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México ¿cómo vamos?
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México ¿cómo vamos? es un esfuerzo constante y continuo de un grupo plural de expertos en econ... México ¿cómo vamos? es un esfuerzo constante y continuo de un grupo plural de expertos en economía y política pública, cuyo objetivo es definir metas para crecer y generar empleos a través del seguimiento puntual a diversos índices de coyuntura económica. Buscamos aportar a la discusión de los temas más importantes para la agenda del país así como coordinar los esfuerzos realizados por los diferentes actores para maximizar el impacto de las políticas públicas. Estamos convencidos que debatir y dar seguimiento a los temas que se consideran fundamentales para el país contribuirá a lograr el crecimiento y los empleos que todos queremos. (Leer más)
Herramientas para enfrentar la crisis actual y las fuentes del estancamiento previo
La crisis actual está enmarcada en los cambios que generaron el estancamiento de 2019. Los efectos de una política fiscal contracíclica serán pequeños, a menos que consideremos reducir impuestos.
Por Felipe Meza Goiz
24 de marzo, 2020
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Quiero distinguir entre dos problemas, y soluciones: el estancamiento de 2019, y las crisis del coronavirus y petrolera de 2020.

Comenzando con la situación actual, por el lado de la caída en el precio del petróleo, hace unos días el Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, dijo que realizar nuevas subastas de campos petroleros no tiene sentido dados los precios actuales. En el corto plazo es obviamente cierto que una empresa petrolera tendría poco interés en invertir en estos momentos. No queda claro si el secretario Herrera dejaba abierta la posibilidad de rondas futuras, aunque justamente el 18 de marzo el presidente López Obrador dijo que terminó la etapa privatizadora en el sector petrolero.

La caída del precio se debe al rompimiento del oligopolio petrolero internacional, en particular a la disputa entre Rusia y Arabia Saudita. El segundo país tiene poder de mercado y aumentó la producción para hacer caer los precios, tratando de forzar a que el oligopolio continúe sosteniendo precios altos. Ambos países tienen economías petrolizadas, y por tanto sus finanzas eventualmente resienten bajos precios. Entre mayor sea su duración más costosa será esta guerra. Por eso pienso que será de duración corta, de lapso menor o igual a un año.

Mi lectura del problema de salud internacional es que habrá un máximo en el número de contagios a partir del cual los efectos nocivos caerán. Adicionalmente, las empresas farmacéuticas están trabajando en el desarrollo de una vacuna. Yo esperaría una crisis de salud severa, que dure este año. Espero una crisis económica internacional profunda que también durará un año.

Tenemos una coyuntura muy grave, pero con dos choques que son temporales.

Concentrándome en la coyuntura, México está sufriendo choques tanto de oferta como de demanda. Reportes periodísticos señalan que la industria manufacturera mexicana está sufriendo escasez de insumos provenientes de China, lo que representa un choque de oferta. Por otra parte, la recesión que se avecina en Estados Unidos implica una caída en el gasto en exportaciones mexicanas, lo cual constituye un choque de demanda. Simultáneamente, en México también hay un choque negativo de demanda pues está cayendo el gasto en los sectores de transportes y de servicios como turismo, restaurantes y espectáculos masivos. Los choques negativos tanto de oferta como de demanda implicarán crecimiento negativo para este año. Varias instituciones financieras están pronosticando crecimiento negativo en varios puntos porcentuales, algo no visto desde la Crisis Financiera Internacional de 2008.

