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Por Martha Cristiana
Bruja madre de 4 y abuela de 1. Actriz (Casa del Teatro, STI, NYU y The Barrow Group-NY). Ha prod... Bruja madre de 4 y abuela de 1. Actriz (Casa del Teatro, STI, NYU y The Barrow Group-NY). Ha producido, dirigido y escrito cortometrajes. Pinta. Da pláticas acerca de equidad de género a través de sus historias y tiene un TEDTalk. Rufiana -su alterego- es opinóloga. (Leer más)
Mi clóset no tiene ni puertas ni nombre
Aunque no soporte las etiquetas, me urge saber qué chingados soy y que quiero mi denominación con inicial incluida en el letrero universal de LGTB…
Por Martha Cristiana
27 de julio, 2017
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Creo que el “hilo conductor” de todas mis historias están relacionadas con la libertad, precisamente porque me las doy de voladora de Papantla cuando en realidad le he entrado duro a los esquemas preestablecidos durante una buena parte de mi vida.

He estado en situaciones castrantes infinidad de veces, con personas que se enamoran perdidamente de mi “libertad de espíritu” y luego es justo eso lo que les jode la vida, cosa que los empuja a amarrarme a la pata de la cama más cercana con urgencia .

Eso que les parece tan atractivo al principio les resulta amenazador conforme van ganando terreno en mi corazón, porque los miedos afloran siempre que dejamos entrar la voz de la conciencia colectiva que inventaron los deberías y los hubieras.

Eso sí a la hora de la pedidera, todes queremos que nos manden un ser pensante, interesante, que traiga algo especial a la mesa , con cualidades profundas y pensamientos frescos, que sean agentes de cambio para que nos aporten de todo un poco: desde misterio, o seguridad, un proyecto de vida, sentido del humor, sexo de características x o cualquier expectativa con la que cada uno le entre al tema del emparejamiento emocional…

Estamos tan enfocados en la lista de cualidades que debe tener el/la/los/las que deberá conquistarnos, que no nos detenemos a pensar qué aportamos nosotros a la ecuación. ¡Cuéntame! Qué es eso tan magnífico que tú tienes que ofrecer como para que esos [email protected] [email protected], simpá[email protected], [email protected] y [email protected] que le pides al “universo” se fijen precisamente en ti. O sea, de toda la oferta que hay allá afuera y TÚ estás convencide de que ese humano de quien se tiene que enamorar (como de película) es de ti…

Bueno, pues muy bien.

Una duda namás: ¿De qué platicas? ¿De qué te nutres? ¿Qué te gusta leer? ¿Qué tema te apasiona como para generar una conversación de horas que le llene el alma a cualquiera? ¿Te sabes reír a carcajadas? ¿Coges como los mismísimos Ángeles? ¿Te gusta el arte? ¿La ópera? ¿Bailar salsa? ¿La poesía te toca las fibras más sensibles? ¿Qué talento tienes? ¿Eres trabajador/ra o estás esperando al/la millonetas para que te mantenga? Ó sea ¿cuál es tu oferta, vamos?

No me malinterpreten, pedir esta muy bien, pero la clave de la belleza de la vida no está ahí. El misterio de la plenitud está en “yo doy”, no en “yo pido”.

También vivimos en un mundo donde ciertas estructuras de pensamiento se colapsan por segundo, pero en donde prevalecen unas ironías bien elementales. Por un lado estamos los que pensamos que la “tolerancia” es una vil mamada, pues quién chingados nos creemos que somos como para “tolerar” las inclinaciones sexuales del prójimo #PonTú.

Pero por el otro lado resulta que aunque vivimos un momento en donde hay mayor apertura para temas de este tipo, seguimos con las etiquetas a todo lo que da. A todo le queremos poner un nombre. Todo lo queremos clasificar y acomodarlo en una cajita que nos de comprensión/paz.

Hay lesbiana, gay, transexual, transgénero, bisexual, buga, heterosexual, pansexual, etc. Sentimientos encontrados porque entre menos etiquetas haya me parece mucho mejor, pero también me pasa que me siento uber excluida y tampoco me gusta (doña contradicciones pa servirle a usté y a Dior *ojitos en blanco).

Hay un título para todes menos para aquellos que somos indefinidos.

A mí me gusta mucho ser indefinida porque mi universo de posibilidades no se puede comprender en una simple etiqueta.

PERO que lo que soy no tenga un nombre que describa bien la modalidad me hace sentir que no pertenezco a ningún grupo, que no tengo denominación…

Me he enamorado hasta hoy de hombres, todavía no me he enamorado de una mujer; sin embargo, han habido mujeres que me han atraído {mucho} a lo largo de mi vida. Me he besado con varias y he tenido algún qué ver por ahí.

Me cagan los motes de heteroflexible, porque eso no es ni medianamente lo que me ocurre. A mí me enamoran en el terreno de las ideas; en el paraíso del pensamiento. Y aunque hasta el momento han sido hombres mis tres amores, no descarto la posibilidad de que un día pueda ser de una mujer. Eso desprograma -a veces- a la banda, sí, pero también me he llevado gratas sorpresas con personas que yo pensaba que eran cerradas y resultaron ser bien progres.

Estuve 16 años con un hombre que lo sabía y que no se sintió jamás amenazado por eso. Tengo una relación con uno que lo sabe y no creo que le quite el sueño, y bueno, los más progres con el tema son mis cuatro hijos.

Eso me llena de orgullo.

Son hombres los cuatro y ninguno me juzga.

Se dice fácil, pero educar a cuatro chavos para que fluyan con apertura en una sociedad machista y paternalista a más no poder tiene su gran mérito.

A la conclusión que llego es que, aunque no soporte las etiquetas, me urge saber qué chingados soy y que quiero mi denominación con inicial incluida en el letrero universal de LGTB…

Eso y que cada quien se dedique a crecer y a expandirse para ser una aportación grata e interesante en la vida del hombre/mujer/quimera o perro con el que se le hinche tener una relación amorosa.

 

@marthacristiana

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