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La deuda del Estado: el personal de salud en formación
Resulta paradójico que las personas que se preparan por años para prestar los servicios de salud en México sean uno de los principales grupos vulnerables en cuanto a la garantía del derecho a la salud. El hecho primordial de que la salud de las y los estudiantes de medicina, pasantes y residentes sea mermada, impide que el sector salud se desarrolle plenamente en el ejercicio de sus atribuciones —afectando así a la salud general de la población y al desarrollo del país.
Por Andrés Castañeda Prado
14 de junio, 2021
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En México, las y los profesionales de salud en formación son un eje medular en el Sistema Nacional de Salud. Sin embargo, son un grupo que desde hace años se enfrenta a importantes condiciones de vulnerabilidad, con pocos mecanismos para garantizar su seguridad y derecho a la salud.

No son pocos los profesionales de salud en formación, tan solo en 2018 el número registrado de estudiantes de medicina escaló a 133 mil personas —casi un 50% mayor a las cifras de 2010— (Salud 2018b). Además, existen alrededor de 26 mil residentes en todas las especialidades médicas (DGIS 2018). Es decir, al día de hoy hay más de150 mil estudiantes que comprenden este sector de médicos en formación.

Su papel en el sistema es primordial. Una tercera parte de las unidades de atención primaria de la Secretaría de Salud tienen como responsable a un estudiante de la carrera de medicina en servicio social, la mayoría de las veces sin supervisión (Nigenda 2013; Salud 2018). Además, los residentes tienen un papel fundamental en la atención de segundo y tercer nivel. Por ejemplo, el Instituto Nacional de Pediatría cuenta con 199 médicos adscritos, pero solo 17 atienden los turnos vespertinos, nocturnos, de fin de semana y días festivos (INAI 2020). Esto implica que las atenciones y procedimientos (fuera de las mañanas hábiles) son responsabilidad de los 381 residentes (INP 2019). Este fenómeno, documentado en uno de los grandes institutos del sistema nacional de salud, se replica en muchos de los hospitales y clínicas del país.

La trayectoria para ser profesional de salud es difícil. Para obtener el título en medicina o enfermería es necesario que las y los estudiantes presten sus servicios a las instituciones de salud del país a manera de servicio social o como parte de su especialización1. Durante su formación, estos estudiantes de medicina y enfermería adquieren responsabilidades y obligaciones similares a las de un empleado promedio. No obstante, fungiendo como pasantes, en la mayoría de los casos el alumnado enfrenta condiciones precarias de trabajo y abusos por parte de autoridades —por ejemplo, guardias superiores a las 8 horas con retribuciones bajas y atrasadas. Ya sea de manera directa con violencia en su centro de práctica clínica o, indirecta, al no respetarse las condiciones mínimas de sanidad laboral —jornadas extenuantes de trabajo en un ambiente de acoso sexual y laboral.

Resulta paradójico que las personas que se preparan por años para prestar los servicios de salud en México sean uno de los principales grupos vulnerables en cuanto a la garantía del derecho a la salud. El hecho primordial de que la salud de las y los estudiantes de medicina, pasantes y residentes sea mermada, impide que el sector salud se desarrolle plenamente en el ejercicio de sus atribuciones —afectando así a la salud general de la población y al desarrollo del país.

Por un lado, la responsabilidad del médico en formación recae legalmente en las instituciones de educación superior, como bien se indica en el artículo 95 de la Ley General de Salud y en las Normas Oficiales correspondientes (Ley General de salud 2016; NOM-009-S un SA3-2013; NOM-001-SSA3-2012). Por otro, la formación de las y los profesionistas recae en la Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud (CIFRHS). Este organismo es el encargado de establecer las estrategias, políticas y recomendaciones normativas en materia de desarrollo de recursos humanos para la salud (Reglamento Interior CIFRHS). Sin embargo, en la práctica, durante la formación clínica, las y los estudiantes están sujetos a los órganos de enseñanza de la institución a la que están adscritos. Esto implica que las instituciones universitarias son las responsables de jure, pero las unidades de atención médica son los encargados de facto, dejando en un vacío a estos estudiantes frente a posibles vulneraciones a sus derechos.

