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Nosotrxs es el lugar en donde todxs resolvemos lo que unx no puede. Nos concentramos en la iguald... Nosotrxs es el lugar en donde todxs resolvemos lo que unx no puede. Nos concentramos en la igualdad derivada de los derechos sociales y en el combate a la corrupción, a través de las leyes que protegen la distribución equitativa, el uso transparente y la aplicación honesta de los recursos públicos. Nuestra columna concentrará la atención en reportar, analizar o llamar a la acción en casos donde existan patrones de vulneración de derechos (como el desabasto de medicamentos o el acceso a la seguridad social para las trabajadoras del hogar). La intención del espacio es debatir y proponer acciones políticas desde la sociedad civil organizada, basados en evidencia. Twitter: @NosotrxsMx (Leer más)
El falso dilema de la crisis migratoria
La administración de López Obrador sostiene un discurso a favor de los derechos humanos y la importancia de la figura del refugio, pero se cierran las fronteras y se crea un muro de militares para engullir los éxodos migrantes.
Por Juan Méndez
3 de febrero, 2020
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En semanas pasadas, la discusión pública estuvo en gran medida centrada en la llegada de la Caravana Migrante, proveniente de Honduras, a la frontera sur de nuestro país. Alrededor de 4 mil personas arrivaron al cruce fronterizo de El Ceibo, entre Tabasco y Guatemala. Ante su llegada, personal de la Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración cerraron el paso terrestre, trasladaron a las personas a las estaciones migratorias correspondientes, quienes ahora, en su mayoría, están esperando su repatriación. Un sinnúmero de argumentos y posiciones surgieron al respecto: aquellos que aplauden el actuar de las autoridades, quienes reprobamos los actos, y quienes cuestionamos los intereses de la actual política migratoria mexicana. Todo esto se vio acompañado por la polémica en torno al oficio INM/DGVCM/0118/2020, el cual autorizaba la suspensión temporal de acceso a personal de organizaciones de la sociedad civil y asociaciones religiosas a las estaciones migratorias.

Mediante una consulta de opinión, podemos observar las posiciones de la ciudadanía en torno a esta crisis migratoria. El 56% de las personas encuestadas están de acuerdo en que la postura que se debe adoptar es de presión para que los migrantes regresen a sus países. El 79% de las personas encuestadas concuerdan en que “es mejor ayudarles a regresar a sus países para que no ocupen empleos que son de los mexicanos o se provoque un posible aumento en la inseguridad.” En contraste, es interesante que el indice de aprobación del presidente de la república ronde entre el 56% (El Economista) y el 72% (Animal Político). Aclaro, no trato de decir que los resultados estén correlacionados, sino que coincidentemente coexisten.

Suponiendo que existe algún grado de relación entre ambos indicadores, polarizar la opinión pública mediante la popularidad de una figura facilita la puesta en marcha de acciones cuestionables en torno al respeto a los derechos humanos. El ejemplo por excelencia es el caso estadounidense, sin embargo, las tendencias mundiales hacia este tipo de prácticas ocurren alrededor de todo el globo, destacando los casos de Polonia, Hungría, Serbia y Reino Unido. En cada uno de los países, el tema migratorio se ha polarizado mediante la figura y discurso político de los presidentes que enmarcan a la migración como un problema que debe resolverse a toda costa. Pero hay una gran diferencia entre estos casos y el mexicano: el discurso y la narrativa pública.

En México, el discurso político se disocia de las prácticas estatales y la realidad. La administración de López Obrador sostiene un discurso a favor de los derechos humanos y la importancia de la figura del refugio, pero se cierran las fronteras y se crea un muro de militares para engullir los éxodos migrantes. Se reconoce el valor de la migración en el desarrollo de nuestra sociedad, pero se niega el reconocimiento jurídico y civil de las personas que están en busca de una mejor calidad de vida. Se “fortalecen” las leyes, instituciones, protocolos y reglamentos, pero se criminaliza, discrimina y deporta a las personas migrantes a expensas de sus derechos. Ni siquiera se conoce realmente su historia. Y lo digo en el sentido más estricto, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) está desbordada y su lista de rezago para solicitudes de refugio lo demuestra. La crisis no es “migratoria”, la crisis es de ayuda humanitaria. Se deporta de forma masiva sin corroborar si la vida de estas personas está en riesgo al regresar a sus países de origen.

¿Por qué no mejora la situación migratoria en México? Simple, por la desinformación. Tenemos números, datos, estadísticas, índices de violencia y desempleo, y vaya que son útiles para la construcción de políticas y programas efectivos, pero hemos frivolizado un fenómeno social, un fenómeno compuesto de seres humanos. Digámoslo claro: son personas, no números. Lo que no se sabe ⎯o al menos no se conoce públicamente⎯ son las historias, el contexto, los traumas, las dificultades, la desesperación de las personas migrantes de salir, caminar, fallar y volverlo a intentar. Peor aún, el andamiaje legal e institucional para las personas migrantes es complejo y poco asequible al público que lo necesita. El gobierno, incluso, intentó suspender temporalmente el acceso de personal de organizaciones civiles y asosicaciones releigosas a estaciones migratorias. Es decir, se intentó limitar la entrada de quienes difunden información para que los migrantes puedan exigir el respeto y la garantía sus derechos.

