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Migraciones
Por Pedro Gerson
Pedro Gerson es abogado migratorio y penal en el Bronx, Nueva York. Trabajó en el IMCO, el gobie... Pedro Gerson es abogado migratorio y penal en el Bronx, Nueva York. Trabajó en el IMCO, el gobierno federal y fue profesor universitario en México antes de irse a trabajar en pro de los migrantes en Estados Unidos. Extraña a México todos los días, así que si lo van a ver llévenle tortillas y queso Oaxaca. (Leer más)
El trumpismo como la nueva causa perdida
Con el respaldo del supuesto fraude, el trumpismo tiene un enemigo que puede encauzar sus energías y hacer que el monstruo conspiracional crezca. No importa que el fraude no ocurrió, el enemigo es todo aquel que lo fraguó.
Por Pedro Gerson
12 de enero, 2021
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Pretendía aprovechar esta primera columna del año para apuntar cuáles son mis expectativas en materia migratoria para la administración de Biden. Iba a explicar por qué en el corto plazo no preveo muchos cambios (en resumen, el coronavirus), y por qué en el mediano plazo creo que los cambios serán muy incrementales y mesurados (políticamente la reforma migratoria es muy problemática). Sin embargo, me parece que el atentado del miércoles 6 de enero ha cambiado el panorama político y cultural de Estados Unidos de tal forma que cualquier análisis de la futura administración de Biden debe de empezar con lo que pasó en el Capitolio.

Esto no es solo porque durante los primeros meses de su administración Biden estará enfocado en qué hacer acerca de Trump y los aliados que afanaron la insurrección, sino porque el alcance legislativo y de política pública estará demarcado por una nueva realidad política: la de la “causa perdida”.

A lo largo de la historia ha habido varias “causas perdidas”. Estas son fantasías colectivas que se basan en mentiras acerca de derrotas nobles a manos de traidores, y que se han utilizado para forjar movimientos políticos muy peligrosos que terminaron en tragedia. Ahora bien, la historia no es teleológica, la creación o existencia de una mentira histórica no necesariamente lleva a la catástrofe (en realidad, todos los países inculcan mitos históricos). No obstante, las causas perdidas nos deben servir al menos de advertencias para entender nuestro presente.

Hay tres causas perdidas muy famosas. La primera fue cuando los franceses perdieron la guerra Franco-Prusiana de 1870-71. Con esta derrota nació en Francia el “revanchismo”, ideología nacionalista basada en recuperar las pérdidas territoriales de ese país. Este movimiento político y cultural influyó la política nacional durante décadas y fue un factor que impulsó la Gran Guerra de 1914. Quizá más conocida es la “leyenda de la puñalada por la espalda”, según la cual la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial fue el resultado de una traición interna política y no una consecuencia militar. Esta mentira, de orígenes antisemitas, sirvió para desacreditar al gobierno de la posguerra (la República de Weimar), y eventualmente fue utilizada como parte de la propaganda Nazi que llevó a Hitler al poder en 1933.

Por último, y más pertinente a lo que estamos viendo en Estados Unidos hoy, está la causa perdida de la Confederación de Estados Unidos. De acuerdo a esta teoría, el Sur en la Guerra de Secesión no estaba peleando para preservar la esclavitud sino para proteger una cultura y forma de vida. Así es como se construyó el mito de que la Confederación no estaba en el lado incorrecto e inmoral de la historia. Este argumento ayudó a detener la Reconstrucción (el periodo después de la guerra en el que se implementaron medidas para erradicar la esclavitud) en 1877, tan solo 12 años después del final de la guerra de secesión. Según los sureños, siguiendo la teoría de la causa perdida, la Reconstrucción era la imposición de una cultura del Norte y una violación a la autodeterminación del Sur. En realidad, la Reconstrucción era un movimiento igualitario en pro de la justicia racial. La causa perdida de la confederación permitió que el sur ignorara esto, detuviera la Reconstrucción y edificar un sistema de segregación racial que existió jurídicamente hasta 1965 (y que en muchos sentidos perdura hoy).

La nueva causa perdida es Trump (o el Trumpismo). El supuesto fraude electoral es el mito de derrota noble, que afana un movimiento enraizado en una ideología etno-nacionalista. Apoyar a Trump es estar en contra del liberalismo, del comunismo, del socialismo, del cambio social, y -lo más importante- de una democracia multiracial. Con el respaldo del supuesto fraude, la nueva causa perdida, esa ideología tiene un enemigo que puede encauzar sus energías y hacer que el monstruo conspiracional crezca. No importa que el fraude no ocurrió, el enemigo es todo aquel que lo fraguó.

Así como sucedió con las anteriores, esta nueva causa perdida puede cambiar la realidad política en los años que vienen. En el corto plazo significa que el cálculo político para cualquier política pública ya no es si hay votos para pasar una legislación o implementar algún programa, sino cómo esa medida puede incidir en el movimiento nacionalista. Los eventos de este miércoles mostraron que ese movimiento está armado y organizado, y que hay millones de personas y más de 120 legisladores que lo respaldan.

Esto quiere decir que al menos en el corto y mediano plazo no hay condiciones para una reforma migratoria profunda. Al fin y al cabo, el tema migratorio lleva siendo una papa caliente en la política estadounidense por más de 50 años y si el Trumpismo es algo, es anti-inmigrante. Si la nueva administración quiere tener cuidado de no radicalizar a más gente en favor de la causa perdida es probable que la reforma migratoria tenga que esperar.

@elpgerson

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