Se ha documentado por años cómo las y los médicos en formación suelen laborar extenuantes jornadas de trabajo de más de 24 horas al día con pocos momentos para descansar (Casas Patiño et al. 2013; Balcázar-Rincón et al. 2015; López-Morales et al. 2007). Estas y otras violaciones de su derecho a la salud persisten hasta la fecha (Erika Flores 2020).

Por esto, hace más de un año nace el Colectivo de Médicos en Formación impulsado por Nosotrxs e integrado por diversas asociaciones y agrupaciones

Con la intención de documentar la situación que vive el gremio y ante el contexto de la COVID-19, lanzamos la primera encuesta en abril de 2020 y nuestra última encuesta durante los meses de febrero, marzo y abril del 2021. Los resultados dejan claro la tremenda problemática que se enfrenta desde hace años y que hasta hoy se ha hecho poco por remediar.

  • El 29% de médicos en formación y el 25% de estudiantes de enfermería reportó haberse enfermado por COVID-19  durante su labor en los campos clínicos. Y a pesar de ello reportan poco apoyo por parte de las autoridades universitarias (80% reporta no recibir apoyo) e incluso de los propios campos clínicos (47% reporta no recibir apoyo).
  • En cuanto a la vacunación queda claro que el personal en formación no es prioridad. Siendo que en el 80% de los campos clínicos ya había iniciado el proceso de vacunación, apenas el 50% había recibido alguna dosis.
  • A estas alturas de la pandemia solo el 31% de MEF y el 54% de EEF reporta sentirse preparada y segura para dar atención ante la pandemia de COVID-19
  • La violencia y el acoso son pan de cada día en el proceso de formación de las y los profesionales de salud en formación. El 40% de MEF y el 61% de EEF reporta haber sufrido algún tipo de agravio a su persona en la universidad y campo clínico. Este problema se acentúa más en mujeres y en quienes avanzan más en el proceso formativo. El 56% de las residentes manifiestan haberse sentido acosadas sexualmente durante tu formación de medicina.
  • No hay protocolos claros para la atención de casos de violencia o acoso. El 54% comunican no saber a qué autoridades dirigirse para atender cualquier situación de violencia. Resalta que un 53.8% del estudiantado no conoce si dentro de su universidad existe algún tipo de protocolo para atender el acoso y violencia.

Resulta evidente que el Estado mexicano —ciudadanos, gobierno y sociedad civil— estamos en deuda ante el personal de salud en formación. Es el colmo que quienes hacen efectivo nuestro derecho a la salud, vean el suyo vulnerado en el proceso. Desde el Colectivo Médicos en Formación, reafirmamos nuestras intenciones de colaborar con aliados, instituciones y autoridades para el cumplimiento de nuestros derechos a la salud, a la educación y a una vida digna.

* Andrés Castañeda Prado (@castanedaprado) es coordinador de la causa Salud y Bienestar de Nosotrxs. Twitter, Facebook e Instagram: @NosotrxsMX @Medsenformacion.

 

 

1 El proceso de formación como médico se compone de varias fases que, normalmente, están constituidas de la siguiente manera: primero, la formación básica (dos años en aula en la universidad), la fase clínica (tres años de clases en el hospital y en la universidad), un año de internado de pregrado (rotación en hospital) y un año de servicio social (puede ser en un centro de salud, como asistente de investigación o dentro de la universidad). Posteriormente, las y los médicos que apliquen y pasen el Examen Nacional de Residencias Médicas (ENARM) continúan su formación, ahora como médicos especialistas, a través de la residencia que dura en promedio cuatro años.

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