Los choques negativos de demanda pueden ser contrarrestados en cierta medida por la política fiscal. La situación es compleja. El primer punto a tener en cuenta es que el gobierno actual puso como restricciones durante la primera mitad del sexenio no hacer cambios ni aumentos en impuestos, y no aumentar el tamaño de la deuda pública (con respecto al PIB). El segundo punto es que para este año Hacienda hizo cálculos con el supuesto de crecimiento de 2%. Si ya a principios de año los analistas esperábamos crecimiento de 1% o menos, ahora es imposible que se cumplan las cuentas hechas por Hacienda, ante la expectativa de crecimiento negativo. El tercer punto es que las medidas anunciadas hasta ahora por Hacienda para hacer frente a la crisis implican romper la promesa de no más endedudamiento. El secretario de Hacienda ha dicho hasta esta semana que planean acelerar el gasto y el pago a proveedores. El subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, ha dado información adicional, mencionando que se puede relajar el objetivo de superávit primario de 0.7% del PIB para este año. Es decir, la brecha de ingresos por encima de egresos públicos (ignorando el pago de intereses de la deuda) sería menor. Es de esperar una fuerte caída en la recaudación este año. Si el gobierno mantuviese sin cambios el nivel de gasto con respecto a lo programado, entonces tendríamos un menor superávit. El problema con eso es que un menor superávit, o puede ser inclusive un déficit, implicaría un aumento en el cociente deuda pública/PIB. Eso es inconsistente con las restricciones autoimpuestas sobre la política fiscal al principio del sexenio.

Rompamos por un segundo esas restricciones. Supongamos que el gobierno decide endeudarse más para llevar a cabo mayor gasto público, haciendo una política fiscal contracíclica. Esto tendría un efecto positivo sobre el crecimiento. Pero el efecto sería pequeño. La razón es simple. Dentro del PIB, el Consumo de Gobierno es una fracción pequeña, aproximadamente 9%. La Inversión Pública es aún más pequeña, de menos de 2.5% (una promesa de campaña no realizada es un aumento en la Inversión Pública a 5%). Por tanto, aún si el Consumo o la Inversión de gobierno aumentan, el efecto es pequeño pues está ponderado por pequeñas participaciones en el PIB. Paréntesis: mayor inversión pública complementaria a la privada tendría mayor efecto a mediano plazo.

Tendría mucho mayor efecto positivo una reducción en impuestos que un aumento en el gasto. La razón es que la base de los principales impuestos representa una fracción grande del PIB: en el caso del ISR la base es (la fracción sí gravada en la Ley de) el ingreso del sector formal, y en el del IVA es todo el gasto excepto en medicinas y alimentos (tienen tasa cero).

Finalmente, consideremos que una política fiscal contracíclica de gran impacto requeriría un crecimiento del cociente deuda/PIB que será difícil financiar ante la salida de capitales de México. Habría que ser muy cuidadosos para tener certeza de la magnitud del aumento implicado en el cociente. Un pronóstico acertado de la caída del PIB durante 2020 sería fundamental.

La crisis actual está enmarcada en los cambios que generaron el estancamiento de 2019. No estoy diciendo que no hagamos política fiscal contracíclica. Sí digo que sus efectos serán pequeños, a menos que consideremos reducir impuestos. Si no reducir, una opción es posponer su pago, lo que proporcionaría liquidez a personas y empresas. Además de lo anterior, una herramienta poderosa que tiene el gobierno actual para salir más rápidamente de la coyuntura es revertir decisiones de política económica. Hay que relanzar NAIM y Reforma Energética. Los precios del petróleo son muy bajos hoy, pero consideremos que tomará muchos meses la planeación y el relanzamiento de subastas de campos de petróleo. El gobierno también tiene que dar total certidumbre a la inversión nacional y extranjera. Si el gobierno quiere tener suficientes recursos para financiar sus programas sociales, ese es el camino que propongo.

* Felipe Meza Goiz (@analisismacro) es profesor del ITAM e investigador del CAIE en temas de política monetaria, macroeconomía internacional y productividad. En 2009 recibió el Premio Kenneth J. Arrow para Economistas Junior por Berkeley Electronic Press. Recibió el 2ndo Lugar en el Premio Banamex de Economía 2015. Obtuvo su licenciatura en Economía en el ITAM y su Doctorado en Economía en la Universidad de Minnesota. Es experto de México, ¿Cómo Vamos?

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