La Moneda Digital de Banxico: retos y riesgos
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La Moneda Digital de Banxico: retos y riesgos
El grado de aceptación de una moneda digital en México dependerá de qué tan fácil puede utilizarse para comprar, vender, ahorrar y hacer transferencias. Su introducción puede traer importantes beneficios sociales, pero es necesario atender los riesgos que puede acarrear. 
Por Pablo Cotler
22 de febrero, 2022
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Por medio del documento Estrategias de pago del Banco de México, vine a saber que Banxico estudia la posibilidad de introducir una moneda digital. Es una noticia importante pues puede ser una valiosa palanca para elevar tanto la inclusión financiera como el impacto que tiene la política monetaria sobre la actividad económica. Sin embargo, los mecanismos para lograrlo conllevan la posibilidad de una profunda transformación del sistema bancario e importantes riesgos para Banxico.

Hay tres motivos fundamentales por los que diversos bancos centrales examinan la posibilidad de introducir una moneda digital. El primero es hacer más fácil el movimiento del dinero. Piénsese por ejemplo en los ahorros que se obtendrían al no tener que utilizar aviones y camiones blindados para llevar efectivo a los distintos rincones del país. La digitalización ayuda además a combatir las transacciones ilícitas pues permite identificar el origen y destino de los flujos de dinero. Finalmente, una tercera razón es para evitar el surgimiento de monedas digitales y sistemas de pago administrados por el sector privado. Con ello, la autoridad busca asegurar la estabilidad del sistema financiero y el control sobre el sistema de compensación y liquidación de las transacciones financieras. Además, al mantener el monopolio, se asegura de seguir contando con instrumentos que le permitan modular el crecimiento del gasto privado en aras de lograr la estabilidad de precios.

Bajo los estándares actuales, en México, la única manera para introducir una moneda digital en la economía es a través de los intermediarios financieros, lo cual implica que sus clientes deben estar dispuestos a utilizarla.  Esto es, debe haber una demanda por dicha moneda digital.  ¿La hay?, ¿logrará desplazar en un corto plazo al billete físico? Lo dudo. Entre aquellos que están plenamente integrados al sistema bancario, el uso de transferencias electrónicas es algo ya común. Desde una computadora o por medio de un celular que cuente con una aplicación proporcionada por un banco, se hacen millones de operaciones digitales diariamente. En este sentido, para este grupo poblacional, la moneda digital no representa un gran valor agregado. Por otro lado, para aquellos que no poseen una cuenta en alguna institución financiera (aproximadamente el 65% de los adultos en México), la demanda por la moneda digital sería baja pues sus celulares no tienen instalado un sistema de mensajería electrónica que les permita conectarse a la infraestructura del sistema de pagos electrónicos interbancarios (SPEI).

Un mecanismo para generar una demanda por la moneda digital sería que Banxico creara cuentas digitales para todos los ciudadanos. Con ello, esta institución podría en un inicio hacer transferencias monetarias no reembolsables como forma de familiarizar a la población con el uso del dinero digital y así empezar a disipar el miedo que seguramente muchos tendremos a dejar de recibir dinero en forma física.

Tratándose de cuentas digitales sin costo para los usuarios con los que se pueden hacer y recibir pagos y transferencias, la pregunta que eventualmente surgirá es ¿cuál es la utilidad de tener una cuenta de depósito en un banco?  Ello se verá acelerado cuando recordemos que las cuentas de exigibilidad inmediata que ofrecen los bancos pagan tasas reales negativas y su uso entraña el pago de diversas comisiones. Siendo administrador de por lo menos cincuenta millones de cuentas digitales (cifra que no considera a las personas que actualmente tienen una cuenta bancaria) y siendo éstas donde el gobierno debería depositar las transferencias sociales, Banxico bien podría convertirse en un serio competidor en el mercado de depósitos al por menor. Mas aun, en caso de que la banca comercial no hiciera importantes modificaciones, podemos terminar en una situación en la que los bancos abandonen este mercado -decisión que algunos bancos en México ya parecen haber tomado.

Así, en lugar de ser prestamista de última instancia, ahora Banxico se convertiría en prestamista de primera o quizás de segunda instancia -pues sigue estando presente la liquidez que los bancos puedan obtener en el mercado. En dicho caso, las instituciones bancarias observarían un incremento en sus costos de fondeo, pero enfrentarían menores costos regulatorios y administrativos asociados a la captación del ahorro privado. Piénsese tan solo que la necesidad de contar con 16 mil sucursales bancarias y 58 mil cajeros automáticos se reduciría de manera importante.

Al no participar en el mercado de depósitos al menudeo, los recursos de la banca se volcarían a los mercados de crédito, lo cual ocasionaría una mayor competencia.  Más aún, el abandono del mercado de depósitos podría conducir a que se redujeran las barreras a la entrada que actualmente enfrentan las instituciones no bancarias. Esto es, este cambio estructural podría implicar una mayor competencia que puede derivar en menores tasas activas de interés.

Un segundo factor disruptivo que surgiría con la aparición de la moneda y las cuentas digitales radica en la posibilidad de lograr que aumente el impacto que tienen los cambios en la postura monetaria de Banxico sobre el gasto del sector privado. Así, por ejemplo, el banco central podría alterar la tasa de interés que paga por los depósitos digitales y con ello afectar directamente la dinámica de gasto de las personas y empresas. Además, el banco central estaría en capacidad de acompañar los cambios en la tasa objetivo con transferencias monetaria, lo cual puede tener impactos ambiguos sobre el bienestar.

El rumbo aquí descrito no está exento de riesgos. Los más obvios son la amenaza a la privacidad y nuestra vulnerabilidad que se origina en la falta de conocimiento tecnológico. Empero, estos riesgos ya existen. Sin embargo, la ruta aquí trazada acarrea un nuevo e importante riesgo: un mayor poder del banco central puede dar lugar a ineficiencias, distorsiones y a la pérdida de su autonomía.  Al convertirse en el principal proveedor de liquidez, el banco central puede influir en qué instituciones financieras florecen y cuáles no.  Por otro lado, al administrar las cuentas digitales, la autoridad monetaria tendría mayores grados de libertad -respecto de las que tiene el gobierno- para hacer transferencias. Estas dos características podrían tener repercusiones políticas que condujeran a una situación donde el gobierno reclamara la conducción del banco central.  Con ello, la injerencia política en la conducción del banco central se acentuaría.

Desconozco cuándo Banxico empezará a hacer pruebas para conocer el grado de aceptación que tiene la moneda digital, lo cual dependerá de qué tan fácil puede utilizarse para comprar, vender, ahorrar y hacer transferencias. Su introducción puede traer importantes beneficios sociales, pero es necesario atender los riesgos que ella puede acarrear.

Pablo Cotler (@PabloCotler) es Profesor-investigador del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana-Ciudad de México y experto México, ¿cómo vamos? Correo: [email protected]

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