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Diversidad sexual y de género: la importancia de los datos
De acuerdo con la ENDISEG 2021, la población que se identifica como LGBTIQ+ en México se ve obligada a sobreponerse a condiciones adversas y agraviantes en muy diversos ámbitos de la vida.
Por Jaime Hernández Colorado
30 de junio, 2022
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El 28 de junio de 2022 se presentaron los resultados de la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021. La encuesta es el primer gran esfuerzo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) para construir datos sobre las características sexuales, de orientación sexual e identidad de género de la población de 15 años y más.

En México, las acciones institucionales para generar datos sobre las circunstancias de vida de la comunidad LGBTIQ+ han sido precarias. Destaca la Encuesta sobre Discriminación por Motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género 2018, impulsada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y la Comisión Nacional de Derechos Humanos. El propósito de aquel estudio fue “conocer las condiciones de discriminación estructural y de violencia que enfrentan las personas con orientaciones sexuales o identidades de género no normativas”. Aquel ejercicio evidenció que el espacio familiar no necesariamente era el de mayor seguridad para las personas al informar sobre su orientación sexual y/o identidad de género, destacando, además, que el escenario de “rechazo” o “apoyo y disgusto” prevalecía más en los casos de aquellas personas con orientación o identidad de género (OSIG) no normativa. También se evidenció que la salida temprana del hogar en los casos de las personas trans estaba relacionada directamente con su OSIG y con problemas familiares. Adicional a ese panorama, de la población que identificó su OSIG antes de los 18 años, los resultados de aquel estudio pionero evidenciaron que el 90.3% tuvo que esconder su OSIG en el vecindario, 87.4% tuvo que hacerlo en la escuela y 92% en la familia. A lo que se suma, como último botón de muestra, que en aquel ejercicio el 94.1% de las personas encuestadas manifestó haber sufrido (en términos de frecuencia) “mucho” o “algo” las expresiones de odio, agresiones físicas y acoso.

Como antecedente de la ENDISEG 2021, la encuesta de Conapred-CNDH 2018 ya había puesto de manifiesto las circunstancias difíciles en las que se desarrolla la vida de las personas LGBTIQ+. Con los resultados de la ENDISEG 2021, ahora existe claridad acerca de que la población LGBTIQ+ constituye 5.1% de las personas de 15 años y más (una de cada veinte), lo que implica 4.6 millones de personas que se identifican como gay, lesbiana, bisexual o de otra orientación sexual LGB+, mientras que la población transgénero, transexual o de otra identidad de género que no coincida con el sexo asignado al nacer asciende a 909 mil personas. Este panorama de suyo implica una acción institucional del Estado mexicano para hacer visible a la población LGBTIQ+, así como evidenciar también los escenarios de discriminación, violencia, rechazo e inseguridad a los que se enfrenta, entre otros temas de la mayor relevancia, como: rechazo social en el trabajo y salud emocional (28.7% de la población LGBTIQ+ ha pensado en suicidarse, por destacar un dato).

El escenario nacional para la construcción de mejores condiciones de vida para las personas integrantes de la comunidad LGBTIQ+ es precario. De ahí que el avance de datos que ofrece la ENDISEG 2021 es una oportunidad invaluable, como punto de partida, para articular respuestas de las instituciones del Estado, en los tres niveles de gobierno, que generen entornos seguros para el ejercicio de los derechos de esta comunidad, hasta ahora tratada de forma desigual y excluyente. Los ejercicios posteriores de la ENDISEG permitirán afinar los resultados, además de seguir su trayectoria en el tiempo; sin embargo, tal como están ahora son una buena base para el diseño de políticas públicas de atención a los problemas de discriminación, violencia e inseguridad que aquejan todos los días a las personas LGBTIQ+.

El objetivo de las políticas públicas, como resultado de la intervención del Estado, debe ser la resolución de los problemas públicos. La lógica transversal que debe definirlas, además, tiene que anclarse en la garantía de los derechos de las personas que enfrentan agravios por acción u omisión del Estado. Pues bien, la ENDISEG 2021 —y antes la ENDOSIG 2018— ha puesto de manifiesto que la población que se identifica como LGBTIQ+ en México definitivamente se ve obligada a sobreponerse a condiciones adversas y agraviantes en muy diversos ámbitos de la vida. La obligación del Estado mexicano, por tanto, es utilizar los datos que ya puso a disposición el INEGI —y que antes habían intentado pergeñar Conapred y CNDH— para diseñar políticas que resuelvan esos agravios y construyan entornos menos propicios a la violencia, la inseguridad y la discriminación hacia las personas LGBTIQ+.

Si antes la excusa era que no existían datos certeros acerca de las condiciones que enfrentamos cotidianamente las personas LGBTIQ+, los resultados de la ENDISEG cancelan ese pretexto. La pelota está en la cancha de las instituciones de los tres niveles de gobierno para que definan qué harán para mejorar las condiciones de vida de personas que, como todxs, tienen —tenemos— la prerrogativa de desarrollar la vida en un contexto que permita el pleno acceso a los derechos.

* Jaime Hernández Colorado es director de proyectos en Nosotrxs (@NosotrxsMX).

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