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No hay derecho
Por Catalina Pérez Correa
Abogada, socióloga y antropóloga del derecho. Profesora - Investigadora de la División de Estu... Abogada, socióloga y antropóloga del derecho. Profesora - Investigadora de la División de Estudios Jurídicos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Preocupada por las formas en que las normas, las estructuras y los procesos legales discriminan. En contra de los fundamentalismos. A favor de una sociedad más equitativa, libre, y sustentable. Contacto: [email protected] (Leer más)
¿Intimidad para presos?
Por Catalina Pérez Correa
14 de noviembre, 2011
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El mes pasado participé en un seminario organizado por la Suprema Corte de Justicia para comentar algunos textos de Carmen Juanatey, profesora de la Universidad de Alicante. Carmen habló del derecho a la intimidad de los presos. Decía que, si bien era inevitable admitir que el derecho a la intimidad de los presos se ve afectado por el hecho mismo de cumplir una pena privativa de la libertad, ésta afectación no puede aceptarse como absoluta.

Carmen relataba un caso en España, en el que autoridades penitenciarias habían cateado una celda por sospechar que uno de los internos -de los dos que ocupaban la celda- tenía contrabando. Las autoridades no habían encontrado nada entre las pertenencias del sospechoso, pero habían encontrado, en cambio, algunos dibujos que hacían burla del director del penal entre las pertenencias de su compañero de celda. El dueño de los dibujos impugnó el cateo como violatorio de su derecho a la intimidad y el Tribunal Superior Español le concedió la razón concluyendo que “en un contexto como el penitenciario, en el que la intimidad de los internos se ve necesariamente reducida por razones de organización y de seguridad, toda restricción añadida a la que ya comporta la vida en prisión debe ser justificada, a fin de preservar un área de intimidad para el mantenimiento de una vida digna y para el desarrollo de la personalidad (…)”.

Carmen decía, entre otras cosas, que era importante establecer reglas claras para la realización de cateos en celdas y para la revisión de personas: previa notificación al interno afectado, siempre y cuando pueda hacerse sin que ello perjudique a la finalidad del registro; realización del cateo en presencia del reo; la comunicación posterior de su resultado, salvo que concurran circunstancias excepcionales de seguridad, orden del establecimiento o de tratamiento que lo desaconsejen, debidamente motivadas.

A esto le respondí que tenía poco sentido hablar de la intimidad de los y las presas en las cárceles mexicanas donde se alojan, en algunas celdas, a 16 personas donde hay lugar para 6, y en dónde, además hay carencias de insumos tan básicos como agua potable, alimentos, ropa, comida, cobijas, papel de baño o medicinas. Incluso, recuerdo, mencione los tristemente célebres vampiros -hombres que duermen amarrados con sábanas a las rejas de las celdas porque no caben acostados en el piso.

Mi posición cambió cuando, en una visita reciente a un reclusorio, las internas me relataron que la noche anterior a mi visita les habían realizado revisiones a las celdas. Durante el cateo, todas las internas fueron sacadas de sus celdas y obligadas a permanecer hincadas y agachadas durante varias horas de la madrugada. Una de ellas, una mujer mayor de edad, se quejaba del frío y el dolor que había sentido durante las horas que duró el cateo. Otra me contaba que les gritaban si levantaban la cabeza para mirar. “¿Qué van a encontrar, si aquí no tenemos nada?”, me dijo cuando le pregunté sobre los resultados del operativo.

El 9 de noviembre, la prensa nacional reportó la realización de un cateo y el traslado de varios presos, en un penal de Acapulco. En este operativo acudieron 200 policías federales, 83 marinos, 250 policías estatales, 35 policías municipales, tres agentes del Ministerio Público federal, cuatro Ministerios Públicos del fueron común y cinco perros. Según el diario El Universal, el operativo inició a las 23:35 horas y culminó aproximadamente a las cinco de la mañana. La mayor parte de las notas que reportaron el incidente se enfocaron en denunciar la enorme cantidad de contrabando que fue encontrado dentro el penal durante el cateo: televisiones de plasma, videojuegos, botellas de alcohol, armas, marihuana, gallos de pelea, etc. Por cierto, dentro del “contrabando” decomisado se contó a 19 mujeres, inicialmente calificadas como sexoservidoras, que después resultaron ser esposas de los presos y que pagaban hasta $100 pesos para, con todo e hijos, pasar la noche en el penal con sus parejas. Poco se dice sobre la forma en que se llevó a cabo el cateo, sobre qué sucedió con los presos que fueron trasladados o sobre la forma en que estos fueron trasladados.

El hecho de que otros derechos sean cotidianamente violentados en las cárceles de nuestro país no hace menos el problema que plantean los cateos y traslados de reclusos. Estos son una realidad, y también una necesidad, en los centros penitenciarios. También lo son las visitas de familiares, los registros de éstos para entrar a los penales, las visitas conyugales, etc. Sin embargo, existen importantes vacíos legales sobre el tema. Hoy los reclusorios parecen territorio de nadie y los presos son la versión moderna del homo sacer.

Nuestro modelo penal está sustentado en la existencia de centros penitenciarios que reinsertan a los ofensores a la sociedad. Más allá de lo problemático que resulta la idea de reinserción social -idea que he criticado repetidas veces-, tanto nuestro sistema penal como el penitenciario están diseñado con esa finalidad. Según nuestro modelo es en los reclusorios donde se concretiza la “justicia” penal. No ver lo que ahí sucede es como salirse del cine justo antes del final de la película.

La operación de los reclusorios debe ser compatible con la reforma en curso: una reforma que propone menos iniquidades en el proceso y menos excesos por parte de la autoridad. Como ha sostenido el Ministro Valls, nada se va a alcanzar en la reforma del sistema de justicia penal si en el sistema penitenciario se violan derechos fundamentales sistemáticamente. Si insistimos en sistemáticamente violentar a quienes queremos convencer de un cambio de vida, difícilmente lograremos el objetivo.

El día de ayer, el vocero del gobierno estatal de Guerrero, Arturo Martínez Núñez anunció más cateos “sorpresa” a penales de la entidad para detectar corrupción. Veremos que nos muestran dichos operativos sobre el estado de los reclusorios y también, sobre el respeto de los derechos fundamentales de quienes se encuentran ahí.

 

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