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Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
¿A dónde va la 4T?
El discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador se mueve hacia el desmantelamiento de un modelo plutocrático, donde rigen el dinero y el parentesco, hacia otro cuyo norte debería estar en lo público, democrático y solidario, por el camino de la socialdemocracia y hasta el socialismo, pero no más lejos.
Por Luis González Placencia
21 de febrero, 2019
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Detrás de los embates que el propio presidente de la República ha emprendido contra varios sectores de la sociedad es posible observar, aunque tenue, un cierto denominador común: la intención de desbancar a las élites del lugar de privilegio en el que él las mira, para reposicionar, aún si sólo de manera simbólica, al “pueblo”, esa abstracta conglomeración de quienes tienen en común la experiencia de la invisibilidad y la exclusión. Ahí está, me parece, la revolución detrás de la 4T, que no es una revolución armada, sino la subversión de los chairos, que son varios millones, frente a los fifís, que ciertamente son unos cuantos.

Visto desde la teoría, el discurso del presidente se mueve hacia el paulatino desmantelamiento de un modelo plutocrático, sostenido en una racionalidad orientada hacia lo privado, donde rigen el dinero y el parentesco, hacia otro cuyo norte debería estar en lo público, democrático y solidario, por el camino de la socialdemocracia y hasta el socialismo, pero no más lejos.

No obstante —y por ello el “debería”— este desmantelamiento ocurre en un contexto que ha encontrado en el populismo y la posverdad medios propicios para producir una forma de respaldo legitimante que, si bien profundamente irracional, resulta altamente eficiente, porque sin necesidad de prueba, coloca los argumentos considerados válidos, del lado de la verdad del pueblo que, siendo mayoría aplastante, invalida y vuelve elitista cualquier otra forma de verdad controlada, como la de la ciencia. Aquí es donde, en el discurso presidencial, plutocracia empata con aristocracia.

Muchos estudios celebres, desde Foucault hasta Habermas, han mostrado el modo en el que el discurso científico contribuyó a expropiar el saber popular para, mediante su cientifización, hacerlo patrimonio de expertos y herramienta de dominación. Otros, como de los Alain Touraine y, leídos a contramano, los de Andrew Arato y Jean Cohen— demuestran cómo conceptos como “políticas públicas”, “sociedad civil organizada”, “gobernanza”  y sus correlatos metodológicos, el “marco lógico” o la más reciente “teoría del cambio”, han constituido estrategias para la desmovilización política, la promoción de agendas interesadas y el control de los financiamientos provenientes de la filantropía transnacional, como es el caso de las fundaciones Ford, McArthur, Kellog, Open Society y muchas más que, como bien a descrito Zizek, “con una mano quitan y con la otra dan”, para mantener limpias sus conciencias.

Sin embargo, no hay que olvidar que el gobierno de Andrés Manuel es, como él mismo parece serlo, una extraña amalgama donde conviven tendencias de izquierda con otras marcadamente neoliberales y hasta integristas y que, incluso por debajo de su mirada flamígera, las prácticas del clientelismo y del reparto las cuotas perviven y están pasando factura.  

Sin un criterio claro que abra la puerta a la crítica de su gobierno, no importa si de buena o de mala fe, si desde dentro o desde fuera de su círculo cercano, el potencial emancipador que puede tener consigo una tendencia al desmantelamiento de la racionalidad privada que ha gobernado al país desde De la Madrid a Peña Nieto, corre el riesgo de desbordar, como me parece que está ocurriendo, el límite de la razón pública, incontroladamente hacia lo popular y con ello, de validar en la “verdad del pueblo” planteamientos contradictorios como por ejemplo el del “bono familiar”, tan en la línea de la renta básica, producto claro de la racionalidad neoliberal, o el más bien totalitario de la guardia nacional que en su propósito de proteger al Estado, pone en riesgo, precisamente, al pueblo, dispuesto por lo que parece, a inmolarse por mostrar que el presidente tiene la razón, que es su razón, la razón del pueblo.

 

@LGlzPlacencia

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