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Por Catalina Pérez Correa
Abogada, socióloga y antropóloga del derecho. Profesora - Investigadora de la División de Estu... Abogada, socióloga y antropóloga del derecho. Profesora - Investigadora de la División de Estudios Jurídicos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Preocupada por las formas en que las normas, las estructuras y los procesos legales discriminan. En contra de los fundamentalismos. A favor de una sociedad más equitativa, libre, y sustentable. Contacto: [email protected] (Leer más)
La guerra de Calderón desde la psicología social
Por Catalina Pérez Correa
16 de julio, 2012
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Hace unas semanas asistí a conferencia impartida por Tom Tyler, psicólogo y profesor de la escuela de derecho de la Universidad de Yale. Tyler es conocido por sus estudios sobre la legitimidad y su crítica al los enfoques instrumentalistas, aquellos que sostienen que el cumplimiento de la ley depende de incentivos como los castigo y los premios o del uso de la fuerza. Según su teoría, la legitimidad de las instituciones y de las autoridades, la creencia de que algo es correcto y, la percepción de que otros sí cumplen con las normas (reciprocidad) son factores que explican la obediencia del derecho, en mayor medida que los premios y los castigos. La probabilidad de ser castigado, o la severidad de los castigos, influyen muy poco en la conducta de las personas o en su disposición a obedecer las normas. Tyler demuestra que las estrategias que buscan logar el cumplimiento de las normas a través de las amenazas resultan caras, ineficientes y muchas veces generan lo opuesto a lo que buscan. Es decir, generan resistencias y actitudes de no cumplimiento hacia las normas y hacia la autoridad.

En su charla de hace unas semanas, Tyler intentaba responder a la pregunta de por qué, siendo el enfoque instrumentalista poco eficiente y poco efectivo, seguía siendo tan dominante entre los gobernantes. En su plática, dio varias respuestas a esta pregunta. Aquí menciono algunas que me parecen útiles para reflexionar sobre la guerra en la que nos embarcó Felipe Calderón durante su sexenio y, sobre todo, en su resistencia a rectificar el camino a pesar de toda la evidencia de que su estrategia ha sido un fracaso.

Una primer respuesta que dio Tyler es que el modelo instrumentalista casa fácilmente con nuestras preconcepciones de cómo funciona el mundo. En las experiencias personales y cotidianas, las personas percibimos las amenazas como efectivas. Vemos en el día a día que, si una autoridad nos da instrucciones directas, obedecemos; y olvidamos que inmediatamente después volvemos al incumplimiento. Quienes están en el poder -como la generalidad personas- asumen que las amenazas son efectivas (frecuentemente más de lo que son) y adoptan un modelo instrumentalista para garantizar que otros cumplan. En otras palabras: el instrumentalismo resulta atractivo para entender cómo funciona el mundo, aunque no refleje como funciona en realidad.

Una segunda respuesta es que el modelo instrumentalista es psicológicamente atractivo porque mantiene intactas preconcepciones sobre la capacidad, buen carácter y seguridad de quien toma decisiones. Según estudios en psicología, las personas en general, pero los líderes en particular, suelen tener una percepción exagerada sobre su propia capacidad y buen carácter. Si una persona está convencida de ser más capaz y tener mejor carácter que otros y, si además esa persona está convencida de que está segura y sin riesgos, resulta natural que quiera concentrar y controlar las decisiones. El modelo instrumentalista facilita la concentración y manejo vertical de las decisiones, lo que le sienta bien a los gobernantes.

Lo interesante, pensando en la estrategia de Calderón para erradicar las drogas, es la actitud que asumen quienes tienen una percepción exagerada de su propia capacidad. Según Tyler, estas personas, suelen tomar riesgos y asumir estrategias más complejas de lo que realmente son capaces de solventar. El resultado es que se colocan (y junto a ellos a muchos otros) en situaciones que no pueden manejar exitosamente. Más aun, una vez que una persona con exagerada autoestima se encuentra en una situación que no puede manejar, tiende a invertir más y más recursos en la misma estrategia, en lugar de revisar sus resultados y retractarse. En raras ocasiones cuestionan su (falta de) capacidad para explicar las dificultades que enfrentan.

Sobre el buen carácter, Tyler dice que las personas, en general, percibimos a los demás como menos morales que nosotros. Solemos pensar que otros están menos motivados por valores justos o buenos que nosotros y más animados por razones egoístas. En consecuencia, pensamos que tenemos mejor calidad moral para tomar decisiones. Para quienes están en posiciones de poder, el modelo instrumentalista facilita la imposición de los valores (buenos) de uno a otros (que elegirán según sus propios intereses y no según lo que es correcto).

Por último y sobre la seguridad, Tyler sostiene que las autoridades que tienen control sobre los recursos (sobre todo sobre los recursos de la fuerza pública) suelen sentirse seguros y protegidos, lo que los lleva a tomar decisiones riesgosas que en situaciones normales no tomarían.

Escuchando la plática de Tyler, no podía más que pensar en la guerra contra las drogas que emprendió Felipe Calderón: una guerra imposible de ganar, cuestionable moralmente y que ha puesto en riesgo a la población mexicana en general. Desde la psicología social se explica (parcialmente) la insistencia de Calderón y su equipo en una “estrategia” fallida (si a estrategia llega); su voluntarismo al creer que pueden moldear (principalmente por la fuerza) las acciones de otros; la descalificación a quienes les critican, y sobre todo, la siempre creciente dilapidación de recursos financieros y humanos a lo largo del sexenio. Se explica, además, la división retórica del mundo entre ellos (los buenos) y sus antagonistas (los malos) o sus críticos (corruptos o débiles). Esperemos que el nuevo gobierno sea, por lo menos, más humilde al enfrentar un tema tan delicado.

 

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