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Por Jacobo Dayán
Jacobo Dayán es especialista en Derecho Penal Internacional, Justicia Transicional y Derechos Hu... Jacobo Dayán es especialista en Derecho Penal Internacional, Justicia Transicional y Derechos Humanos. Se desarrolla como docente, investigador, conferencista, activista, analista, columnista y consultor tanto en México como en el extranjero. (Leer más)
La mentira que hemos aceptado
La narrativa oficial aunada al control político de la verdad y la justicia no solo ha impedido comprender las violencias, también ha mantenido la impunidad, la repetición de crímenes y la perpetuación de la barbarie.
Por Jacobo Dayán
14 de diciembre, 2021
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Ya son muchos los años en que hemos convivido y tolerado el horror. Demasiado tiempo como para seguir aceptando la narrativa oficial que a fuerza de repetición y por su simpleza ha calado hondo en la sociedad. Ya son tres gobiernos federales de tres partidos políticos distintos y la única diferencia son los grados de cinismo.

La narrativa oficial aunada al control político de la verdad y la justicia no solo ha impedido comprender las violencias, también ha mantenido la impunidad, la repetición de crímenes y la perpetuación de la barbarie.

Nos siguen hablando de miles y miles de “casos aislados”, de “manzanas podridas dentro del Estado” o de que “ya no hay masacres”, en un criminal acto de cinismo. El discurso del Estado ha reiterado eufemismos y mentiras brutales como “en algo andaban”, “daños colaterales”, “no se violan derechos humanos”, “se hará justicia” o simplemente omiten el tema. La narrativa oficial siempre deja a un lado los fenómenos y su carácter generalizado y sistemático.

México, a diferencia de otros países de la región, no tiene una historia en la que se hayan hecho esfuerzos por asumir social y políticamente las violencias. Más bien han proliferado narrativas simplificadas que predominan en la sociedad, visiones cortas o sesgadas de la realidad. Estas narrativas simples han desviado la atención del fondo de las violencias, mantenido la impunidad e impedido una articulación social.

Por su parte la mayoría de los medios han contribuido a reforzar las visiones generadas desde el poder o se han quedado cortos ante el reto de generar pedagogía social de las violencias. Por lo regular se centran en cifras, nota roja y casos emblemáticos. Este abordaje ha generado un desgaste y miedo en la sociedad que prefiere ya no escuchar más. Nada de esto produce entendimiento. La misma naturaleza de los grandes medios hace que las explicaciones complejas de las violencias queden fuera.

La explicación que se suele dar a la violencia, así, en singular como si solo fuera una, es el enfrentamiento entre grupos criminales, principalmente grandes organizaciones del narcotráfico, y en algunos casos enfrentamientos entre fuerzas del Estado y estos grupos. Esta narrativa se repite una y otra vez. A fuerza de repetición, la sociedad lo ha asumido como un hecho, sin matices, sin particularidades regionales. No es de extrañar que la indignación social solo se detone cada tanto y con casos emblemáticos. Una vez que se despresuriza el caso, se diluye la articulación. La narrativa fragmentada impide la empatía e incluso refuerza la idea de requerir fuerza militar para contener la violencia. La realidad es mucho más compleja.

Este paraguas narrativo oficial y la impunidad sistémica hacen que se desconozcan quiénes son los máximos responsables, los patrones de comportamiento criminal, las estructuras políticas que garantizan impunidad e incluso se carece de una explicación sobre la escala de los crímenes y sus motivaciones económico-políticas. La simplificación de la narrativa omite las particularidades regionales y temporales. Solo desde algunos reportajes de investigación, trabajos académicos e informes de organizaciones de la sociedad civil y colectivos de víctimas es que se tiene material desagregado y lejano de la opinión pública sobre las violencias en México. Los ejercicios de narrativa quedan en pequeños nichos especializados.

La realidad mexicana exige la generación y pedagogía de narrativas que expliquen la naturaleza de las violencias tanto a nivel nacional como regional y su relación con diversos mercados lícitos e ilícitos, la corrupción, la protección política, la militarización y la colusión político-criminal.

@dayan_jacobo

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