condiciones benéficas para los Estados Unidos.

Los sistemas políticos en crisis. En todas las latitudes del planeta los mecanismos y sistemas de representación están crujiendo y están mostrando su incapacidad para canalizar y representar la energía política de su sociedad. Por eso son buenos tiempos para las opciones políticas que se presenten a sí mismos como “antisistema” y Trump sin duda es un antisistema de Manual.

Trump ha dominado, domina y dominará la agenda de la presente elección presidencial, tiene a su favor los factores mencionados además de las múltiples debilidades de Hillary Clinton como candidata y futura Presidente potencial. En la próxima entrega les compartiré como la capacidad destructiva de Trump sembró ya los gérmenes de su derrota.

 

@guidolara

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