Historias marcadas de una repartidora
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Nuestras voces
Por Nosotrxs
Nosotrxs es el lugar en donde todxs resolvemos lo que unx no puede. Nos concentramos en la iguald... Nosotrxs es el lugar en donde todxs resolvemos lo que unx no puede. Nos concentramos en la igualdad derivada de los derechos sociales y en el combate a la corrupción, a través de las leyes que protegen la distribución equitativa, el uso transparente y la aplicación honesta de los recursos públicos. Nuestra columna concentrará la atención en reportar, analizar o llamar a la acción en casos donde existan patrones de vulneración de derechos (como el desabasto de medicamentos o el acceso a la seguridad social para las trabajadoras del hogar). La intención del espacio es debatir y proponer acciones políticas desde la sociedad civil organizada, basados en evidencia. Twitter: @NosotrxsMx (Leer más)
Historias marcadas de una repartidora
Mi historia es la historia de muchas: nos violentan por ser mujeres. Por eso, desde #NiUnaRepartidoraMenos acompañamos a las compañeras en sus procesos de denuncia, porque no están solas, no es su culpa y unidas podemos evitar que esto siga pasando.
Por Paola Ángel
11 de julio, 2022
Comparte

Esto me sucedió en junio del 2019, mientras iba de camino a mi zona de trabajo. En esos tiempos vivía en Tecámac, Estado de México, y tomaba un camión para llegar a la Ciudad de México. Era mi traslado de todos los días.

Eran las 11 de la mañana, tomé el camión Tizayuca a las afueras de Rancho la luz (donde vivía), minutos después se subió un señor en Tecámac centro y se sentó a mi lado. Esta persona empezó a hacer plática -anteriormente ya me había sucedido y esta vez tampoco le había tomado importancia porque creí que no pasaría nada-, yo solamente le contestaba con un sí o una risa incómoda. Así pasó un lapso de 30 minutos de camino hasta que dos kilómetros antes de llegar a la 30-30 (un paradero de la autopista muy conocido), este señor me dijo que le había caído muy bien y que me iba a llevar junto a sus demás compañeros. Le dije que no iría a ningún lado y fue entonces que me exigió que le diera mis cosas de lo contrario me iba a llevar con él. Intentó sacar un arma, no sé si era una navaja o un arma de fuego, le entregue mi teléfono y el poco dinero que cargaba, al mismo tiempo, me pidió que pegara mi cabeza hacia el cristal de la ventana y que me agachara.

En ese momento, creí que me daba esas órdenes porque asaltaría a las demás personas, pero no fue así. Empezó a meter su mano en mi sudadera y en mis pantalones, afortunadamente yo usaba un mallón de licra debajo y una blusa fajada, así que no pudo ir más allá. Sin embargo, a esta persona no le bastó lo que me había hecho ya, sino que continuó la agresión. Introdujo su lengua en mi boca. Estaba en shock. Me paralicé, no sabía qué hacer o cómo reaccionar. Unos minutos después, él se bajó del camión.

Cuando pude reaccionar, comencé a llorar y a gritar. El conductor me preguntó si quería bajarme por mi celular, con la condición de que, si lo hacía, él no se quedaría. Decidí quedarme en el camión pues me sentía un poco más segura quedándome ahí. Los demás pasajeros me preguntaban qué había pasado, algunos me dieron dinero para llegar a un punto seguro y que me comunicara con mi familia.

Llegué a la estación del Metrobús Indios Verdes sin darme cuenta en la hora. Seguí mi camino hasta la estación Nápoles y durante todo el trayecto estuve llorando. Recibí muchas miradas de rechazo o repugnancia, pero no sabían por lo que había pasado.

Llegué a un local de un restaurante en donde tenía algunos amigos y les conté todo, me consolaron y una vez que estuve más tranquila, aproveché para comunicarme con mi hermana mayor. Creí que ya había pasado lo más difícil, pero no fue así.

Mi padre se había comunicado con mis hermanas para saber de mí, en mi mente pensé que estaba preocupado por mí, pero no, no era cierto. Cuando le conté lo sucedido a mi hermana, inició una serie de ofensas y recriminaciones: ¡qué bueno, eso te pasa por dejada y pendeja! ¡Ya ves, deja de usar faldas y vestirte como una puta! Ese día ni siquiera usaba falda, llevaba mis pantalones negros de mezclilla. Me aclaró que no iba a recibir apoyo de su parte, que lo buscara en otro lado y me colgó.

Hice un segundo intento de comunicarme con mi familia. Esta vez, le marqué a mi hermana menor, pero la reacción no fue diferente. En su caso, ella me dijo que me oía bien, que seguramente estaba mintiendo y había vendido mi celular.

Mi historia es la historia de muchas: nos violentan por ser mujeres. Por eso, desde #NiUnaRepartidoraMenos acompañamos a las compañeras en sus procesos de denuncia, porque no están solas, no es su culpa y unidas podemos evitar que esto siga pasando. Juntas podemos poner un alto a la violencia contra las mujeres para que mi historia no le pase a otra compañera.

* Paola Ángel es fundadora de Ni Una Repartidora Menos (@NiUnaRepaMenos) / @NosotrxsMX.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.