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Por Jacobo Dayán
Jacobo Dayán es especialista en Derecho Penal Internacional, Justicia Transicional y Derechos Hu... Jacobo Dayán es especialista en Derecho Penal Internacional, Justicia Transicional y Derechos Humanos. Se desarrolla como docente, investigador, conferencista, activista, analista, columnista y consultor tanto en México como en el extranjero. (Leer más)
¿Será fascismo?
El actual gobierno no se ajusta estrictamente al término fascista, pero sí podemos afirmar que tiene elementos en común y podría considerarse entre los múltiples neofascismos que han surgido en tiempos recientes.
Por Jacobo Dayán
20 de abril, 2021
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Si los años de hegemonía del PRI fueron la “dictadura perfecta” como lo llamó Vargas Llosa, cómo llamar a lo que se ve, se percibe y todavía cuesta trabajo identificar plenamente de la actual administración. Muchas voces hablan de un gobierno no democrático, algunas despistadas lo identifican como dictadura, otras lo ven como autoritario y comienzan algunas a llamarlo fascismo o totalitarismo.

Es importante saber ante qué estamos. Nombrar es relevante y se debe tener cuidado con las etiquetas que se adhieren a movimientos políticos. Se trata de perversiones distintas que, pudiendo identificarlas, resulta más efectiva la resistencia a ellas.

Gobiernos antidemocráticos, ultranacionalistas y totalitarios son los que suelen llamarse fascistas. Pero hay otros elementos que rondan el término: populismo, nativismo, autoritarismo y xenofobia, entre otros.

Evidentemente el término “fascismo” ha mostrado una evolución desde Mussolini hasta Trump. Los bordes se difuminan y las definiciones se complican. El molde queda apretado.

El filósofo italiano Umberto Eco acuñó el término Ur-Fascismo, en el que intenta enlistar los mínimos comunes del fascismo sabiendo que estas características se pueden encontrar en mayor o menor medida en distintos gobiernos, pero son una buena base para crear una “nebulosa fascista”. Los siguientes son los elementos de esta nebulosa fascista.

  • Culto a la tradición y las raíces. Estos gobiernos intentan regresar a sus países a un “pasado idílico”. “Make America Great Again” de Trump, el “Año Cero” de los Jemeres Rojos, el Brexit o la “noche neoliberal” de AMLO y su fascinación por las gestas históricas de nuestro país. El mismo nombre de “cuarta transformación” coloca a su gobierno a la altura de esos otros momentos arraigados en la historia nacional.
  • Abuso del miedo a lo diferente. Según Eco, estos movimientos son profundamente xenófobos y racistas. No es el caso de la autodenominada 4T, pero si se encuentra un rechazo a la diferencia y una visión exacerbada de la noción de soberanía y de nacionalismo rancio.
  • Un constante estado de amenaza y una obsesión por conspiraciones y culpables externos. La magnificación de los “enemigos” u “opositores” reales o ficticios es una constante en la comunicación gubernamental. Permanentemente se busca un complot creado por organismos internacionales de derechos humanos, organizaciones de sociedad civil, los “conservadores”, los medios de comunicación, la opinocracia, etc.
  • Exaltación de la voluntad popular y la proclamación de un líder. El gobierno actual no reconoce derechos. No encuentra valor en el Estado de Derecho. Más de una vez ha afirmado que se busca lo que entienden por justicia y no el imperio de la ley. El Ur-Fascismo en lugar de promover el reconocimiento de derechos, aboga por las “decisiones de la mayoría”, lo que eso signifique. El “pueblo” es una concepción monolítica y el líder es el único intérprete válido de esa voluntad. Se desvanece el ciudadano y el pueblo es quien toma su lugar.
  • Oposición a la crítica analítica. Es evidente el rechazo del gobierno a cualquier crítica. También lo es al conocimiento científico, a la evidencia y la transparencia. “Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición”. El Ur-Fascismo es un movimiento irracionalista, tal cual este gobierno.
  • Control y represión de la sexualidad. Es evidente la postura de AMLO ante el aborto y el movimiento feminista.
  • Acción antes que razón. En reiteradas ocasiones el gobierno ha hablado de que es tiempo de transformar y dejar la discusión y la reflexión a un lado. El militarismo es hijo de este pensamiento.
  • Lenguaje limitado y repetitivo. El presidente es un experto en esto. Todas las mañanas realiza prodigios alrededor de lo que Eco denomina “un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico”.
  • Apelación a una clase social frustrada. El Ur-Fascismo surge como respuesta a la frustración individual o social. La comunicación está dirigida a ese sector que se convierte en base del movimiento. Lo es para Trump, Johnson, Orban y AMLO, entre muchísimos otros.
  • Rechazo a las ideas modernas. La negativa del gobierno a las energías limpias es un claro ejemplo. La idea de soberanía del gobierno es propia del siglo XIX. El movimiento del actual gobierno apela a ideas y formas propias del siglo pasado y anteriores.

Esta es la lista de elementos en común que Eco identificaba como una “nebulosa fascista”. El actual gobierno no se ajusta estrictamente al término fascista, pero sí podemos afirmar que tiene elementos en común y podría considerarse entre los múltiples neofascismos que han surgido en tiempos recientes. Todos diferentes entre sí, pero con elementos en común.

Siempre habrá quien diga que el actual gobierno cumple en parte con los elementos arriba descritos, pero que se trata de otra cosa. Queda claro que democrático no es, sobran los elementos para demostrar que el gen autoritario, populista y ultranacionalista está presente. Eco no dudaría en llamarlo Ur-Fascismo.

@dayan_jacobo

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