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Pacto por la Primera Infancia
Por Pacto por la Primera Infancia
El Pacto por la Primera Infancia es una iniciativa de incidencia e impacto colectivo cuya visión... El Pacto por la Primera Infancia es una iniciativa de incidencia e impacto colectivo cuya visión es hacer de México un país en el que todas las niñas y niños menores de 6 años alcancen su desarrollo pleno e integral, mediante el goce efectivo de todos sus derechos. El colectivo está integrado por más de 440 miembros en toda la República Mexicana, entre los que se encuentran organizaciones de la sociedad civil, academia, empresas e instituciones. (Leer más)
2020: Lo avanzado y lo que falta en materia de primera infancia
Si la situación de la primera infancia ya era mala antes del COVID 19, su estado hoy es verdaderamente dramático. ¿Por qué nos cuesta tanto asignar recursos a la primera infancia? ¿No hemos entendido que lo que no hagamos hoy por ellos se traducirá en pérdidas millonarias por décadas?
Por Aranzazu Alonso
17 de diciembre, 2020
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Seria injusto y mezquino decir que en esta administración no se han logrado avances institucionales en materia de Primera Infancia. La verdad, sí se han logrado y enormes. La convergencia de muchos en torno al propósito común de hacer de la primera infancia permeó, se tradujo en un mandato constitucional, y del mismo se derivó un marco de políticas en favor de ese sector de la población.

Este marco se llama Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (ENAPI, para los cuates). Es la primera política nacional, integral e intersectorial para la garantía de los derechos de niñas y niños en su infancia temprana. Es el reconocimiento explícito del gobierno mexicano sobre su obligación en la promoción, protección y garantía de los derechos de la primera infancia; de la importancia estratégica de una atención temprana para cerrar brechas entre ricos y pobres, y una apuesta por una transformación profunda y de raíz que involucra a todos los sectores y órdenes de gobierno.

La estrategia tiene, como marco rector, a la Ruta Integral de Atenciones (RIA). Esta ruta define los servicios a los que toda familia, niña y niño; debe tener acceso desde la etapa de preconcepción hasta su ingreso a primero de primaria. Subrayo el “debe tener” por que la RIA es un ejercicio de carácter normativo, prescriptivo. Es nuestra obligación convertir esa ruta en un camino de tránsito real, para cada niña y niño en el país. El camino es largo, y lleno de terrores.

Como primer paso se diseñó, en conjunto con la academia y la sociedad civil, una caja de herramientas y una plataforma de acompañamiento que tienen una orientación eminentemente práctica.

La caja y la plataforma conducen a los actores a lo largo de una serie de pasos lógicos para identificar los principales problemas de la niñez temprana en su territorio, y les ayuda a idear propuestas de solución de carácter multisectorial. Entre los pasos más importantes de esta identificación está el de conducir un proceso de participación infantil, cuyo resultado será crucial para la selección de prioridades de atención en el municipio. Solo este elemento significa un avance sin precedentes en la historia de la política pública en México. Por primera vez le preguntaremos a los niños y a las niñas más chiquitas qué les preocupa antes de hacer un plan de acción para ellos y ellas.

De manera adicional, la caja y la plataforma consideran la importancia de la acción urgente e inmediata como producto concreto del trabajo entre sectores, bajo el reconocimiento de que la situación de la niñez es tan crítica que demanda acciones ‘a la voz de ya’, pero también permite a los funcionarios una mirada más amplia y estratégica para la mejora progresiva de la oferta de bienes y servicios dirigidos a la primera infancia.

Por otro lado, la plataforma impulsa y facilita el diálogo y colaboración entre los tres órdenes de gobierno que operan en el municipio, a través de las comisiones de primera infancia municipal. Además, permite y promueve la participación del sector privado y social en la detección de problemas y la implementación de soluciones.

Su implementación es un ejercicio técnico y de gestión, pero también, y sobre todo, uno de naturaleza política, en tanto requiere la voluntad de muchos para su exitosa instrumentación.

Lo avanzado es mucho, pero lo que falta es mucho, mucho más.

Lo primero y más urgente es abordar un riesgo inminente: que la ENAPI se convierta en un documento que enliste una serie de buenas intenciones, pero que estas no puedan materializarse por falta de recursos. Quiero explicar a que me refiero: cuando las comisiones de primera infancia municipal definan los problemas más importantes de la niñez en el territorio, y traten de hacer un plan para solucionarlo, tendrán que preguntarse de dónde saldrán los recursos para implementar esas soluciones. Y la respuesta, para muchos, será el silencio o la desesperación.

Ya lo decían las Secretarias Ejecutivas en la última sesión de la Comisión Nacional de Primera Infancia: nuestra voluntad no es suficiente, se requiere inversión para la niñez. Y tienen toda la razón, necesitamos dinero para abatir el rezago en vacunación. Necesitamos recursos para revertir el sub registro de nacimiento. Urge dinero para ampliar la cobertura de educación inicial. Faltan millones para implementar una estrategia que prevenga y corrija la desnutrición infantil.

La situación de la primera infancia ya era mala antes del COVID 19, su estado hoy es verdaderamente dramático, como lo hemos abordado ya en otras ocasiones.

Pero, ¿por qué nos cuesta tanto asignar recursos a la primera infancia? ¿Qué no hemos entendido que lo que no hagamos hoy por ellos se traducirá en pérdidas millonarias por décadas?

La última serie The Lancet sobre Desarrollo Infantil Temprano estimaba que los países que no invertían en primera infancia perdían potencialmente varios puntos del PIB, equivalentes entre 2 y 3 veces el presupuesto completo de educación y salud de sus países. El costo de la inacción para India representa 8.3% del PIB y para Guatemala un 3.6% del PIB. En un cálculo grueso, para México esa pérdida podría significar un monto de entre 1.5 y 3 billones de pesos. Perdonen el atrevimiento, pero en estos tiempos de de-crecimiento económico no andamos como para perder ese potencial.

James Heckman, premio Nobel de Economía -NO DE LA PAZ, de economía- señaló que invertir en programas de calidad para la primera infancia tiene un retorno anual de entre 11 y 13%. ¿Acaso México no necesita, de manera urgente, inversiones de alto retorno social? Me pregunto, las inversiones en Dos Bocas, en el Tren Maya, en PEMEX, ¿son capaces de dar esta tasa de retorno anual?

Si los gobiernos federal, estatal y municipal no toman conciencia de la urgencia con la que necesitamos modificar nuestras prioridades de inversión, estaremos condenando a la niñez a perder su potencial, y al país a profundizar y replicar los grandes problemas que nos aquejan: desigualdad, pobreza, inseguridad y baja productividad.

No podemos darnos ese lujo, no ahora, no nunca. Basta ya de pretextos. Basta ya de simulación. No hay tiempo que perder. Tenemos la política, la ruta y los mecanismos. Necesitamos ya la asignación presupuestal.

#LaNiñezImporta

* Aranzazu Alonso, Coordinación @Pacto1aInfancia.

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