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CIDE, autonomía y libertad académica
Tras la reforma ilegal al Estatuto, el CIDE podrá ser dirigido por primera vez en décadas por personas ajenas al claustro académico y designadas de espaldas a la comunidad.
Por Javier Aparicio
7 de febrero, 2022
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Los acontecimientos de los últimos meses en el CIDE son graves, no solo por lo que este golpe significa para la vida interna del centro, sino por lo que esta especie de modus operandi representa para otras instituciones de educación superior en México. El asedio al CIDE es representativo de la política de ciencia y tecnología que ha venido implementando María Elena Álvarez-Buylla, directora general de Conacyt, a contrapelo de la comunidad académica del país y con el visto bueno de Palacio Nacional.

Esta ha sido la secuencia reciente de eventos. En agosto pasado, el director general del CIDE presentó su renuncia cuando le faltaba más de un año en su cargo. Poco después, Conacyt designó al doctor José Antonio Romero Tellaeche, profesor de El Colegio de México, como director interino. ¿Acaso ningún académico del CIDE merecía la confianza de Conacyt?

A las pocas semanas de su llegada, el director interino destituyó de su cargo a Alejandro Madrazo, director de la Sede Región Centro del CIDE, porque sus opiniones en favor de colegas con cátedras Conacyt le parecieron inaceptables. Más adelante, el 16 de noviembre, Romero destituyó a Catherine Andrews, secretaria académica del CIDE. Ella defendió la normatividad aplicable en la evaluación de profesores investigadores, hecho que Romero consideró un acto de rebeldía.

Podría pensarse que quizás lo anterior se trataba de simples malentendidos. Sin embargo, el plan de trabajo de José Romero como aspirante a director general despeja dudas. Allí se sugiere que el CIDE es una institución afectada por años de “pensamiento único” y “neoliberal”, con serias deficiencias en su “pluralidad temática, epistemológica e incluso ética”. En cuanto al Sindicato de Personal Académico –una institución difícilmente neoliberal–, su plan lamenta que los profesores del CIDE hayan decidido crear un sindicato en 2019 para “unirse para proteger sus intereses”. El mismo documento critica que muchos profesores del CIDE hayan estudiado posgrados en el extranjero y hagan esfuerzos por publicar en “revistas especializadas de alto rigor científico e impacto internacional”. Al presentar su plan de trabajo ante la comunidad, sugirió que el profesorado incurría en “prostitución académica”. Pero los problemas del CIDE van más allá de sus profesores: el documento sugiere, además, que nuestros egresados son incapaces de “entender y atender los problemas sociales del país” y lamenta que solo persigan su “éxito personal”.

Esta situación se agravó el 29 de noviembre pasado, cuando la directora del Conacyt violó el Estatuto General del CIDE al designar como director general a José Romero sin permitir que el Consejo Directivo del CIDE votara a favor o en contra de la propuesta. Cabe destacar que el Consejo Directivo es el órgano de gobierno del CIDE y consta de 14 integrantes: Conacyt; Banco de México; INE; El Colegio de México; las secretarías de Educación Pública, Hacienda, Energía y Economía; el Fondo de Cultura Económica, y cuatro consejeros a título personal. Conacyt niega la ilegalidad de esta designación, pero tras más dos meses de haber ocurrido, no se han hecho públicos ni la grabación ni el acta de la sesión.

Pero aún hay más. El 24 de enero pasado, Conacyt propuso ante la Asamblea General de Asociados del CIDE reformar el estatuto del centro en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, para que el Consejo Directivo del CIDE solo tenga que “tomar conocimiento” de la designación de director general que haga el Conacyt, en vez de tener que someterlo a votación. Y, en segundo lugar, para que la Secretaría Académica del CIDE, el segundo cargo directivo más importante en la institución pueda ser ocupado por académicos externos al centro.

Una vez aprobadas estas reformas, el Conacyt puede designar de manera unilateral a cualquier director general sin someterlo a consideración del Consejo Directivo. A su vez, el director puede designar a un secretario académico externo y ajeno a la comunidad del CIDE. Es decir, la reforma establece una vía rápida para controlar a un centro público de investigación de manera unilateral y unipersonal, a espaldas de las opiniones de estudiantes, trabajadores y profesores.

La reforma a los estatutos parecería un gran atajo para controlar al CIDE, con la salvedad de que Conacyt violó otra vez el Estatuto, pues este establece que el Consejo Académico, el máximo órgano colegiado interno, tiene la facultad de “conocer y aprobar toda modificación a los Estatutos de la Asociación, previo a su sometimiento por el Director General al Consejo Directivo y a la Asamblea General” (art. 42, fracción V).

Aunque Conacyt insista en lo contrario, el CIDE no es meramente una oficina paraestatal, sino una asociación civil que, de acuerdo con la normatividad vigente, cuenta con autonomía de decisión técnica, operativa y administrativa, y cuyo funcionamiento está regido por cuerpos colegiados internos y externos. Si un centro público de investigación como el CIDE en realidad puede ser controlado por una sola persona, ¿para qué dotarlo de un Consejo Académico y un Consejo Directivo en su Estatuto? La directora de Conacyt ha afirmado que la reforma de los estatutos fue un “ejercicio democrático” que fortalece los cuerpos colegiados del CIDE.

Tras la reforma al Estatuto, el CIDE podrá ser dirigido por primera vez en décadas por personas ajenas al claustro académico y designadas de espaldas a la comunidad. La ilegalidad detrás de la designación de director general, primero, y en la reforma del Estatuto, después, ponen en riesgo la escasa autonomía y la libertad académicas –el derecho a dedicarse a la docencia, la investigación y la difusión de ideas críticas con autonomía y sin temor a represalias del poder político– dentro y fuera del CIDE. ¿Cuándo y ante quién rendirá cuentas el Conacyt?

* Javier Aparicio (@javieraparicio) es profesor-investigador del CIDE desde 2003.

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