Breve reflexión sobre el aborto - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
Breve reflexión sobre el aborto
El debate constitucional sobre el aborto no pueden plantearse en la disyuntiva aborto/no aborto, o vida/no vida, porque los dilemas que plantea este debate no tienen solución. La norma debe devolver la decisión sólo a quien puede embarazarse o abortar, es decir, sólo a las mujeres.
Por Luis González Placencia
2 de agosto, 2016
Comparte

El pasado jueves el Congreso veracruzano aprobó una enmienda al artículo 4 de la Constitución local con la finalidad de garantizar el derecho a la vida desde su concepción. De acuerdo con una nota de este mismo portal, Javier Duarte, gobernador de ese estado, habría afirmado que esta reforma tiene su base en el principio pro persona, contenido en la Constitución General de la República, y en estudios científicos; también dijo que la reforma respondía a la solicitud de una organización de sociedad civil denominada Sí a la vida.

Si el gobernador Duarte cree que con eso basta para sostener la constitucionalidad de su reforma, se equivoca. En primer lugar porque el principio pro persona no significa en absoluto proteger a las personas —esa es una visión asistencialista e incompatible con el estado constitucional— sino sus derechos, lo cual supone que esos derechos existen y que están reconocidos en la propia Constitución, asunto sobre el cual se ha pronunciado ya la Corte en sentido negativo. Enseguida, porque el tema del aborto no puede ser abordado ni desde la ciencia ni desde la moral: en el primer caso porque la ciencia es falible y contingente, por lo que ninguna norma puede basarse en el conocimiento científico; hacerlo implica incurrir en una falacia naturalista. Legislar desde la moral implica, por el contrario, violar la separación ilustrada entre derecho y moral que es la que caracteriza al derecho penal liberal; hacerlo supone la idea de que existe una sola moral, y en consecuencia un sólo estilo de vida válido con esa moral que la ley debe salvaguardar. No obstante, en las sociedades contemporáneas es claro que no hay una única concepción de la moral, ni tampoco un solo estilo de vida válido. El gobernador Duarte debe saber de esto muy bien, dado que la concepción de moral que dejan translucir sus actos da cuenta de una concepción más bien laxa de la misma.

Pero más allá de los argumentos inválidos, lo cierto es que la discusión sobre el aborto requiere de un análisis serio porque en efecto, tanto a favor como en contra, existen argumentos de mucho peso que no pueden simplemente obviarse. Planteo la siguiente cuestión: supóngase que un buen día un gobernante, quien sea, decide que la sobrepoblación es un grave problema y que la escasez de alimentos pone en riesgo la existencia humana. Con ese motivo —que sin duda considera de la mayor relevancia, pues en este caso no hablamos de un ser humano sino de un grupo mucho mayor de seres humanos— penaliza los embarazos, encarcela a las mujeres que se embaracen, pero ofrece que aquellas que decidan abortar pueden ser exoneradas. ¿Qué pensarían las y los antiabortistas de una disposición así? Seguramente se sentirían invadidas e invadidos y obligados a tener que actuar contra su voluntad so pena de ir a la cárcel o de tener que abortar.

Lo interesante es que, tanto en el caso de la prohibición del aborto como en el de la prohibición del embarazo, podrían plantearse argumentos sólidos como los que plantean la disyuntiva entre quien tiene derecho a nacer y quien no lo tiene. De hecho, muchos de estos argumentos son tan respetables como incontestables pues —viniendo de la ciencia o de la moral, e incluso de la religión— siempre encuentran contraargumentos igualmente sólidos y respetables, lo que hace del debate una cuestión interminable.

Pero si desde la filosofía y desde la ciencia estos debates son bienvenidos y necesarios, para el derecho representan la necesidad de decidir. Por ello es que los términos del debate constitucional sobre el aborto no pueden plantearse en la disyuntiva aborto/no aborto, o vida/no vida, porque los dilemas que plantea este debate no tienen solución; de ahí la necesidad de desplazar esos términos hacia otra disyuntiva, la que tiene que ver con quien debe decidir prohibir o permitir tanto un aborto como un embarazo. Aquí es donde se revela el carácter autoritario o democrático de una norma porque, en el fondo, se trata más que de defender un derecho —por cierto que no existe un derecho a abortar como tampoco existe un derecho a nacer—, de expropiar o no una decisión: una norma autoritaria toma la decisión ella misma —lo que significa que es el Estado quien decide por toda su ciudadanía; una norma democrática devuelve la decisión sólo a quien puede embarazarse o abortar, es decir, sólo a las mujeres.

Resulta obvio que si el Estado toma parte en el debate del lado de las personas que se oponen al aborto —como dice Duarte que lo hizo con la organización Sí a la vida— legisla sólo para esa parte de la sociedad e impone a otras personas que piensan diferente su decisión y las consecuencias de desafiarla. Esto también representa un uso particularista de la Constitución. Sin embargo, si el Estado se hace a un lado en el debate y devuelve la decisión a las mujeres, queda en posición de garantizar que se respete el derecho a decidir, tanto de quienes, por la razón que sea, deciden abortar, como de quienes, por la razón que sea, se oponen a ello.

La primera fórmula es autoritaria, irrespetuosa respecto de quien piensa diferente y excluyente; la segunda es democrática, respetuosa de lo que cada quien decide e incluyente. Naturalmente, que el aborto esté permitido no obliga a nadie a abortar por lo que, quien por la razón que sea se opone al aborto, simplemente no tiene por qué hacerlo, al contrario de lo que sucede con la prohibición donde, quien por la razón que sea está dispuesta a abortar, se ve obligada a no hacerlo, so pena de castigo o de exposición a condiciones que ponen en riesgo su vida.

Sobra decir que la despenalización no implica en absoluto que el Estado asuma una posición pro aborto, sino más bien que asume una que le permite ser respetuoso de quienes están a favor tanto como de quienes están en contra. Esta posición obliga al Estado a garantizar que quien decide abortar lo haga en óptimas condiciones y que, en el mismo sentido, quien decide embarazarse pueda llevar a término la gestación y reciba además los cuidados post parto a los que tiene derecho.

La discusión constitucional sobre el aborto, por tanto, no es sobre moral, ni sobre ciencia, sino sobre respeto de la diversidad e igualdad de derechos.

 

@LGlzPlacencia

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.