La desinformación causa ignorancia y la ignorancia alimenta miedos infundados. Antonio Machado decía “todo lo que se ignora, se desprecia”. El aumento de la inseguridad y el robo de empleos son los dos miedos que sostienen el rechazo a las personas migrantes que ingresan a México. Ambas falacias resuenan en el imaginario mexicano, cuando el presidente Donald Trump categorizó a migrantes mexicanos como “bad hombres”, tachandoles de “criminales”, “violadores” y ladrones de empleos (UNIVISION, 2015). Como nación, rechazamos fuertemente la afirmación del actual presidente de Estados Unidos. Ahora, en cambio, una parte de la sociedad cree que habría un repunte de violencia si permitiéramos que las personas centroamericanas transitaran libremente por nuestro territorio. La falacia de la inseguridad es eso, una afirmación errónea y mal fundamentada. De hecho, si se tuviera control de las rutas migratorias, las ganancias derivadas de la trata de personas y secuestro de migrantes se reduciría y ahorcaría financieramente a los grupos criminales que viven de ello. La inseguridad y la violencia en nuestro país son estructurales, las personas migrantes no fomentan su incremento. Al contrario, son víctimas de la violencia al igual que millones de mexicanos y mexicanas.

En cuanto al miedo de la falta de empleo, esta es una cuestión compleja de analizar económicamente. Sin embargo, la falta de empleos dignos no recae en la cuestión migratoria; sus causas van más allá de la movilidad humana. Y aunque fijemos únicamente la atención en la oferta y demanda de trabajo, hay evidencia que rompe ese falso dilema: 1) el porcentaje de personas migrantes es marginal frente a la demanda de trabajo, y 2) está comprobado que la mayor parte de los ingresos de las personas migrantes se reinivierten en las comunidadades de acogida a través de la compra y renta de bienes, inmuebles y servicios. Es decir, en el mediano y largo plazo, el bienestar social generado supera los costos de inversión.

La polarización y el miedo nos alejan del sentido crítico, impiden que nos cuestionemos si las acciones que se están tomando son las adecuadas para el desarrollo y supervivencia de miles de personas. Ignoramos las dificultades del proceso migratorio porque lo consideramos ajeno a nuestra vida cotidiana; porque no necesitamos saber lo que implica un trámite migratorio, la solicitud de refugio, o cómo operan las leyes e instituciones encargadas del tema migratorio. La indiferencia hacia la situación migrante es la justificación perfecta para permitir que las autoridades decidan por ellos y por nosotros su destino final. Ellos y ellas carecen de voz política porque no son ciudadanos; son personas extranjeras sujetas a las dádivas de los gobiernos. Nosotros somos ciudadanos, pero al no ser un tema que nos afecte directamente, permitimos (conscientes o no) que los derechos de las personas migrantes sean vulnerados sistemáticamente.

He ahí la causa del problema: “ellos y nosotros”. Creemos que son distintos de nosotros y nuestra percepción sobre ellos está por los suelos, sin siquiera tener conocimiento de sus contextos y vivencias. Pero son más similares a nosotros de lo que queremos aceptar. No migran. Ellos y ellas sólo quieren tener una buena calidad de vida; quieren un buen gobierno que defienda sus intereses y derechos; quieren un lugar seguro para vivir, educación de calidad para sus hijos, atención médica oportuna para sí mismos y sus familiares; quieren un trabajo digno que les de un salario para vivir o, por lo menos, sobrevivir. Todos esos temas y derechos que se discuten y pelean en nuestro país.

Ellos y ellas no son diferentes de nosotros. Sus derechos no tendrían, ni deberían ser diferentes de los nuestros. Debemos reapropiarnos de la migración partiendo de nuestra misma concepción como sociedad migrante. Es fundamental replantearnos a nosotros mismos como sociedad para reconstruir en colectivo el tejido social y así redignificar a las personas migrantes como personas con derechos. Debemos alejarnos de la polarización y la desinformación y entender a la migración como fenómeno social, en vez de un problema que “deba” ser resuelto. Ellos y ellas no pueden articularse por el miedo a represalias y a poner su vida y estancia en riesgo. Carecen de voz para exigir el respeto a sus derechos. Ya es hora de que Nosotrxs, los ciudadanos, nos reapropiemos de la política, en especial de la política migratoria.

* Juan Méndez es coordinador de la agenda de Migración en @NosotrxsMx.

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