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Mente Social
Por Guido Lara
Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de I... Guido Lara es Presidente Fundador de LEXIA. Doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo de la Ibero. Ha asesorado campañas presidenciales, diseño de políticas públicas, modelos de negocio, construcción de marcas y mensajes publicitarios. Experto en consultoría basada en insights para generar soluciones de mercadotecnia, branding y comunicación. A caballo entre la capital del imperio azteca y la capital del imperio “yanqui”. Con su mirada de analista e intérprete de lo social nos pone un espejo para reflejarnos en las realidades, distintas pero ya no distantes, de México y Estados Unidos. (Leer más)
Una idea justa y mil formas de echarla a perder
La idea justa, justísima, de "primero los pobres" está siendo auto boicoteada por una larga lista de desprecios que auguran un fracaso estrepitoso. Es fundamental corregir el rumbo y clausurar caminos que nos llevan directo a hoyos aún más hondos que los actuales.
Por Guido Lara
20 de febrero, 2019
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México es un país injusto y lo es especialmente con millones de pobres, marginados, excluidos y olvidados.

El mantra Primero los Pobres no solo es justo sino también necesario. Aquí radica la inmensa fuerza de la figura de AMLO y la 4T, su arraigo popular y su base social. En lo personal comparto plenamente la idea y su centralidad para ser un mejor país. No me preocupan los planes de entregar dinero a los más necesitados, lo que preocupa es que solo se piense en eso y en destruir todo lo demás.

Que valioso es que las grandes mayorías, quienes han sido las perdedoras de siempre, estén en el centro del discurso público y aparentemente se pretenda convertirlas en las principales beneficiarias de la acción gubernamental. México será un mejor país si logramos construir una sociedad más pareja e incluyente.

Lamentablemente esta idea justa, justísima, está siendo auto boicoteada por una larga lista de desprecios que auguran un fracaso estrepitoso. Es fundamental corregir el rumbo y clausurar caminos que nos llevan directo a hoyos aún más hondos que los actuales.

La lista de desprecios es larga:

Desprecio por la verdad: si los hechos no cuadran con mis ideas fijas, peor para los hechos. Si yo miento, está bien, lo hago por un fin superior.

Desprecio por la Sociedad civil: desconfiar de los miles de ciudadanos que desde diversas trincheras buscan un mejor país, organizándose, movilizándose, proponiendo, es un reflejo mesiánico propio de alguien que no quiere una iglesia con otros santos. Meterlas a todas en un mismo saco y acusarlas de conservadoras es mezquino para decir lo menos.

Desprecio por la historia reciente: el México contemporáneo transitó de un sistema de partido único a una democracia representativa que costó sangre, sudor y lágrimas. La actual historia oficial es propia de las monografías que recortábamos y pegábamos en cartulinas. Se quiere hacer historia omitiendo y deshaciendo la historia del último cuarto de siglo.

Desprecio por la democracia: utilizada para llegar al poder, pero no fortalecida en sus principios e instituciones. Una democracia kleenex, utilitaria y transaccional. Buena cuando gano, mala cuando pierdo. Erosión del INE y de todo lo que obstruya mí voluntad.

Desprecio por los contrapesos: los contrapesos me estorban, pero sin autonomía de poderes y sin entidades reguladoras autónomas el resultado es la dictadura.

Desprecio por la movilidad social: aspirar a salir de la pobreza es indigno, es propio de traidores a su clase, lo bueno es la pobreza digna, pobres pero honrados.

Desprecio por lo ciudadano: el concepto Pueblo (uno solo, la masa,) sustituye al concepto de Ciudadanos (personas libres, responsables de construir la ciudad, la vida colectiva). Necesitamos ciudadanía no clientelas.

Desprecio por las reglas del sistema financiero: voluntarismo kamikaze que tira el dinero de todos por el escusado. Que caro nos está saliendo. La premisa equivocada “mejor lo quemó a que se lo lleve alguien”. Descalificar a las calificadoras es pelearse con la cocinera. Nos va a caer algo más que orina en nuestra sopa. Debilidad financiera y devaluaciones en el horizonte, eso no es bueno para nadie.

Desprecio por la creación de riqueza económica: estigma a la actividad empresarial y a la obtención de beneficios. El dinero bueno es el que se recibe estirando la mano, el dinero malo es el que se gana en una empresa. Si no se atraen inversiones, ni se crean fuentes de trabajo, ni se obtienen ganancias para reinvertir no habrá mecanismos de redistribución que alcancen. El dinero no es gratis.

Desprecio por los impuestos como herramienta distributiva: se prefiere destruir y recortar que subirle impuestos a quienes tienen mayores posibilidades de contribuir.

Desprecio por la crítica: no importa si quienes disienten lo hacen con buena intención y mejores argumentos, si me critican los descalifico y los mancho.

Desprecio por el mundo: no se que pase allá afuera y la verdad me tiene sin cuidado. Arriba la libre determinación de los pueblos, como México no hay dos. Los beneficios de la globalización, si es que los hay, nos caerán por osmosis (no necesitamos ni aeropuertos de primer mundo, ni promoción turística ni atracción de inversiones, adiós CPTM, adiós ProMéxico).

Desprecio por la transparencia: es suficiente decir que se tiene la conciencia tranquila y gastar dinero público sin licitaciones.

Desprecio por la ciencia: colocar a la cabeza del Conacyt a alguien que esgrime conceptos tan anticientíficos como “soberanía científica” (el conocimiento es universal) y que ve en Cuba un ejemplo a seguir en materia de desarrollo científico (Solicitud de patentes 2016/17, Cuba 10, Alemania 37 mil, Japón 93 mil, Estados Unidos 113 mil, etc.).

Desprecio por la educación de calidad: se confunde escolarizar con aprender, asistir a la escuela o entrar a la universidad no transmite por arte de magia el conocimiento. Solo con buenos planes de estudio, maestros mejor preparados, evaluaciones exigentes y modelos pedagógicos innovadores podremos formar ciudadanos empoderados y agentes económicos que contribuyan a crear una sociedad próspera.

Desprecio por el estado de derecho: es el estado que menos se visita.

Desprecio por la ley: se sustituye el respeto a las leyes por homilías en nombre de la moral. Lo inmoral es querer imponer una moral determinada a 130 millones de personas. Hacer realidad la consigna “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie” es la única moral republicana pertinente.

Desprecio por las reformas estructurales: descalificación de los avances logrados hacia un México mejor preparado para crecer y desarrollarse en el siglo XXI. Que no hayan sido suficientes no las descalifica, hay que atender lo desatendido, no destruir lo construido.

Desprecio por la competencia: ser leal es más importante que estar preparado y ser competente.

Triste y angustiosamente la lista de desprecios y desperdicios continúa, es muy larga.

Si la propuesta de Primero los Pobres es justa, correcta, necesaria, loable, fundamental lo que nos toca a los ciudadanos es defender lo bueno que hemos construido y transformar lo mucho que nos hace falta por hacer. Hoy el reto es más grande que ayer.

 

@guidolara

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