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Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
Cienfuegos, la rana y el escorpión
Lo que el general Cienfuegos dice es: nos regresan al cuartel y se hacen cargo de los problemas civiles con instituciones y normas civiles, o instauran un régimen militar de excepción dentro de su régimen constitucional de derechos y se atienen a lo que resulte si somos nosotros quienes, como militares, se les resolvemos.
Por Luis González Placencia
13 de diciembre, 2016
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En una escena de The Crying Game (Neil Jordan 1992) Jody, interpretado por Forest Whitaker, cuenta a Stephen Rea, en el papel de Ferguson, la fábula de la rana y el escorpión, atribuida a Esopo. En ella, el escorpión pide a la rana que le ayude a cruzar el río. La rana se niega aduciendo que si lo hace, el escorpión la picará inyectándole su letal veneno. Ante esa respuesta, el escorpión responde que no lo hará, porque de hacerlo ambos morirían, ella por el veneno, y él ahogado en el río. Luego de discutirlo un tiempo y bajo la promesa del escorpión de que no la dañaría porque eso significaría su propia muerte, la rana accede a llevarlo en su espalda. A la mitad del río, el escorpión clava su aguijón en el cuerpo de la rana. Ella, sorprendida, lo increpa: ¿por qué lo hiciste? —pregunta decepcionada— ¡ahora moriremos los dos! Sin más, el escorpión responde: no pude evitarlo, es mi naturaleza.

La fábula ilustra el llamado del general secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, quien la semana pasada en fuertes declaraciones —como dirían los clásicos— hizo un reclamo al poder civil advirtiendo que de no regresar a los cuarteles, las fuerzas armadas requerían con urgencia de un “marco jurídico” que les permitiera realizar funciones de policía ordinaria.

Es como si el escorpión, ante la fuerte necesidad de cruzar el río y a sabiendas de que terminaría asesinando a la rana y muriendo él mismo, pidiera una ley que lo eximiera de responsabilidad dado que simplemente no le es posible renunciar a su naturaleza.

Y creo que el general tiene razón. Las fuerzas armadas poseen una naturaleza especial que les exige actuar, en situaciones de guerra, fuera del marco de las leyes civiles porque, en resumen, bajo las reglas de la guerra, el tema se reduce a matar, o morir a manos del enemigo. La disciplina es fundamental y no deja margen a la discrecionalidad, al grado que, según el código penal militar, se sanciona con más dureza la desobediencia que el hecho que ésta produce.

Nadie como el general Cienfuegos parece entender que la disyuntiva que enfrentan los soldados en las calles es la de faltar a la disciplina para no violar derechos humanos, o al revés, acatar las ordenes a riesgo de ser juzgados por jueces civiles y tribunales de derechos humanos. Así lo dijo en sus declaraciones.

También implicó que, ni para ser policía, ni para ser soldado, se improvisa. No estudiamos para ello, afirmó con énfasis; y dejó en claro la ignorancia de quien piensa que el común denominador del uso de las armas y la fuerza en ambas instituciones les hace intercambiables: éste no es un problema que se resuelva a balazos, sentenció.

Más claro, ni el agua, como suele decirse. Y sin embargo, tanto los empresarios como los legisladores y funcionarios insisten en no escucharlo. Lo que está pidiendo el general secretario es que se devuelva a las fuerzas armadas a los cuarteles, o que se les permita actuar como es su naturaleza en la lucha contra el crimen y no se les juzgue por violar derechos si, en el camino, uno de sus miembros tiene que elegir entre hacerlo u obedecer una orden superior.

No dice el general secretario que acatará las normas civiles y de hecho deja en claro que el instituto armado no está preparado para ello porque su naturaleza es la de la disciplina, el orden y la obediencia —un régimen completa y necesariamente heterónomo que no deja sitio a la autonomía, que es el principio fundamental de los derechos humanos.

Por eso, me parece, al general hay que leerlo como si estuviera haciendo una reductio ad absurdum: o nos regresan al cuartel y se hacen cargo de los problemas civiles con instituciones y normas civiles, o instauran un régimen militar de excepción dentro de su régimen constitucional de derechos y se atienen a lo que resulte si somos nosotros quienes, como militares, se les resolvemos.

El tema no termina ahí porque hoy sabemos que la exposición de las Fuerzas Armadas al crimen organizado ha sido igualmente condición para que éstas se corrompan, asunto del que también deberían estar al tanto quienes están por esa, ciertamente absurda, idea del “marco jurídico especial”.

En lo personal, me preocupa que otra vez gane el pragmatismo a la razón y que termine legislándose un pegote anticonstitucional —como se ha hecho antes, por ejemplo, con el arraigo— que legalice la violencia institucional. Hace ya tres lustros por lo menos que escuchamos que se están depurando, capacitando y renovando las policías y sin embargo, todavía no podemos confiar en ella. Se trata, señor comisionado, señores legisladores, señores empresarios, de salir de la crisis, no de profundizar en ella.

 

@LGlzPlacencia

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