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Aristóteles, la escuela y los derechos
La escuela en México ha sido abiertamente negligente respecto de su función catalizadora de ciudadanía. El imperativo escolar ha sido que las y los niños aprendan siempre sobre matemáticas, pero nunca sobre los derechos que deberían poder ejercer. Que apunten siempre sobre español, pero nunca sobre las instituciones políticas que deberían poder activar. Que en clase de historia repitan ad nauseam los nombres de hombres muertos, pero nunca que discutan sobre cómo las relaciones históricas los atraviesan y jerarquizan.
Por Raúl Carlín
28 de junio, 2021
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Cuando Aristóteles escribió La Política, casi 2500 años atrás, afirmó que existen tres principales relaciones de poder que atribuyó a la naturaleza: el amo es superior al esclavo, el varón es superior a la mujer, y el adulto es superior al niño. De ahí que, a partir de la naturalización de estas tres relaciones asimétricas de poder, el hombre adulto que se ostentaba como amo fuese el andrós en la Grecia antigua. O dicho de otro modo, el sujeto con acceso a lo político.

Las dos primeras relaciones políticas a las que Aristóteles se refirió como naturales han sido desnaturalizadas en Occidente —que no desmontadas— a lo largo, sobre todo, de los siglos XIX y XX, respectivamente. El amo no puede ser superior al esclavo porque la esclavitud, por lo menos en términos formales, ha sido abolida. El hombre no puede ser superior a la mujer, por lo menos en lo que a la letra de la ley respecta. Sin embargo, no les hemos concedido aún capacidad jurídica plena a todos aquellos individuos que no son considerados adultos. Les hemos excluido así de nuestra validación humana.

Desmantelar esta tercera relación de desigualdad trasciende a la escuela, pero transita por ella. Sin embargo, el sistema educativo en México, con independencia de los consabidos déficits que carga consigo desde hace décadas y que solo se han agudizado a raíz de la pandemia, continúa obviando hasta hoy —como lo ha hecho siempre— el rol que la educación debería jugar en una democracia en ciernes como la nuestra.

En principio, es en las aulas donde el conocimiento se manifiesta y se produce y se comparte. Además, asumiendo un entendimiento integral de la educación, deberíamos aspirar a que esta sea también un catalizador de ciudadanía. Es decir, un mecanismo que convierta a las y los niños en ciudadanos de cuerpo entero que se reconozcan a sí mismos como titulares de derechos, que sean capaces de exigirlos, de deliberar, de saltar a la palestra y de participar en la cosa pública.

Por el contrario, la escuela en México ha sido abiertamente negligente respecto de su función catalizadora de ciudadanía. El imperativo escolar ha sido que las y los niños aprendan siempre sobre matemáticas, pero nunca sobre los derechos que deberían poder ejercer. Que apunten siempre sobre español, pero nunca sobre las instituciones políticas que deberían poder activar. Que en clase de historia repitan ad nauseam los nombres de hombres muertos, pero nunca que discutan sobre cómo las relaciones históricas los atraviesan y jerarquizan.

Si bien las múltiples violencias a las que están expuestos los niños, niñas y adolescentes en nuestro país responden a condiciones estructurales que sobrepasan las posibilidades que tiene la escuela de desarticularlas por sí sola, es también cierto que no tendremos una sociedad de derechos, sino hasta que tengamos a su vez una escuela de derechos, que eduque políticamente a la niñez y a las juventudes.

La escuela mexicana será el nuevo Ágora en donde las y los estudiantes —independientemente de su edad—, y no solo el andrós contemporáneo, tengan la posibilidad de redefinir colectivamente el rumbo de sus comunidades en la medida en que las decisiones que tomamos en su nombre les afectan directamente. O no será.

Y yo confío en que Aristóteles está rotundamente equivocado.

* Raúl Carlín (@DesVieuxTemps) es Coordinador de Proyecto Nuevo Maestro, Embajador de MY World México y va #EnBola con Nosotrxs. Abogado, músico, activista por los derechos humanos y un apasionado de la educación.

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